Mimado por el destino
Si nos ponemos a pensarlo, una de las decisiones más acertadas del 15M fue basar su estrategia en la desobediencia pacífica: su talante no violento dejó paralizada a la derecha ultramontana, siempre ansiosa de demonizar como “violenta” a cualquier forma de protesta callejera. Es innegable que el 15M conquistó la simpatía popular en parte gracias a la ausencia de papeleras al grill y sucursales bancarias desmenuzadas que dejó a su paso. Ni en los momentos más tensos y potencialmente dramáticos del movimiento se sacudió la firme intención general de no devolver la bofetada. Y esto sí que debió dar rabia, allá arriba.
Uno de los defensores de esta faceta del 15M es, como es bien sabido, el nonagenario Stéphane Hessel. Digo “defensor” en lugar de “inspirador”, pues su papel en el desarrollo del 15M y los puntos redactados fue más coincidencia que otra cosa. Desde el corazón del movimiento, su panfleto ¡Indignaos! se percibió como un tardoaliado benigno, producto –no obstante- de una campaña mediática de imposición cultural. Ya se sabe que cuando acontecen fenómenos complejos como el 15M, a la prensa le resulta cómodo hacer uso de libros/consignas/líderes de cariz simplificador. Hessel, como les sugería, es una de esas simplificaciones. Y podría haber sido mucho peor, claro.
La vida de Hessel, tras su asociación con el 15M, es ya del dominio público. Este diplomático y escritor franco-alemán fue militante de la Francia Libre durante la IIª Guerra Mundial y recluso de los campos de concentración de Buchenwald y Dora. También fue uno de los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, y se ha pasado la vida mediando en causas internacionales (Ruanda, Argelia, etc.). Pero esta parte de su periplo –la diplomática- no es ni de lejos lo más interesante que tiene que contarnos el decano autor.
Hessel se revela aquí como un humano sediento de vida que ha basado su existencia en la búsqueda de la felicidad a pesar de los contratiempos; según él, ser feliz a título personal “es la mayor contribución que uno puede hacer a la felicidad colectiva”. Hessel, que se define a sí mismo como “hombre de izquierdas, europeísta convencido, internacionalista militante”, persiguió esa dicha en algunos de los periodos más convulsos del siglo XX, lo que no es moco de pavo. Hay que admitir que sus primeros pasos fueron propicios: nacido en el seno de una familia artística de la burguesía decimonónica, su día a día infantil estaba salpicado por las vanguardias europeas del momento. Duchamp, Max Ernst, Le Corbusier, Man Ray, Breton y Picasso, entre otros, visitaron el apartamento Bauhaus que ocupaba su familia; para el niño Stéphane, como ven, la normalidad era jugar al escondite con medio dadá. El alcance de progresismo familiar queda aún más claro cuando leemos que sus padres fueron la inspiración del Jules et Jim de Jean-Pierre Roché. Más aún: que Roché era parte integrante del trío y, por tanto, co-padre de Héssel.
Ustedes dirán: menuda suerte. Pues de eso quería yo hablarles. Algunos de los fragmentos más simpáticos del libro son aquellos en que el autor confiesa ser un “favorito del destino” y detalla cómo la proverbial flor que lleva en el culo ha sido un factor determinante en su vida. Y uno, tras leer el sinfín de ocasiones en que escapó de una muerte segura (en los campos nazis, especialmente), no puede sino darle la razón. Sin embargo, no todo se explica mediante la fortuna: en un gesto de honrosa candidez, Hessel confiesa cómo, al ser sometido a torturas por la Gestapo, “habló mucho”. ¡Cuántos otros autobiógrafos hubiesen estado tentados de pintarse de forma más heroica en sus memorias! Pero esta honestidad le humaniza aún más, si cabe. Hessel tampoco ahorra severidad a la hora de juzgar a “aquel joven de los años 1940 a 1945, francés por elección, patriota por contexto, imprudente por su juventud, particularmente afortunado, (…) políglota, narcisista y egoísta”. Al final, concurra uno o no con su postura política e intención de voto (partido socialista), la moralidad, generosidad y buena intención del hombre se han ganado el corazón del lector página tras página.
Kiko Amat
Stéphane Hessel
Mi baile con el siglo
Destino / Columna
Trad. de Joan Riambau
351 págs.
(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 23 de noviembre del 2011)


