El atropello de Génova
Un estremecedor artículo del gran Rafael Poch sobre las black ops encubiertas de Génova, cuando el G-8 del año 2001. Un nuevo documental (La Cumbre, de Franco Fracassi y Mássimo Lauria) arroja nueva luz sobre la estrategia policial, el uso de agent provocateurs, el guión preestablecido que ya contemplaba “una muerte” y, en general, el intento de masacrar un movimiento de protesta civil mediante la tortura, la represión, el descrédito y la destrucción de pruebas. Oh: y el adecuado uso del viejo Black Bloc.
No digan: “podría haber sucedido aquí”. Digan: “aquí ya ha sucedido esto, y un montón de veces”. Los que hemos visto una y otra vez a secretas vestidos de “indepes” en las manifestaciones (cóctel Molotov en ristre) sabemos exactamente de qué va el tema. En Génova, simplemente, se perfeccionó el sistema hasta niveles terroríficos. “Lo que vimos se pareció mucho a los métodos de las dictaduras sudamericanas de los setenta”, como adujo el diputado alemán Hans-Christian Ströbele. El criminal asalto a la escuela Díaz es solo una sobrecogedora prueba de esto.
Aún no creemos haber leído lo siguiente en un periódico mayoritario: “Sería ingenuo pensar que toda la violencia contestataria es obra de provocadores. Cualquiera con una visión realista de la vida sabe que incluso en las mejores causas no hay carencia de personas impulsivas, de pocas luces, o ambas cosas a la vez. También es notorio lo fácil que es convertir en irritada y violenta a una multitud en principio pacífica. Esto no es una reflexión pedestre sobre “la violencia” de la que hablan los medios de comunicación. Aquí no se habla, por ejemplo, de la enorme violencia que supone una realidad social, llena de desempleo, de injusticias y de estafas sociales que ofenden a la dignidad ciudadana. Simplemente se constata lo anecdótico. A saber: que en una manifestación de 50.000 o 100.000 por una causa justa y clara, doscientas personas quemen tres contenedores, un vehículo y ataquen un cajero automático, es, por desgracia, absolutamente anecdótico, independientemente de que esa imagen sea portada en The New York Times o en cualquier otro medio con el objetivo de que “la violencia” haga perder de vista la esencia del asunto. Aun más, esa manipulación mediática forma parte de la violencia, porque es una mentira como lo son llamar “salvamento de Grecia” o “emisión del Banco Central Europeo” a la subvención continuada a la banca privada, mientras se obliga a la ciudadanía europea socialmente más desfavorecida a apretarse el cinturón”.
Lean hasta desfallecer. Se lo recomendamos especialmente a los ingenuos (o malintencionados) que insisten en negar la existencia de operaciones policiales encubiertas y vandalismo a sueldo para aplastar a los movimientos civiles.



