Tener y no tener
A touch of class La Filmoteca de Catalunya se asocia con el British Film Institute (en su 75º aniversario) para trazar una línea de filmes centrados en el sistema de clases inglés y sus oprobiosos desajustes
Nadie es inocente, y los ingleses menos. Es innegable que la Gran Bretaña es culpable de numerosos crímenes contra la humanidad: Sudán, India, la Thatcher, la hambruna irlandesa de 1845, Bloody Sunday y Radiohead, por nombrar solo un puñado de atrocidades inexcusables. Lo singular del país no es, como algunos desearíamos creer, la completa ausencia de basura y barbarie, sino cómo se las combate. Las razones de esto son múltiples y debatibles (larga tradición democrática, testarudez racial…) pero los resultados caen por su propio peso: la Gran Bretaña exhibe una titánica capacidad para afrontar su cara más fea. Y eso sí es algo de lo que carecemos en nuestro país, por desgracia. Se antoja imposible imaginar un equivalente español de Spitting Image, una serie de TV que pintaba a la monarquía como una pandilla de borrachines psicóticos, incapaces y desalmados. Admitámoslo, mal que nos pese: en nuestra casa, La escopeta nacional es la rareza, no lo habitual. Y nuestra idea de mordaz sátira política es Polònia.
A touch of class es un nuevo ciclo que la Filmoteca de Catalunya presentará el día 13 de junio en asociación con el British Film Institute (que cumple 75 años) y viene a demostrar de nuevo cómo los británicos airean en público sus calzones más mugrientos y deshilachados. En este caso, el ciclo versa sobre el peor trocito de la Albión: su blindado sistema de clases. A touch of class, que ofrecerá la friolera de 29 largometrajes hasta el 17 de Julio, utiliza todos los colores de la paleta para detallar los pormenores de ese mezquino sistema. Aunque en realidad no es un sistema como tal: se trata simplemente de asegurarse que uno nace en el sitio adecuado (nobleza o aristocracia) y que va a los colegios correctos (Oxbridge o Eton), y en caso de que esto no fuera posible, aprender rapidito a cerrar la boca y seguir cavando zanjas. Pero, ya dijimos, a los ingleses que “no tienen” (los Have Nots) les cuesta lo suyo no echar pestes de los que “sí tienen” (los Haves), y A touch of class es la materialización fílmica de ese tradicional hartazgo.
Lo novedoso y atractivo del ciclo es que no se limita a la perspectiva de social realism y “cine de fregadero” de los 50 y 60, sino que extiende su mirada a películas sobre la clase pudiente. Por supuesto, tratándose de Inglaterra, la imagen que se da de esa clase social es de todo menos heroica, y raramente se les pinta de forma atrayente o humana. No, si hemos de juzgar en base a su representación fílmica, son todos unas ratas frívolas y mezquinas. En Gosford Park (2001) de Robert Altman (vean despiece), los personajes positivos en la “parte de arriba” de la mansión brillan por su ausencia. La dirigió un americano -es cierto- pero ojo: el guión era de un noble inglés, Julian Fellowes; lo que demuestra que incluso algunos “Haves” poseen el don natural de la autocrítica antropófaga. Y qué puedo decirles de una de mis películas favoritas, Vuit sentències de mort (Robert Hamer, 1949; vean despiece): el epítome del estudio Ealing es una divertidísima, pero no por ello menos encarnizada, crítica al bandidaje-con-títulos inglés y su incapacidad congénita para simpatizar con el resto de humanos. Y es de 1949, queridos lectores. El mismo año que en España se estrenaba Currito de la Cruz.
Asimismo, cuando el ciclo sí examina la vida de la clase obrera inglesa lo hace desenterrando sus más primigenias expresiones de protesta. Gracias a esta perspectiva podremos disfrutar de obras como Amor en la misèria (Love on the dole, John Baxter, 1941), adaptación de la estupenda novela homónima de Walter Greenwood. Love on the dole es vital por tratarse del primer largometraje inglés en que pudieron escucharse los acentos originales –de clase obrera y regionales- de los protagonistas. Hasta entonces, siempre eran actores de ilustre linaje los que hacían de proles (estilo Dick Van Dyke en Mary Poppins, quizás el cockney menos convincente de la historia; como si Jaime de Mora y Aragón hubiese hecho de El Vaquilla) con el consiguiente efecto humorístico (a su pesar) y el poco éxito de público. La comisaria del ciclo, Josephine Botting, aduce que esa es la razón por la cual durante la posguerra la población solo iba a ver películas de Hollywood; allí, al menos, la gente hablaba normal, y se presentaba una sociedad (al menos en apariencia) sin clases. Otros trabajos similares que ofrecerá el ciclo son Milions com nosaltres (Frank Launder, 1943) y Els diumenges sempre plou (1947, también de John Baxter), ambas ambientadas en lugares donde cada día es silencioso y gris, que diría Morrissey.
