The Wave Pictures: pop de letras

Con la excusa de Beer in the breakers (Acuarela, 2011), el último LP de The Wave Pictures, sometemos a David Tattersall a una charla heterogénea sobre esto, aquello y lo de más allá. Prepárense a leer sobre anti-Dylanología, Jarvis Cocker, John Lee Hooker, WH Auden, fans desesperantes, esfuerzo vs. inspiración y el truco para escribir borracho.

Los últimos diez años están siendo harto crueles para el oficio de compositor de canciones, y resulta imposible no deducir que algunas letras modernas fueron garabateadas por el autor en el dorso de una caja de condones justo antes de zambullir su cetro del amor en alguna groupie enajenada. Quiero decir: aunque el pop sea pop, aunque siempre se haya basado en el mensaje escueto y la rima curiosa, aunque una de sus cimas sea el “Da doo ron ron” (que apareaba “still” con “Bill”), aunque nadie dijo que aquí tuviese que musicarse el Ulises de Joyce: ¿Qué tal si nos aplicamos un poquitín?

David Tattersall es alguien que se toma muy en serio lo de juntar palabras y ponerles acordes. Su grupo, The Wave Pictures, lleva trece años tejiendo pop inglés de rimado inusual, profundidad oceánica y, asimismo, apabullante frescura. Tattersall, con su aniñada cara de bootboy 1973, su don para contar historias y su habilidad para la abstracción contenida, la metáfora a traición y el uso responsable de los verbos, acarrea en sus hombros el peso de la gran tradición del songbook anglosajón. Quizás no sea aún Smokey, Webb o Mercer, pero créanme si les digo que aquí tenemos un firme aspirante al trono vacante de gran letrista del pop. Y encima es simpático.

Los rasgos distintivos de The Wave Pictures son: 1) el timbre semi-tirolés que usas al cantar, 2) las letras inusuales y 3) el ritmo Modern Lovers. Empecemos por el yoreleriuuu de tu voz. ¿Es forzado, como el de Kevin Rowland, o natural?

No es nada forzado. Mi voz realmente suena así. Cuando era adolescente me enseñé a cantar grabándome a mí mismo (porque, naturalmente, cuando cantas no puedes escucharte), y la voz que nació resultó tan natural para mí como tocar la guitarra. Desde luego no es forzada como la de Kevin Rowland.

Tus letras son, en mi opinión, donde reside la chicha del grupo. Mucha gente puede replicar un ritmo gozoso, pero muy poca puede erigir una letra interesante y condensarla en tres minutos.

Muchos músicos no exploran lo suficiente el vasto potencial de una letra. La mayoría de canciones y letras que escuchamos hoy son una completa pérdida de tiempo. Pero en el pasado han existido grandes letristas; podría nombrar a miles de ellos: la lírica increíblemente hermosa de la música country, Townes Van Zandt, Hank Williams; el blues, letras como las de John Lee Hooker suenan espontáneas, casi improvisadas en el estudio, pero llenas de detalles que delatan su realismo. Dylan y Lou Reed, claro. Reed dejó bien claro que las posibilidades de una letra son ilimitadas. Lo que hago a la hora de escribir es tratar de evitar el cliché.

Como en La guerra contra el cliché de Martin Amis.

Bueno, ese libro tuvo en mí una influencia enorme. También me comparan mucho a Morrissey, supongo que es inevitable cuando eres inglés y, encima, leído. Y, como apuntabas, el estilo de Tamla Motown, Billie Holliday…

Yo a Dylan le tengo un poco de tirria, por culpa de los Dylanólogos y todos los escritores ladrillo que le besan el trasero. Representa que Dylan sí es cultura, mientras que el “Wolly Bully” (por ejemplo) es una bagatela teen para retrasados mentales.

