Lista del mes (enero del 2012): 10 de Me paso el día bailando
1) El palo nueva-ola: Aquel frenético vaivén semi ye-yé de José Feliciano con ataque de epilepsia que bailaban los mods de los ochenta, antes de que algún listo de Perpignan realizara en un Lloret-Barcelona los primeros pasos de northern soul. Pre-northern, el modo en que aquí se movía nuestro ritmo era algo así: pies juntos, cabeceo arrítmico de jurel fuera del agua, violento movimiento de caderas como de estarse aguantando el pipí, brazos semiabiertos y ocasional chasqueado de dedos. A ratos prorrumpiendo en un inapropiado ska, a ratos dibujando una espléndida “bestia de las dos espadas”, como una sobreexcitada go-gó de la era beat, en momentos extremos soltándose uno con un inesperado pogo empujador (en parka y sudadísimo, por descontado).
2) El ska: No era el slide sixties, ni el “tirando de la cuerda” con el que originalmente se danzaba el bluebeat, sino una especie de misterioso e inquietante trote atlético, rodillas muy arriba, que celebraba el pinchaje de los hits de la 2-Tone. El trote solía alternarse con el otro clásico del ska’79: el caminar Madness por toda la sala y en fila, como una conga egipcia de deficientes mentales.
3) El northern tierno (solo amateurs): En Barcelona lo introdujeron los scooter boys franceses, como es bien sabido en círculos de El Culto, pero mi primer avistamiento lo protagonizó el Sheriff, posteriormente cantante de Dr. Calypso. Sala Societé, año del señor 1988, si requieren más detalles históricos. No recuerdo qué sonaba, pero sí que en un momento dado el mencionado Sheriff empezó a bailar de un modo nunca visto aquí, culo muy apretado, como si se estuviese cagando, inusual nivel de flotación bailadora y rodillas en perpetua flexión, trazando círculos alrededor de sí mismo, girando también a ratos sobre su propio eje. Al principio creí que se había hecho daño, o tenía artritis, o se había vuelto loco de repente, pero al cabo de un par de pasos más impactó en mi cerebro la inconmensurable belleza de lo que estaba realizando. Allí murió para mí el baile nuevaola de gamba decapitada que había sido mi estilo hasta entonces, y el northern chapucerín tomó su lugar.
4) El northern avanzado (solo proficientes): Tengo que admitir que tanto darle al baile al final adquirí una cierta pericia en esto de danzar northern soul, si bien se trataba de lo de siempre; algo de gracia innata (no hace falta mucha, tampoco es El lago de los cisnes), cierto oído para el ritmo (no dar palmadas cuando no procede, vamos), práctica, más práctica y el visionado de un par de videos del Wigan Casino, otro de James Brown 1964 y uno más de Temptations. Y un montón de estimulantes, no me jodan. Oh, y también ojo para copiar pasos de otros en tiempo real. Tanto ensayé, en horas de trabajo, sobre alfombras de hoteles y en la moqueta de mi casa, que al final conseguí incluso semi-abrirme de piernas, un paso que hoy en día me llevaría directo a Urgencias del Clínic. De hecho casi lo hace, en una boda del año 2005 (ya altamente desentrenado) en que di un brinco, me lancé al suelo con las piernas abiertas y allí abajo permanecí, con un músculo glutear hecho fosfatina y la vergüenza más grande de la historia calcinando mis orejas. Un día les cuento la historia entera, que se van a tronchar.
5) La conga: Siempre ha habido una conga. La conga siempre ha estado allí, como una religión pagana de la que quedan vestigios y símbolos arquetípicos semienterrados por todas partes. Denle a la gente suficiente bebida y un par de alegrías y el ocasional revolcón y allí amanece: la conga del Salustio, arreando con todas sus fuerzas. Mi Top #1 de Conga Personal sucedió en la cena navideña de Reckless Records, 2001, en un restaurante ruso de The Angel con menú de vodkas, todos toditos empapuzados de licor siberiano y variopintas modalidades de éxtasis londinense. Y de repente, dieciséis hombres enajenados, una selección colorida, anarcopunks y fans del soulful house unidos por un ideal común, decidieron agarrarse de las cinturas y empezar a arrearle a la conga, con destino a la rúe. No les digo quién la encabezaba, aunque se lo podrían temer.
6) El twist: Lo lógico hubiese sido que el twist impregnara nuestros escenarios de batalla en los albores de la subcultura, junto al beat y lo ye-yé, pero en mi pueblo la ventolera twist nos dio en plena etapa hardcore (no sé si para desengrasar de todo aquel trumpa-trumpa o porque nos habíamos quedado medio sordos del nivel decibélico). Incluso llegamos a tener una cinta, favorita en fiestas, que era la Hardcore/Twist, un estilo por cara: ahora estábamos dando tumbos de gente con lesiones cerebrales al ritmo de Poison Idea o Gorilla Biscuits, ahora girábamos la TDK y aparecía Lita Torelló con algún twist escalofriante, y venga: todos a twistear de manera huracanada. Una dicotomía que me resulta incomprensible incluso hoy.
7) El breakdance: Relean Rompepistas para más detalles sobre los pasos y looks que estuvieron en boga durante mi final “breaker” (no existía la palabra B-Boy) de EGB, hacia 1983-4. Por fortuna, no se conservan fotos del periodo. Me hundirían.
8) El cangurito: No se trata de un baile popular, ni siquiera de un estilo secreto, pues solo tiene un practicante, mi amigo U, y solo se baila con una canción: “The tears of a clown”. ¿Los pasos? Cada vez que suena la flautita del inicio, el bailarín debe realizar tres saltos adelante, tres atrás, al ritmo del golpe de flauta: Pin-pin-PIN, Pipipi-pipi-PIN. Brazos flácidos sobre el pecho, simulando ser un marsupial australiano. Grácil y sexy no será, pero qué de risas, oigan.
9) El baile del elefante: Se lo describo ahora mismo, a riesgo de que no me crean. Algunos mods de la meseta central tenían, en los 80, un pequeño ritual. No recuerdo si estaba asociado a alguna canción o simplemente dependía tan solo de la cogorza general. Se trataba de a) ponerse en fila (solo hombres), b) dar la vuelta a los dos bolsillos laterales de la americana y dejarlos fuera, c) Sacar desenfadadamente el pene propio, y finalmente, d) agarrar con una mano la minga del tipo de delante, y con otra la del tipo de detrás. Una vez encadenados de manera pollil, desfilar por todo el bar, sonriéndole a la concurrencia y dando voces. Ciertamente, suena como la cosa más homosexual que se ha visto nunca, pero por aquel entonces este peculiar tipo de trenecito gaylord no se relacionaba en absoluto con el amor entre hombres. Cosas de los ochenta, supongo.
10) El Pollo Descabezado Shuffle: Para aprender cómo se baila El Pollo Descabezado Shuffle tendrán que esperar a que aparezca la cuarta novela de este desdichado escritor que les habla, Eres el mejor, Cienfuegos. No pierdan la paciencia, amigos.



