Some product #3: más críticas de discos y libros

ARIES

Magia bruta

BCore

Isabel Fernández de Reviriego posee un raro talento. Raro por lo excepcional, pero también por la manera en que se manifiesta. Ningún otro músico español suena como ella. Isabel, que ya había firmado dos grandes discos de psych-pop tribal liderando a Charades, regresa en solitario con seudónimo astrológico: Aries. En esencia, su estilo sigue siendo el mismo que en Charades: una especie de mezcla maravillosa e imposible de folk-pop caleidoscópico californiano con guitarra Rickenbacker, coros a lo American Spring, electrónica casera y ritmos galopantes (de vago aire dub) al estilo Slits o Au Pairs. Isabel continúa en pos del hit, y si en su anterior álbum –aún en Charades- firmó himnos como “En las batallas” o “Revolución solar”, aquí su genio extraño y atropellado rimar –recuerda a Hello Cuca- nos regala “Los dos”, “Dilo mañana” o la balada con guitarra al revés y castañuelas que titula el disco. Lo mejor de todo ello es que en directo Isabel defiende su disco sola: guitarra al hombro, dos sintetizadores, caja de ritmos y filtros de voz para los coros. Es algo que merece verse.

DONOVAN

Sunshine superman

EMI

Psych-folk-pop La gente se ha mofado lo suyo de Donovan. Al principio, por sicofante de Dylan (solo hay que verle arrimándose a su ídolo con muy poca sutileza en Don’t Look back). Posteriormente, por su afición a disfrazarse de bardo medieval, o mago Merlin, para las fotos promocionales. Y en los últimos años por su empecinamiento en subrayar que él inventó la psicodelia, el flower power, la penicilina y la rueda antes que los Beatles. Lo cierto es que Donovan era un músico con un talento grande como su ambición, y sólo la mala suerte evitó que Sunshine superman conquistara su país. En 1966, Donovan ya había abandonado el rollo camperas, Guthrie-Dylan, folk-blues que exhibió en singles como “Catch the wind” o “Universal soldier” y se había colocado la camisa a topos y los botines chelsea. En Sunshine superman, el artista enseñaba todas las cartas de su tarot: folk-psych, leyendas artúricas, tolkienesca, misticismo celta, jazz del Soho, aires indios (¡Previos al Revolver!) y pop-polaroids del momento a lo Ray Davies. Es la amalgama de todo ello lo que hace tan especial a este álbum. “Guinevere”, “Three kingfishers” o “Legend of a girl named linda” suenan a bello psico-folk inglés con aires sufis o irlandeses, añadiendo sitares y letras flipadas de bardo reencarnado. Pero este tipo de canciones convive con pop-art onírico (“Sunshine superman”) y viñetas hip con afiladas letras de observación escenera (“Season of the witch”, “The trip” o “Bert’s blues”). Por desgracia, varios desastres retrasarían la aparición del LP en el Reino Unido hasta finales de 1967 (aunque en 1966 fue #1 en USA) y para entonces ya se habían publicado allí todos los discos cruciales del 66-67 -Revolver y Sgt. Peppers, sin ir más lejos- lo que cimentaría la injusta reputación de Donovan como segundón advenedizo. Esta reedición incluye un redundante segundo CD con la versión inglesa del álbum en mono, aunque se compensa con todas las caras B o inéditas de la misma sesión, algunas de ellas auténticos temazos: “Superlungs” o mi favorita de siempre, la relajada y cool “Sunny south Kensington”, con sus referencias a Mary Quant, Ginsberg y Jean Paul Belmondo. Grande.