Muchos de sus fans tenemos el mismo problema. La forma en que los críticos musicales le tratan es extremadamente irritante. Me disgusta la forma en que se le eleva. Han hecho los mismo con los Beatles. Creo que es pernicioso cuando se intenta canonizar el arte popular, sea folk o hip hop. La gracia de toda esta música popular es que venía de una larga tradición artística, y sacaba inspiración de un rico pozo de influencias y de una comunidad. Dylan sabe –y ha afirmado en más de una ocasión- que él tan solo es un eslabón más de esa cadena de música popular. Dicho esto, existen muy pocos artistas de los que puedas hacer un Top 10 de mejores álbumes y tengas que dejar discos excelentes fuera; con la mayoría no podrías ni llenar el 10. Oh, una cosa más: odio “Like a rolling stone”.

¿Hay influencias literarias en tus letras? Lo digo porque algunas de tus canciones me recuerdan al trabajo de los poetas The Mersey Sound, de Liverpool: Brian Patten, Roger McGough y sobre todo Adrien Henri.

A Patten y McGough solo los conozco porque se harían muy famosos escribiendo libros infantiles, y la mayoría de niños ingleses teníamos algún cuento suyo. Pero no conozco su poesía. En realidad sí me influencian muchos escritores: Elmore Leonard, Raymond Chandler, John Updike, Raymond Carver, Charles Bukowski (su poesía, especialmente, es una poderosa influencia en Beer in the breakers), Dylan Thomas, los poetas beat (más su espíritu que su prosa, la verdad)… Pero nunca he querido ser escritor; la literatura es una disciplina ajena a mí. Me considero esencialmente guitarrista, aunque luego me resulta imposible no intentar elevar un pedazo de letra cuando trabajo en ella. Sigue resultándome chocante cuando la gente me pregunta sobre las letras, quizás porque niego conscientemente la posibilidad de que esté creando “gran arte” con ellas. Sería arrogante compararlas a grandes obras de la literatura. Aunque con esto sucede lo mismo que decíamos respecto a Dylan: puesto que ser letrista es una disciplina considerada menor, cuando aparece un letrista excepcional –como Townes Van Zandt- de repente se le llama “poeta”. Desde que escribió Crónicas, Dylan es también un “escritor”. Pero no lo es: es un pésimo escritor, y un excelente letrista.

Me ha sorprendido tu afirmación sobre ser un guitarrista. Yo imaginaba el proceso de composición de The Wave Pictures como el perfecto opuesto: primero aparecía una letra, y entonces le pegábais un ritmo y una melodía, casi como un añadido de última hora.

Intento que las letras conserven la máxima sencillez posible, pero incluso eso es una decisión musical, efectuada en un contexto musical. Soy músico, no escritor. Me gusta la simplicidad con letras de gran contenido, como la Velvet Underground. John Lee Hooker es un gran músico, pero existen muchas formas de demostrar esa maestría: la suya no es al estilo Coltrane o música clásica, sino haciendo uso de la contención y la simplicidad. Me desagradan intensamente los arreglos complicados, las grandes producciones y la falsa aureola de “música interesante” y compleja. Me gusta crear una canción simple y cantarla con una voz que sea sincera. Es imposible ser fan de Lou Reed y no aceptar esta simplicidad como precepto innegociable.

Permíteme que te lea un fragmento de Tunesmith, el libro de Jimmy Webb sobre el arte de hacer canciones: “Los autores de canciones suelen ser seres solitarios (…) Incluso los más locuaces y sociales, lo que hacen es erigir una cortina de humo para ocultar el hecho de que una inmensa parte de sus vidas transcurre en estado de autocontemplación. Es un negocio narcisista y a jornada completa, esta constante evaluación del estado emocional de uno, la sensación de estar observando tu propia alegría y pena desde la distancia”.

Jimmy Webb tiene razón, y encima lo describe muy bien.  Dicho esto, creo que siempre he sido así. Ya era un chico solitario antes de empezar a componer canciones. Siempre preferí tener unos pocos amigos de veras y que el resto de la gente me dejara en paz. Asimismo, tengo amigos en todo el mundo y vivo con mi novia: no puedes definirte como “solitario” si vives con una mujer. Pero a la vez, me gusta estar solo con mis pensamientos. Lo de hacer canciones es una faena, y la verdad es que lo óptimo es hacerlo en soledad, pero también puedo hacerlo con gente alrededor.

