Fante e Hijo, S.A.

Novela Se publica en España por vez primera Chump change, el debut del hijo de John Fante, Dan Fante. Aprovechamos para buscarle al escritor maldito de Los Ángeles unos cuantos hijos literarios más.

La primera norma del club de la lucha (literaria): Si tu padre es escritor, no le imites. Hacerlo sería una decisión profesional asaz desaconsejable que sólo puede terminar en lágrimas, decepción, críticas-con-motosierra y una magnífica cirrosis. En este sentido es lícito preguntarse si tras la voluntad de rellenar las profundas huellas literarias del progenitor no se ocultará un masoquismo incurable. Pues, históricamente, el porcentaje de hijos que alcanzaron el nivel narrativo de sus padres es ínfima: están los Waugh, los Amis y los Dumas; y pocos más. Por ello, el consejo que uno le daría a cualquier Hijo De Novelista es: haz lo que se te antoje, majo; pero, por lo que más quieras, no escribas. Las carcajadas van a escucharse desde Djabouti, y tu única recompensa va a ser una habitación acolchada en la clínica Betty Ford.

Por todo lo descrito nos sorprendimos agarrando el debut literario de Dan Fante con dos dedos, como si fuera un topo semiputrefacto incrustado en nuestro guardabarros. Y tamaña desconfianza no hizo más que subrayar la fiera belleza que resultó encerrar Chump change, y su facultad de convencer por sí misma, sin comparaciones con su padre, el novelista John Fante. Pero, ¿Cómo ha logrado Dan Fante salirse con la suya cuando tantos otros se dieron el costalazo? (oigo que me preguntan en timorato coro los fallidos aspirantes). Bien, la primera respuesta es: viviendo. Capeando una existencia trágica, terrible, itinerante, autodestructiva en grado sumo e infinitamente raconteurizable. Y luego transformando esa existencia en una literatura elástica y honesta, llena de vida y verdad, arrancada con violencia de la realidad más próxima.

Así, en lugar de quedarse en Los Ángeles y anclarse a la estela de su padre, Fante Jr. se declaró “poeta fallido” y encaminó sus pasos hacia un futuro repletito de castrante vergüenza y fracaso existencial. Fue taxista, limpiador de ventanas, vendedor puerta a puerta y telefónico, amargo adicto a la cocaína y el mam. A los 46 le llevaron maniatado a una reunión de Alcohólicos Anónimos, y su posterior sobriedad le permitió escribir este crudo debut. Una primera novela que originalmente rechazaron cuarenta editores norteamericanos y sólo se salvó de la ignominia gracias a su rápida publicación en Francia.

Chump change es el primer intento de confesión de Dan Fante, y la primera entrega de una trilogía que protagoniza su alter ego, Bruno Dante (el de John Fante era Arturo Bandini). Aquí, Dan relata su regreso a L.A. con ocasión del fallecimiento de su padre, y la espiral de degradación, pésimos empleos, prostitutas tartamudas, perros enfermos y vino dulce en la que se verá atrapado. John Fante, por cierto, emerge de la novela retratado como un egoísta, un borde inveterado y un padre espantoso; la novela, si así lo desean, puede leerse con la óptica morbosa que uno aplicó al Dream Catcher (de la hija de J.D. Salinger) o el You can’t catch death (de la hija de Richard Brautigan).

Pero esa mirada es, en realidad, periférica. Chump change exuda una salvaje sinceridad, un chocante esto-que-veis-aquí-es-lo-que-soy que sólo puede llegar a buen puerto haciendo uso de un talento sólido. En este sentido, Dan Fante se asemeja a Harry Crews o Hubert Selby Jr. (o a su propio progenitor) en cuanto a carecer por completo de miedo narrativo. El Bruno Dante que vamos a conocer es un tipo patético, egoísta, algo repulsivo e incapaz, pero al menos no es un pusilánime, un fariseo o un lameculos. Es un hombre relatando sus onerosas andanzas con las manos desnudas y el corazón sobre ellas. No hay triquiñuelas de prestidigitador en Chump change: Bruno Dante es lo que es, y muy poca gente se atreve a mirarse así a los ojos. Como cuando relata un arrebato de escritura que le sobreviene en plena curda: “El resultado fue un palabrerío lleno de pretensión y egolatría. Tenía poco de poesía, era peor que la peor bazofia de Ferlinghetti: afectada, pomposa, delirante… las bobadas y necedades de un colgado. Aquello me confirmó que yo era un farsante, un patético impostor, y desde luego no un poeta”.

La ironía de todo esto es que, por muy gusano que fuera Dan en alguna de sus previas encarnaciones, la vida le otorgó suficiente genio como para dejar de serlo. Y por ello sus palabras bravas, limpias, honestas y terribles saltan del texto a pecho descubierto, llenas de pasión y lástima y gozo por estar vivo (a pesar de las perrerías del destino). Y se tornan, en su desnudez, conmovedoras e inolvidables. Chump change es un auténtico triunfo de la verdad, la valentía, la emoción y la pureza de intención sobre la afectación y la pomposidad; y por todo ello merece que la lean.

Chump change

Dan Fante

Sajalín editores

231 págs.

Fante Nuestro: 4 hijos de Bandini

Charles Bukowski: El Heredero. Para él, “Fante era Dios”. Le añadió mucho más morapio a la ecuación, pero en general siempre fue Fanteano. Un gran hombre, aunque también culpable (a su pesar) de mucha de la narrativa y poesía malditista sub-Bukowskiana que nos hemos tenido que tragar desde los 90’s.

Guillermo Fadanelli: El Fante mexicano. Siempre ha mentado a Fante como luz y guía, y su relación con el DF es similar a la que aquel tuvo con L.A. Todas sus novelas y relatos cortos son altamente Fanteístas, especialmente La otra cara de Rock Hudson (Anagrama, 1997). Su trabajo más reciente, Hotel DF (Random House Mondadori, 2011), trasciende en ambición las cercas de Fante, pero su lenguaje continúa siendo Bandini-esco, el personaje principal (Frank Henestrosa) es un alter ego de Fadanelli, y el DF borbotea en cada página. Todo puro Fante.

Billy Childish: El artista más honesto del mundo y faro espiritual punk-rocker es también un conocido Fante-lover. Su My fault está tan lleno de bravatas, rabia y empatía como los libros del angelino. Childish afirmó: “Leyéndole, una gran oleada de humanidad brotó de mí, llenándome el pecho (…) Creo que lo que hace grande a un escritor es su bravura y, finalmente, la falta de amargura que expresa. El poder de su amor e integridad llenan los libros de Fante y elevarán el corazón de cualquier pobre chico que deambule por el mundo creyendo que está solo”.

Patrick deWitt: Más Bukowski que Fante, pero áun así. Su genial Abluciones (Libros del Silencio, 2010) comparte con Fante la confesionalidad, la férrea candidez, la desesperación, el humor amargo y una voz transparente, dura y dulce a la vez. Muy recomendable.

Kiko Amat

(Artículo publicado previamente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 23 de marzo del 2011)


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