LOS REBELDES

Rebeldes con causa

Epic/Mitik

mainstream R’n’r Ser fan de Los Rebeldes en 1986 debió ser grande. He aquí tu grupo favorito, el que habías seguido desde 1979 –cuando tocaban rockabilly en Barcelona para cincuenta irreductibles- conquistando el mundo estilo Gengis Khan: televisión, radio, videos, conciertos contra la droga (ejem) y sus canciones en cada bar del país. La dominación nacional de Los Rebeldes empezó aquí, en su segundo álbum. Cuatro años antes habían publicado un LP repleto de odas subculturales y guiños puristas (Cerveza, chicas y… Rockabilly!), pero Carlos Segarra debió acabarse hartando del circuito de pafetos del Barcelonés. Rebeldes con causa es un disco de rock’n’roll pulimentado y opulento, al que se le ve la intención de colarse en todas las discos y gustar incluso al cuñado square que no tiene ni un LP. La super-producción multinacional de los temas (como si Robert Gordon hubiese usado al productor de Aesrosmith) se asemeja a la que los neo-rockabillys Restless metieron en su After midnight (1986), con la diferencia de que estos continuarían siendo un grupo de culto, mientras que Los Rebeldes se convertirían en el epítome rock del estado. Esta reedición incluye los hits del álbum original: el himno pro-toxicomanía 80’s “Mescalina”, la declaración de principios anti-fama (quizás temiendo la que iba a caer) de “Rebelde con causa”, la líricamente Loquillesca (¿e irónica?) “Quiero ser una estrella”, los aromas Dion de “Donde brilla el sol” o el saltarín jive de “Caldonia”. Todo encerado al máximo, por supuesto. Confirmando su su dirección en pos de Cap d’Any a TV3 están las versiones extra: “Gimme some lovin” y “Everybody needs somebody to love”, ambas popularizadas por los Blues Brothers y culmen perenne de todas las bodas españolas desde 1980. De ahí a “Mediterráneo” o “Bajo la luz de la luna” mediaba solo un paso; y lo dieron.

THE KINKS

Kinks

Kinda Kinks

The Kink Kontroversy

Face to Face

Something Else

Arthur

Sanctuary Records

British pop The Kinks protagonizaron la más admirable de todas las rebeliones pop. Mientras Who celebraban la destrucción y Stones la depravación, The Kinks acallaron al mundo celebrando la introspección, el día-a-día, la nostalgia, las raíces, las tradiciones, los valores paternos y la huella de los lugares.

Kinks, su primer álbum de 1964, no lo predice. Guiños comerciales y una porrada de versiones de R&B negro (“Too much monkey business”, “Long tall shorty”), aunque se intuyen futuras marcas de agua: anglicismo, alto nivel cancionero (“Just can’t go to sleep”) y habilidad para salirse del registro. Con “You really got me” cambiaron el pop inglés (“Ya no era R&B, sino Stockhousen”, afirmaría Davies). De esa canción nacería Pete Townshend, todo el garage rock y el punk. Los extras del CD anticipan la banda de singles (“I gotta move”, “All day and all of the night”), registran sus comienzos (“I’m a hog for you baby”, de The Boll-Weevils) y añade tomas alternativas y entrevistas para la BBC.

Kinda Kinks! (1965), asienta su destino. Aún se ve el plumero R&B: versiones de soul (“Dancing in the street”), aromas beat (“You shouldn’t be sad”) o mod R&B (“Look for me baby”, “Come on now”). Pero en medio de la baraúnda, Davies ofrece “Tired of waiting”, y el mundo se sostiene el maxilar: Davies ha inventado un nuevo tipo de pop que no reniega del pasado, pero suena europeo y moderno. La lista de extras es reveladora:, un refrito del “You really got me” (“I need you”), psicodelia avant la lettre de regusto indio (“See my friends”) y hits inolvidables (“Everybody gonna be happy”, “Set me free”), mientras “A well respected man” presagia los retratos del Davies post-1966.

En Kink Kontroversy (1965) abundan los misiles de pop cortante y viril (“Till the end of the day”, “Gotta get the first plane home”) y el R&B garajero (“Milk cow blues”). Sin embargo, entre líneas se agazapa un Davies armado de precoz madurez (“Where have all the good times gone”, “I am free” o “The world keps going round”). Hastío, sabiduría y resignación: temas poco teen pop. Lo mismo en los extras: “Sittin’ in my sofa”, y “Dedicated follower of fashion” representan la cara social de Davies; “I’m not like everybody else” o la inédita “Time will tell” (que versionarían The Chesterfield Kings y Holly Golightly) el garage punk arrogante y oscuro.