Bueno, es un trabajo, una artesanía, ¿no? Algo que hay que perfeccionar, y que requiere un gran esfuerzo. Alguna gente se cree que esto es siempre como el “That’s entertainment” de los Jam, escrito por Weller en diez minutos cuando volvía medio beodo del pub.

(Risas) No creo en la inspiración. Nunca la he sentido, nunca se me ha aparecido de ese modo. Lo que hago es estar registrando continuamente, pensando en canciones todo el tiempo, tomando notas, y ese proceso ocasionalmente puede desembocar en que un día escribas una canción en diez minutos al volver del pub (ríe otra vez). Pero no es magia; hay una disciplina y un trabajo detrás. Siempre estoy pensando en componer canciones, y escribo mucho más de lo que publico.

Siempre he pensando que aprender a escribir es aprender a desechar la porquería que produces, y no pasarla por buena. Y trabajar.

Cierto. Aunque no pueda compararse al esfuerzo de ensamblaje que requiere una novela, la composición de canciones es un trabajo. Los críticos siempre tratan de presentar el proceso de creación como algo mucho más mágico de lo que realmente es. Pero lo que es mágico es la música, no el proceso. El proceso es oficio. La frase “no escribí la canción, me vino” es una completa necedad. La magia está en la cosa terminada, no desciende del cielo ni mierda así. Si escribo diez canciones, tres van a ser muy buenas, y las otras no; sobre eso sí que no tengo ningún control.

Un músico amigo mío, Felipe, dijo el otro día que todo autor tiene solo cinco canciones decentes, y que lo que hace es irlas reescribiendo constantemente. “Little surprise”, de tu último disco, se parece lo suyo a “I love you like a madman”.

Es posible que sea así. Hay algunas combinaciones de acordes que me gustan, y que utilizo una y otra vez. Pero no creo que sean solo cinco canciones. Y aunque fuese así, no me preocuparía. Podría escribir 10.000 canciones con la misma melodía que “Little surprise”. Y lo haré.

Ese es un poco el acercamiento tradicional del folk/blues, ¿no? El rechazo a la originalidad por la cara, y la defensa de la intertextualidad, y las canciones que evocan a canciones pretéritas.

Me gustan las canciones que puedes cambiar y reescribir. Mis canciones son cartas a un amigo, no son concertos, ni sinfonías perfectas, o creaciones inmutables. Me gusta la idea de que una canción es una pequeña nota de un momento, arrancada de un pedazo de vida. Slow Club tienen una canción muy buena llamada “A pair of apples” (en realidad es “Apples and pairs”, ed.), y un día les dije que podrían seguir con “A pair of bananas”. Me miraron como si estuviese loco, y desde luego nadie necesita un “A pair of bananas”; pero esa es la forma en que me gusta ser creativo. Ni grandes declaraciones, ni conceptos trabajados durante años.

Todo esto me lleva a pensar que vuestro seguimiento en España aumenta día a día. Siendo como sois un grupo que basa gran parte de su encanto en las letras (al contrario que, por ejemplo, Clinic), ¿Os asusta no ser comprendidos en países no angloparlantes?

(Se monda) En absoluto. Jamás hubiese pensado en ello; no es algo que consideraría a priori. No necesito comprender toda la música que me gusta escuchar. A Clinic no les escucho (vuelve a reír), pero no es porque no me gusten las letras, si no porque me parece un grupo basado únicamente en el estilo o la imagen, sin ninguna expresión que venga del núcleo. Pero escucho mucha música africana, cantada en lenguas que jamás entenderé. También gente como Antony Santos (popular músico de bachata de la República Dominicana, ed.). La gente en nuestros shows aprecia los acordes, o el ritmo, y es suficiente. Si algo me preocupa de veras es el poco caso que se nos hace en Inglaterra.

Y sin embargo, no entender la letra suele utilizarse en países anglosajones como excusa para no prestar atención a formas o disciplinas de raigambre no inglesa.