Si a todo lo mencionado le añadimos la presencia de los habituales hits de la nueva ola sixties inglesa (La soledat del corredor de fons, Un lugar en la cumbre, If…, etc.), de filmes muy populares en la Gran Bretaña pero poco conocidos aquí (caso del brillante Estic bé, Jack, de los Boulting Brothers, de 1959), de unos cuantos Stephen Frears (Mi hermosa lavanderia y The Queen) y –cómo no- Ken Loach (La cuadrilla, del 2001, pero también la mítica Kes, de 1969), de algún ejemplo curioso de exploitation beat con moralina (Noia Beat, de 1960, con el lechuguino Adam Faith y la muy mollar –y glacial- Shirley Anne Field; ¡y banda sonora de John Barry!) y de dos de los mejores filmes modernos sobre lumpen británico (Fish Tank y Neds; ver despiece), no queda más que concluir que este es uno de los más completos ciclos de la temporada, y un auténtico sueño para anglófilos y simpatizantes. ¡Vayan!
Un Top 5 personal
1) Gosford Park (Robert Altman, 2001): Cómo se nota que el guionista Julian Fellowes nació en el ecosistema ricacho inglés. Sólo alguien familiarizado hasta en el más mínimo detalle con las acaudaladas momias nacionales podía haber plasmado de una forma tan íntima y terrible su comportamiento y atrofia emocional. Hay una escena en que un invitado americano se ofrece a pagar por la llamada internacional que ha realizado, y la mirada que le dedica Kristin Scott-Thomas… Esa mirada dice más que seis horas de explicación dinástica. Oh, y la mitad de la película es puro Wodehouse (con Stephen Fry en el papel del arquetípico comisario torpón).
2) Neds (Peter Mullan, 2010): A veces, uno necesita escuchar una nota afinada para reparar en su propia desafinación. Y a veces, uno tiene que ver una película perfecta para caer en dónde rechinaba un filme anterior. Neds es todo lo que This is England de Shane Meadows pudo ser y no fue. Sin escenitas de videoclip MTV, ni clichés de telenovela: solo vida pandillera en el Glasgow de los 70, en toda su dureza y esplendor. Los protagonistas son bootboys y skins, y suena glam-rock todo el rato, pero eso es lo de menos. Un filme crucial.
3) Vuit sentències de mort (Robert Hamer, 1949): Ya no se hacen películas como ésta. Narra la historia de Louie Mazzini, un hombre que decide –por despecho- podar todas las ramas vivientes de su árbol genealógico para heredar el ducado de Chalfont. O sea, que tiene que mandar al otro barrio a los ocho nobles D’ascoyne que aún respiran (los ocho son representados por Alec Guiness, cambiando más de atuendo que Sherlock Holmes). A primera vista parece una comedieta negra, pero es pura y no adulterada class war. Hoy en día la prohibirían.
4) If… (Lindsay Anderson, 1968): Una encendida denuncia de la universidad privada inglesa, con Malcolm McDowell en un papel de rebelde burlón que sublimaría en La naranja mecánica. Incluye unas cuantas escenas surrealistas, pero no se lo tengan en cuenta. El resto es santísima justicia poética y leña al profesorado abusón.
5) Bronco bullfrog (Barney Pratt-Mills, 1969): Una rareza, y quizás el único skinhead film de la historia. ¿El motivo? No se trata del guión, una simple historia de kitchen sink de segunda división, sino de los actores: un grupo de teatro del East End formado por adolescentes con botas que, básicamente, se representan a sí mismos. No es sublime, de acuerdo, pero sí honesta y pura hasta el paroxismo.
(Artículo publicado previamente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 15 de junio del 2011. Las imágenes incluidas aquí pertenecern a Gosford Park, Vuit sentències de mort y Neds)