Face to face (1966), es su disco más amargo. No es que carezca de beat pizpireto (“Party line”) o retratos fetén (“Dandy”, “House in the country”) pero el espíritu del disco es “Dead end street”, una canción “grave, terrenal y de clase obrera”. Lo mismo con la engañosa “Sunny afternoon”: los coros elevadores no ocultan una letra que habla de “alcoholismo y crueldad” y un aristócrata quejica que se marchita. Muy anti-pop. Por si alguien anhelaba bailotear, Ray Davies inventó el power pop para una cara B (“She’s got everything”), como muestran los extras.

Sin Something else (1967) no existirían Jam, Madness ni Blur. Sin ser tan compacto como el Village green de 1968, el LP mostraba a un Davies radicalizado en su rechazo al mainstream, y el disco es un freno de mano en las narices del pop  a granel. Contiene hits (“David Watts”, “Waterloo Sunset”), excepciones de Dave Davies (la magnífica “Death of a clown”), baladas sensacionales (“Love me till the sun shines”) y más music hall que nunca (“Harry rag”, que podría ser de 1919). Las primeras malas críticas y fracasos comerciales llegarían con él, quizás confirmando que ladran, luego cabalgamos. Los extras incluyen uno de sus últimos Top Ten de los 60’s, la criticada “Autumn Almanac”.

Arthur (1969) repite la tradición británica e intención conceptual de Village Green. Pop adulto, añejo y sabio. Iba a ser la banda sonora de un filme que no se filmó. Contiene gran pop (“Victoria”, “Shangri La”) y exabruptos class war sin silenciador (“Brainwashed”). Habla de guerras antiguas, del sistema de clases (“Yes Sir, No Sir”), conflicto paterno-filial (“Nothing to say”) y años que nunca volverán. Las notas de portada comentan: “Ray sacó fotos de nuestras hermanas, padres, primos; de nosotros” y “Lo que sé, es que Ray Davies ha contado nuestra historia. ¿Estas canciones? Llevamos cantándolas toda nuestra vida”. Pura trascendencia.

TNT

Manifiesto Guernika

Munster Records (originalmente Dro 1983)

Punk rock A pesar de que existían discos punk y post punk españoles anteriores a este Manifiesto Gernika de 1983, de Último Resorte a Parálisis Permanente, pasando por Siniestro Total y los Nikis, una sola escucha deja bien claro que los granadinos TNT no tenían nada que envidiarles a los citados. El cuarteto, que nació en 1981 y ensayaba en el Albaicín (eran primos estilísticos de 091), gozó de una corta existencia -tan solo cuatro años- que, sin embargo, dejaría un notable legado discográfico. Hacia esa época, muchos grupos hacían gran ruido y estaban harto molestos, pero –con la excepción de Siniestro, Pegamoides y Derribos- bien pocos tenían hits a la altura de sus padres ingleses y americanos. No así TNT, que logró amontonar en un solo LP y cuatro singles una porrada de canciones-emblema llenas de coros, estribillos, llamadas a las armas y grandes, pero muy grandes, canciones. En ese sentido, Manifiesto Gernika puede reclamar su condición de ser uno de los discos más completos, variados e interesantes del punk rock y la nueva ola ibérica. Toca (conscientemente o no) casi todos los palos del arco iris de la new wave y el post-punk: contiene, por supuesto, coreable punk rock ’77 Clash-Cortinas-Generation X (“Sin futuro”), barullo de los CRASS más pop (“Cucarachas”), afterpunk manchesteriano no-obvio (“Nadsat” empieza con la típica tensión Unknown pleasures de Joy Division, pero hacia la mitad muta en algo parecido al “I’m not your steppin’ stone”), sonido Killing Joke (“Guernika”), sanfaina del Sandinista (“Todo está bien”, que también suena al “Mona” de Bo Diddley), incluso tonos mod (“Deberías tener cuidado”, con armónica y coros de Derribos Arias, podría ser de Brighton 64) y Oi! (“Gilmore 77” suena a 4 Skins o Angelic Upstarts). Y encima, las letras son más que decentes y la portada es una cucada. Por consiguiente, no puede faltar en su estantería Expedit, amigo collector de gusto sublime.