No comprendo esa obsesión con el significado. WH Auden dijo que el lector nunca entiende un poema en el sentido en que fue concebido por el autor. Darren Hayman (de Hefner) siempre dice que la gente nunca entiende el arte del modo en que se suponía que tenía que ser entendido. Y no pasa nada. Jonny (Helm, batería de The Wave Pictures) y yo estábamos hablando un día de Coltrane, de cómo cierto disco suyo emanaba gozo y espontaneidad, y entonces leímos las letras y las notas de portada y vimos que era un disco sombrío, y muy retorcido.

Pero eso es irritante, ¿no? Como cuando la gente te pide siempre el hit que odias, o cuando el público alaba la parte de tu trabajo que menos te importa, y a la que dedicaste menos tiempo.

Es irritante, sí. Una noche tocamos en Londres y al terminar nos tocaba pinchar discos. Pusimos cosas que nos encantan: Little Richard, Hendrix… En un rato el dueño del club nos echó de la cabina porque dijo que había recibido un auténtico record de quejas por la música, porque “no se podía bailar”. Me sentó muy mal. De hecho, estando en un grupo te topas diariamente con cosas que pueden sentarte mal.

Pues permíteme que te diga algo que va a sentarte mal. Cito textualmente de The Guardian: “The Wave Pictures son como si Jarvis Cocker cantara con los Modern Lovers”.

(Ríe) Eso es una gilipollez. No me parezco en nada a Jarvis Cocker. Y respecto a los hits, ahora que me lo recuerdas, son lo peor de tocar en directo. Siempre hay alguien que, después de un show que considerabas excelente, viene a quejarse de que no has tocado aquella canción. Eso me desespera. ¿Que esperan, que toquemos todas las canciones de nuestro repertorio?

En algunas críticas al álbum ya he podido leer la familiar homilía: “contiene menos hits que X o Y”.

Estamos en lo mismo. En cuanto al álbum completo, nunca habíamos quedado tan satisfechos como con Beer in the breakers. Instant Coffee baby, que es el que todo el mundo cita como contenedor de “hits”, no es un disco que consideremos perfecto. Es importante recordarle el mundo que estamos en esto para pasarlo bien, no para satisfacer las expectativas de nadie. En resumidas cuentas, se trata de si una canción les gusta a Jonny y Franic (bajo). Y ambos estaban bien contentos con nuestro último disco.

Tu relación con el resto del trío me obliga a preguntarte si riges la banda con un totalitario guante de acero, o  por el contrario el sistema de The Wave Pictures se basa en la democracia.

No soy nada dictatorial. Los tres miembros del grupo somos de talante negociador y fácil. Nadie trata de imponer sus opiniones y, asimismo, las opiniones de los no-compositores respecto a las canciones, discos, setlist, arte de portada, etcétera, son tan importantes como la mía. Además, todo el dinero que recaudamos lo dividimos en partes iguales, y se deciden democráticamente los conciertos que vamos a dar.

Bueno, hay bandas en que el zapatazo en la mesa y el “aquí mando yo” parece esencial para producir pop decente. Mira lo que pasó con Belle & Sebastian el día en que Stuart Murdoch inauguró su perestroika compositiva: desastre total y discos cada vez más mediocres.

(Ríe) Sí, tienes razón. Sin embargo, nuestra situación es distinta a la de Belle & Sebastian. En mi grupo nadie está interesado en componer, así que su papel se centra en participar en la creación y sugerir ideas. En Belle & Sebastian habían cuatro compositores en ciernes, y todos querían incrementar su participación en el cancionero, y que se les hiciese caso. The Wave Pictures tenemos una relación de trabajo igualitaria, nada competitiva.

El entorno en que crecieron algunos grupos es fundamental para entenderles, mientras que otras bandas no parecen estar afectadas en absoluto por su medio ambiente. ¿Qué papel juega vuestro pequeño Wyneswold natal en la gestación y concepto del grupo?

