Disco del mes (junio 2012): SKIN-DEEP More Than Skin-Deep
More than Skin-Deep
Skank Records, 1988
La nostalgia prematura siempre es algo emocionante de contemplar. Es una aberración inspiradora: la melancolía por los años pasados, cuando aún están aquí, sentados a nuestra vera. Skin-Deep, en ese sentido, eran un triple monstruo: adolescentes melancólicos, skinheads y practicantes de un pop-con-armónica-y-vientos que estaba mucho más cerca de The Housemartins que de los Rejects o los 4 Skins.
Skin-Deep pertenecen a la tercera ola ska inglesa (después de la entrada del ska original en los 60’s y su adopción punk por la 2-Tone en 1979), la de mediados de los ochenta. Es esa una ola un tanto denostada, porque –es cierto- engendró a unos cuantos grupos y discos mediocres (Off The Shelf, el terrible Ska for ska’s sake, casi todos los grupos americanos exceptuando a The Toasters…). Pero, a la vez, también produjo un puñado de discos excelentes de grupos olvidados: The Loafers, The Burial, unas pocas de The Riffs (“Blind date”, en concreto), The Hotknives, The Braces (“Julie Julie”, súper-hit de toda la vida en Bendito Atraso) y, de manera preferente en esta casa, Skin-Deep. El grupo se formó en 1985 en Doncaster, y permaneció en activo solo tres años, disolviéndose en diciembre de 1988. En ese breve periodo de tiempo, la banda alcanzó a editar el excelente LP More than Skin-Deep, un artefacto pop 80’s altamente inusual que un fan del pop dudaría en adquirir, por culpa de ese inquietante logo Lonsdalesco (mil veces utilizado en el Oi! más gutural e insatisfecho) y por la abominable tira cómica del dorso.
Pero no: More than Skin-Deep está en las antípodas más antipódicas del Oi! (por mucho que el género nos guste lo suyo aquí). A excepción de la versión del “Come into my parlour” de The Bleechers, tampoco abunda el reggae o el ska como tal, si bien las guitarras escupen skank-skank de vez en cuando. Las coordenadas son plenamente pop: Housemartins baratos de cara B (piensen en “The mighty ship”), Jam y Madness, Redskins (sin el deje funk), northern soul chapuzas y algo de mod revival, incluso folk acústico envuelto en Harringtons. Una gran mayoría de canciones del álbum hablan de “aquellos días”, de cómo terminaron nuestros años de juventud, y mira que creíamos que iban a durar siempre, y ahora está todo perdido, perdido sin solución. Fútbol por la calle, durmiendo en comisaría, persiguiendo a chicas, dando lustre a las botas, cortándonos el pelo una y otra vez, haciendo novillos, condecorándonos con chapas. Su lírica, a pesar de las cabezas rapadas y las Martens de ocho agujeros, desprende una madurez y una sensibilidad muy poco común en el entorno skin. Skin-Deep son, por contradictorio que suene, skins meditabundos, pelados sensibles y muy, muy entrañables. La voz de Wayne Kenton es naíf, esforzada, temprana. Escuchando el álbum te dan ganas de abrazarle con fuerza, y frotarle el cráneo, y luego susurrarle Tranquilo, hombre, todo saldrá bien.
Por supuesto, no todo salió bien, especialmente para el notorio Mik Whitnall (guitarra), que después de una adolescencia como amoroso skin norteño, y después de haber engendrado las perlas de este álbum (además de una segunda parte con los elegantones y jamaicanescos The 100 Men), decidió mandar salud y legado a hacer gárgaras e ingresar en el nefasto grupo del igualmente nefasto Pete Doherty, Babyshambles. Solo podemos vaticinar qué debe sentir Whitnall, entre entrada y salida de centro de desintoxicación y onerosa foro de portada en el News of the World, al escuchar aquellos evocativos hits de su infancia. Las hermosas y prematuras “All the fun”, “Our own way”, “I won’t be fooled” (100% The people who grinned themselves to death), “More than Skin-Deep”, con todas esas trompetas juveniles, el intenso instrumental “Baddies boogie” (que, ¡oh ironía!, Pete Doherty recuperó catastróficamente para su espantoso grupo) o la Billy Bragg-esca “The Sycamores”, quizás la canción más extraña jamás grabada por un grupo skinhead: guitarra casi acústica, miradas afligidas, timidez e inseguridad, y un tono general que recuerda a los Smiths, o los Jam del “Fly”. Folk con bombers y una lectura política similar a la de “The Eton Rifles”: esos chavales de barrio pijo y universidad privada (The Sycamores era una zona residencial para familias adineradas de Doncaster) son los que nos van a llevar al horror nuclear. ¿Quién dijo que los skinheads no podían ponerse profundos (a su manera)?
Como pueden imaginar, More than Skin-Deep fue ignorado de forma unánime por toda la prensa musical del Reino Unido. O sea: es que ni salió comentado (a los Cockney Rejects al menos sí los sacaban, aunque solo fuese para insultarles). Y es que a los periodistas musicales nunca les han hecho demasiada gracia los pelados, quizás porque uno no puede citar a Mallarmé o Guattari al hacer crítica de sus discos. Pero no sufran: Bendito Atraso se complace una vez más en corregir el acostumbrado desvío intelectual de la prensa mayoritaria presentándoles aquí el mejor disco grabado por un grupo de skins adolescentes. Como pronto comprobarán, es una frágil y memorable maravilla. Kiko Amat