Xavier Mercadé

Odio Obedecer

Quarentena Ediciones

112 págs.

Odio obedecer es la última entrega de documentos publicados recientemente sobre la experiencia punk en Barcelona. Si Harto de Todo de Jordi Llansamà –que, por cierto, estaba repleto de fotografías de Xavier Mercadé- se centró en los héroes, mutaciones, drogas y grupos de 1979-1987, y Que pagui Pujol! de Joni D –también llenito de instantáneas de Mercadé- era una mirada emotiva y politizada que subrayaba la vertiente antimilitarista y squatter del movimiento, Odio obedecer muestra tan solo la parte fotográfica del punk y hardcore, abriendo y cerrando simultáneamente el abanico de protagonistas (se habla de multitud de grupos de rock urbano o heavy metal, pero se prescinde de mods, rockabillys o nuevaoleros ilustres) y relegando el texto a meros pies de foto. Y pese a estos mini-hándicaps, Odio obedecer sigue siendo un libro fascinante, que vuelve a incidir en algunos de los exploradores y batallas que ya nos eran familiares por los otros dos libros antes mencionados (Kafé Volter, Skatalà, Subterranean Kids, Radio Pica, Zeleste, GRB…) y enfoca a sucesos e individuos que, de no ser por libros como éste, jamás habrían sido registrados. Dicho todo esto, habría que rogarle a Mercadé que –como si de la CIA se tratase- abriera los archivos clasificados y publicara ya un segundo volumen que incluyera a todos aquellos grupos que él capturó de forma espléndida (Brighton 64, Los Negativos, Los Rebeldes, El Último de la Fila, Los Canguros, Kamenbert, Loquillo, Claustrofobia y un larguísimo etcétera) y que por una discutible decisión estilística quedaron fuera de Odio Obedecer.

NOAH & THE WHALE

Last night on earth

Young & Lost Club

AOR-Pop Nunca un grupo inglés ha sonado menos inglés que Noah & The Whale. Aparte de Dire Straits. Y de Elvis Costello, ese camaleón de acentos. Y Joe Jackson, otro que tal mea. Pero después de estos tres, Noah & The Whale son el cuarteto que mejor ha borrado su ADN en disco hasta hoy. Escuchando Last night on earth uno jamás diría que nacieron en Twickenham, un suburbio del sur de Londres. Su tercer álbum representa un abandono definitivo del folk-pop estilo Sufjan (con peores letras) que ostentaban en su debut, y un valeroso avance por la minada senda del AOR gringo de radiofórmula. Sí, lectores: Noah & The Whale se endiñaron un sensacional cabezazo contra una estantería, y al recobrar el sentido decidieron que querían ser una mezcla de The Cars y Kate Bush, con algo de Talking Heads 1985. ¿Les ha sonado esto digno? No importa, porque lo que cuenta aquí es el producto final, y Last night on earth es un muy buen LP. Contiene hits a montones, de “Tonight is the kind of night” (Fleetwood Mac del Rumours con Graham Parker) a “L.I.F.E.G.O.E.S.O.N.” (David Byrne intentando ser Huey Lewis & The News), “Paradise stars” (The Cars y Paul Simon) o -muy especialmente- la excepcional “Just me before we met”. Es en esta última donde mejor se percibe el cósmico despegue de Charlie Fink, compositor de la banda. De las metáforas trilladas y pa-pa-pas bobos (aunque disfrutables) de su primer disco a la colosal madurez, melancolía y final épico de una grandiosa canción que casi resume una vida (“Dont’t be shy / Be brave little champion / That’s just me before we met”). Si todos los grupos mejoraran así, uno tendría más paciencia con los primeros álbumes mediocres.