Es difícil decirlo, porque solo tienes una vida y comparar es un acto de imaginación. Viví allí hasta los veinte, un largo periodo de tiempo. Me encantaban los discos y los libros, y tomaba de un amplio espectro de géneros y artistas porque no conocía ninguna constricción basada en estilos o modas. Más que Wyneswold en concreto, sí creo que ser chicos de pueblo jugó un cierto papel, por el aislamiento y el universo que creas a partir de este. Nos interesaban discos de 1968 que no le gustaban a nadie más. Si llegamos a crecer en una gran urbe, quizás nos habrían influenciado más los vaivenes de la moda, o las revistas musicales. O quizás habríamos salido igual, quién sabe.

¿Sois el orgullo de Wyneswold, como XTC son el orgullo de Swindon?

No creo. Nuestra relación no es muy sólida. Pero, como te decía, nuestra perpetua desconfianza hacia los grupos que solo piensan en cómo visten y todo eso quizás venga de haber nacido aquí. Conservamos una inocencia que viene de haber crecido en el campo.

La basura más hermosa

Es cierto: los desechos de David Tattersall podrían ser los hits de muchos mindundis. Tattersall es un hábil manipulador de vocablos, y sus letras realizan una intrigante y afilada reflexión sobre la condición humana. Lo que él hace -por mucho que lo niegue- no es particularmente sencillo ni copiable, y poca gente posee su instinto para la metáfora imperecedera (“Soy un jugador de tenis que juega a ambos lados de la red”) o esa abstracción lúdica, no-pomposa, que suena a juego de niños, como si Tattersall fuese un Syd Barrett de parvulario: “Una escultura es una escultura / La mermelada es mermelada / Una escultura de mermelada es una escultura / pero no es mermelada”. En mi opinión, su estilo recuerda en ocasiones al Wreckless Eric más peatonal y cotidiano, y los juegos de palabras afinados remiten a Marty Donald, de The Lucksmiths; con una voz similar a la de Vic Godard cuando le daba el vahido tirolés. Como los mejores grupos (Jam, Beatles, Kinks), The Wave Pictures no se contentan con incrustar cualquier mojón en sus caras B. I thought of you again: outtakes and alternative versions demuestra que incluso las segundonas son composiciones de gran calidad, y que harían el papel de éxitos en álbumes ajenos. Vean nomás esa “Watching Charlie’s Angels”, un single del 2009 que había sido grabado en las sesiones del Susan rode the Cyclone (2010). Si no entró en el LP fue porque el grupo –suponemos- gusta de conservar temazos para sus sencillos. Sólo así se entiende que este tenso rompepistas, repleto de coros beodos, palmas y un piano Madness no oficiara de cénit de álbum. O el tropicalismo natural y feliz, vagamente Weekend, de la inédita “Hear the ferries mooring”, grabada en las sesiones del reciente Beer in the breakers. O la incomprensiblemente inédita “God bless the Reverend Gary Davis”, una de las mejores canciones de toda su carrera, llena de parones con sentimiento y angustia dichosa a lo Jonathan Richman. Y así, hasta las trece canciones. Ya les gustaría a muchos grupos que sus desperdicios lucieran así.

Kiko Amat

(Entrevista publicada originalmente en la revista Rockdelux #298, septiembre del 2011. Esta es una versión extendida con muchas más preguntas y respuestas que no pudieron encajarse en la versión impresa)

Archivos

10 NUEVAS ENTRADAS

1) PJ PROBY Enigma

2) MARCOS VALLE Marcos Valle

3) THE TWEEDS Music for Car Radios

4) LOS CANGUROS Un salto adelante (1986-1990)

5) THE SOFTIES The Softies

6) NATURAL FOUR Natural Four

7) THE CLAIM Boomy Tella

8) EL ÚLTIMO DE LA FILA A veces se enciende

9) CHRIS STAMEY It's Alright

10) BILL WITHERS Making music

Leer más

RICHARD PRICE

The Wanderers

Roja y Negra/RHM

LOS CANGUROS

Un salto adelante (1986-1990)

BCore, 2013