Factory Star

Enter Castle Perilous

Occultation Records

Post-punk gran reserva Occultation es un sello kamikaze dedicado a sacar todos esos discos que parecen importarle solo a una minoría excepcionalmente selecta. Son el sello actual de The Wild Swans, para empezar, quizás el grupo más elegante y legendario (y subterráneo) del Liverpool 80’s. No contentos con ello, el label publica ahora el primer LP de Factory Star, nuevo grupo de Martin Bramah. Ustedes ya saben quién es él y a qué dedica el tiempo libre: fundador de The Fall y responsable –junto a Una Baines y Mark E. Smith- de que el grupo sonase como lo hacía, y posteriormente líder de los fenomenales The Blue Orchids (esenciales sus dos singles y LP para Rough Trade). Factory Star suena, entonces, como uno esperaría que sonase el grupo de alguien con tales credenciales. A ratos manufactura el arquetípico sonido Bramah: garaje 60’s cenizo y opresivo a lo “Green fuzz” o “Born loser” con psicopatía post-punk The Fall (escuchen “Angel steps”, por ejemplo). En otras ocasiones se oscurece aún más y termina cerca de la desolación homicida de Nick Cave  & The Bad Seeds (“Big mill” o “Cheetham Bill”), y en otras retorna a la Albión de The Kinks (en mal fario y con aire cola-del-paro, como “Away Dull Care” o “The fall of Great Britain”). Y por si esto no fuese suficiente, Bramah redondea el disco con piezas casi recitadas que recuerdan a aquel vodevil de working men club que tanto influenció a Ian Dury o John Cooper Clarke (“Black comic book” o “When sleep won’t come”). Y no hace falta decir que realiza todo esto con mucho más panaché y estilo que todos los grupos que llevan imitando a The Fall desde que él los inventó. Y encima grabó este disco en tres días. Cómprenlo.

VV.AA.

¡Gózalo! Vol.4: Bugalú tropical

Vampisoul

Bugalú La exhaustiva labor exhumadora de VampiSoul continúa sin que ninguno de sus artífices dé señales de sufrir una trombosis por exceso de mambo. ¡Gózalo!, como ven, va ya por su Vol.4 de recuperación de sonidos tropicales peruanos, y no parece que el yacimiento Klondike de boogaloo, pachanga, guaracha o son cubano esté cerca de agotarse aún. Tras tres volúmenes, los neófitos y absolutos principiantes en la materia hemos aprendido que el maremoto de música afrocubana en el país –inundando Perú desde 1930- mezclado con la influencia de las películas mexicanas (y sus rancheras y corridos), el folklore local y el bagaje jazz de muchos de sus músicos, originaron en los sesenta un sonido nuevo: boogaloo, sí, pero más. Si escuchan “Boogaloo en ambiente” de Alfredo Linares y Su Sonora, con ese vibráfono que suena más a Lionel Hampton que al uso habitual del instrumento (o el solo de guitarra que es puro Joe Jones / Wes Montgomery en “El diablo” de Compay Quinto) entenderán lo que trato de decir. Pero el auténtico padrino de la movida fue sin duda Lucho Macedo y su banda. La Sonora de Lucho Macedo sacó más de ochenta elepés (igualito que The La’s), y la carrera de Macedo es (cito las lujosas notas interiores) “la columna vertebral de toda esta historia”. Solistas o músicos de su Sonora se irían independizando de su grupo poco a poco, y la mayoría de ellos conformarían la constelación de bugalú quiebra-caderas que salpica abrumadoramente este tremendo recopilatorio. Un experto como Txarly Brown debe estar salivando con él como un lobo hambriento (aunque, ahora que lo pienso, seguro que ya posee todos los singles, maldito sea mil veces).

FUCKIN’ BOLLOCKS

Congo tapes

Houston Party

Garaje Fuckin Bollocks lían una buena barahúnda, eso es innegable. No entiendo ni jota de lo que escupe su fiero cantante, aunque después de 25 años de escuchar garaje a diario ya no albergo esperanza alguna de encontrar iluminación en las letras habituales del género (y no pasa nada). He de confesar que no dispongo aún de pruebas de orina o partidas de nacimiento de sus miembros, y mis sicarios aun no me han entregado los informes confidenciales de sus últimos movimientos, aunque por las constantes menciones del grupo a The Pantano Boas y los recopilatorios Back From The Grave uno estaría inclinado a asumir que Fuckin’ Bollocks yacen en el lado aceitoso y no fraudulento del garaje. Su sonido de armónica remite a The Gruesomes o The Creeps (o, si van al origen de todo, a The Haunted), y ciertamente son capaces de aplicarlo a temas memorables como “You can’t do” o el proto-hit “My mermaid”. En otras ocasiones alardean de un estilo casi R&B-beat británico que remite a The Tell-Tale Hearts cuando intentaban ser The Pretty Things (caso de “The toot” y “Soap tripe”). Y a los que trataban de encasillarles en un género y bajar la puerta metálica del garaje en sus napias, Fuckin’ Bollocks les dedican un bluegrass final, “My buddy”. Fuckin’ Bollocks tienen ya la intención, la fuerza, el directo sandunguero, la atención del zeitgeist y (posiblemente) las colecciones discográficas: si no la joden mañana anunciando pantalones vaqueros o bebidas gaseosas, el futuro luce halagüeño para ellos.

OPPOSITE SEX

S/t

Fishrider

Kiwi pop En el pop no hay muchos valses. Los compases de 3/4 hacen del baile un patrón jodido sobre el que componer. Dexys lo hicieron, Beatles también, y aquí están Opposite Sex con su particular vals (“Sea shanty”), aderezado con melancólica trompeta mariachi a lo Forever changes. ¡Formidable! Pero ese no es el único palo que puede tocar el grupo. Opposite Sex, un trio de Gisborne afincado en Dunedin (NZ), son tan versátiles, desencajados y sincopados como podría esperarse de alguien con su pasaporte. Naturalmente, suenan a Flying Nun por los cuatro costados, aunque son menos psych-POP y garaje-de-juguete que The Bats o The Chills. Opposite Sex, bravos y aventurados, combinan el influjo kiwi que les vio nacer con instrumentales arquitectónicos y rítmicos a lo Euphone o June of 44 (“Vague notion”), rock’n’roll (“The bones of Dr. White”), punk dislocado con cromosoma XX a lo Lora Logic y Poison Girls (“Mary Lu”), Ludus (“Panther fight”) o Au Pairs (“La Rat”, que también recuerda a The Clean), incluso Rezillos (“Hamish and the chips”). Son el típico grupo que –dicen en su sello- se ha “formado a base de aislamiento” (como las mejores cosas), y por tanto son incapaces de respetar el canon o atender a normas estructurales a la hora de componer. Esa inclinación crea a menudo cosas insólitas y perdurables, maravillosas aberraciones, y este disco es una de ellas.

BEACH BEACH

Tasteless peace

La Castanya

Indie pop rotundo Beach Beach son el único grupo de España que cita a Any Trouble como influencia. Ese ya es un motivo para tenerles simpatía, aunque no el único. Beach Beach son jóvenes y escuálidos y flequilludos y mallorquines (emigrados a Barcelona), y hacen gala de un excelente gusto musical. Hoy en día mucha gente tiene buen gusto, así que las cotizaciones del tema van a la baja; no sucede lo mismo, sin embargo, con la forma en que uno lo digiere y traduce. Beach Beach demuestran talento y empuje, y fabrican excelentes canciones: breves, emocionantes y vivas. Su lírica es sugerente, espaciosa y críptica (aunque nada boba) y deja margen para la interpretación personal. Los discos que les gustan no son una coartada para quedar guays en las gratuitas, sino el alma que inspira un cancionero brillante: “Worries” o “Cards” (Superchunk y Los Planetas), “Monster” (The Posies y Velvet Crush y Buffalo Tom), la sensacional “Plants” (The Feelies vía Oxford Collapse), “Tasteless” (Flying Nun Records y Aztec Camera), “Easier” (primeros TFC y My Bloody Valentine), y por todas partes verán a The DB’s, 90’s indie melódico, power pop clásico (Stiff Records) y Escocia a tutiplén. Pero esto, como decíamos, no es un Mis Cosas Favoritas. Beach Beach están llenos de vida e inspiración, y es posible que nos den aún más alegrías en el futuro. Si se pasaran al castellano, sería la monda.

DÉCIMA VÍCTIMA

S/t (3LP boxset)

Munster / Vinilíssimo

Décima Víctima fueron el único grupo español que comprendió lo siniestro en su acepción no cliché: en lugar de cementerios, cuero negro y crucifijos invertidos, DV optaron por la Iª Guerra Mundial, Knut Hamsun y look Stasi. Entre 1981 y 1983, el cuarteto madrileño –que contaba en su formación con dos hermanos escandinavos- repartió entre dos álbumes y varios sencillos una impresionante obra de pop monocromático, lleno de hits glaciales y fatalismo existencialista. Munster reúne en esta espléndida caja todo su trabajo, tan alejado de la pizpireta y colorida Movida como era posible estar, un monumento sónico al decaimiento y la putrefacción, las ruinas de la civilización y el ineludible paso del tiempo. Y a pesar de su pesar, bailarán: “Almas perdidas”, “Desarmado” o “Detrás de la mirada” son sublimes piezas de pop caucásico sin asomo de negritud o blues, tan reverberante, puntiagudo y certero como el “Dreams never end” de New Order, Killing Joke o Josef K. Imprescindible.

JULY

July

Guerssen Records

Hay santos griales que luego resultan un fiasco, pero no es este el caso. El álbum de July siempre ha sido de los más buscados por los coleccionistas de psicodelia inglesa (se han llegado a pagar 800 libras esterlinas por una copia original en el sello Major Minor), y con razón: estamos ante uno de los pináculos del género y el año (1968), comparable en calidad y excitación aural a Tomorrow o los Pretty Things del SF Sorrow is born. El anecdotario de July tiene miga, porque emigraron a España cuando aún se llamaban The Tomcats y llegaron a editar un par de EPs de tosco R&B británico. July, asimismo, lleva todos los aderezos psicodélicos (portada estilo El Bosco, loops y overdubs a lo Revolver, sítares y clavicordios, feedback Pinkfloydiano, letras sobre dientes de león y flotar en el éter…) aplicados a estupendas canciones. Su mezcla de floritura psych con empuje mod-garajero y experimentación sónica puede verse en grandes cortes como la clásica “Dandelion seeds”, “My clown”, “Crying is for writers” (gran título) o mi favorita, “Hallo to me”. La reedición de Guerssen incluye lujosas notas interiores, e incluso un flamante poster. No la dejen escapar.

LE SYSTÈME CRAPOUTCHIK

Aussie Loin que je me souvienne…

Flop

Le Système Crapoutchik

Wah Wah Records

Otra delicatesen del sello barcelonés. Se reeditan los tres álbumes del ignoto grupo galo Le Système Crapoutchik, tan cobejados por coleccionistas de popsike 60’s como por productores de hip hop (el rapero Kid Cudi utiliza samplers de la banda) y amantes del pop progresivo, sofisticado y sublime. LSC empezaron como clásico grupo instrumental a lo Shadows para convertirse en combo Mod/R&B y trabajar de grupo de acompañamiento del ínclito Jacques Dutronc. Sus tres discos largos, grabados entre 1968 y 1975, tocan todos los palos que van del pop al prog sin volverse plúmbeos como algunos contemporáneos anglófonos. El primero (Aussie Loin que je me souvienne…, de 1969) es el que contiene más pop sofisticado a lo Billy Nichols o Nick Garrie (¡o McCartney!), pero en todos ellos encontrarán opulentas raciones de popsike, baterías gordotas a lo David Axelrod o Vannier-Gainsbourg, armonías Crosby, Stills, Nash & Young, fuzz rock, beat bespoké y viñetas progresivas aderezadas con el típico talante francés (vodevil, letras irónicas, músicos descamisados, innuendo carnal, etc). Para dar relumbrón a las mejores discotecas.

LA BANDA SIN FUTURO

PARAÍSO

GLUTAMATO YE-YÉ

EPs

Munster

Lean esto si quieren evitar crisis asmáticas en disquerías de segunda mano: se reeditan tres singles de nueva ola española imposibles de conseguir por procedimientos legales. LA BANDA SIN FUTURO eran lo que un crítico poco imaginativo definiría como “grupo seminal”: Derribos Arias antes de ser Derribos Arias. Este single fue grabado en 1983 para Producciones Goldstein, pero permanecería inédito hasta hoy. Contiene grandes éxitos: “Nos van a desinfectar” suena a Dead Boys + Suicide, y la mítica “El chico más blanco de la playa del Gros” es un sicalíptico ska de verbena donde Poch da rienda suelta a su voz estrangulada. PARAÍSO fue el hiato super-pop de Fernando Márquez “El Zurdo”, entre Kaka de Luxe y La Mode. Este EP de 1980 es –junto al single “Para ti”- su único legado: cuatro proto-hits de pop a lo Rezillos o Gruppo Sportivo, con portada de Gallardo, producción de Carlos Tena y al menos un super-hitazo: “Makoki”. El EP de debut de GLUTAMATO YE-YÉ fue grabado en 1982, y es de lo mejor del país: punk imaginativo y nueva ola pizpireta, estribillos sensacionales y letras pegajosas. “Corazón loco” o “Holocausto caníbal” se cantan durante días enteros. Una nueva prueba de que lo de aquí no tenía nada que envidiar a lo de allá.

TOMORROW

S/t

Vinilíssimo / Munster

Las segundas filas pueden ser grandes filas. Tomorrow aplicaron enseñanzas ajenas en experimentación pre-psicodélica (Beatles, Byrds, Who) y las llevaron un paso más allá con excelentes resultados compositivos. Antes se habían llamado The In-Crowd, furibundo R&B mod, pero el pachuli y la era de acuario les transportaron a la psicodelia del mañana, convirtiéndoles en la avanzadilla del pop-con-paramecios inglés. Entre sus filas estaban lumbreras como Keith West, Steve Howe (luego en –puagh- Yes) y Twink (luego en The Pretty Things y The Pink Fairies). Este su único LP es puro psych-pop de manual, con todos los elementos clave: portada Punch, sítares y letras flipis en “Real life permanent dream”, freakout caótico en “Revolution”, lírica estilo El viento en los sauces con armonía Kinks en “Auntie Mary’s dress shop” y un hit single con guitarra al revés, la brillante “My white bicycle” (inspirada en los provos holandeses). Reeditado en vinilo para su completo delirio audiovisual.

VAINICA DOBLE

Heliotropo

Vinilíssimo

Existen pocas anomalías más anómalas que Vainica Doble y Heliotrópo, su segundo álbum: un dúo musical femenino articulado, poético (sin pomposidad) y elevado que sacó un disco estupendo, repleto de Juliette Greco, tonos fuzz, Simon & Garfunkel, copla 40’s y nanas en 1973, un año que tiene su máxima expresión lírica en el “Qué viva España” de Manolo Escobar. Sí, las Vainica eran aliens, lo que sin duda jugó a su favor (no económicamente): el dúo evolucionó a su manera, afilando con certeza sus grandes letras y tonadas, y poniéndolas a secar en un LP heterogéneo y lleno de chicha. España tendría que esperar hasta el Soidemersol (1997) de La Buena Vida para volver a escuchar letras tan sublimes –llenas de onomatopeyas e imágenes- como las de “El pabú”, “Ay, quien fuera a Hawaii”, “Coplas del iconoclasta enamorado”, o “Habanera del primer amor”. Gloria Van Aerssen y Mari Carmen Santonja, auténticas pioneras, estuvieron allí antes que nadie, y sin ellas no existirían Le Mans ni Paraíso. En pie todo el mundo.

(Todas estas críticas fueron publicadas en la revista Rockdelux y el suplemento Cultura/S de La Vanguardia entre junio del 2011 y mayo del 2012. Todas son de Kiko Amat)

Archivos

10 NUEVAS ENTRADAS

1) PJ PROBY Enigma

2) MARCOS VALLE Marcos Valle

3) THE TWEEDS Music for Car Radios

4) LOS CANGUROS Un salto adelante (1986-1990)

5) THE SOFTIES The Softies

6) NATURAL FOUR Natural Four

7) THE CLAIM Boomy Tella

8) EL ÚLTIMO DE LA FILA A veces se enciende

9) CHRIS STAMEY It's Alright

10) BILL WITHERS Making music

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RICHARD PRICE

The Wanderers

Roja y Negra/RHM

LOS CANGUROS

Un salto adelante (1986-1990)

BCore, 2013