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¡Pelea! Una vivificante charla sobre mamporros de Kiko Amat

El jueves día 30 de mayo (repetimos: 30 de mayo) a las 20h el autor Kiko Amat estará dando una charla en el Ateneu Roig de Gràcia (c/ Ciutat real 25). La charla lleva como título ¡Pelea! Espectador de los puñetazos; viñetas de violencia 1985-2013 e irá de lo anunciado: un compendio de batallas, zipizapes y guerras territoriales narradas en primera persona, con reflexiones al uso.

Se hablará, así, de la lamentable participación activa del escritor en varias de esas peleas (con resultados risibles), así como de otras en las que se vió inmiscuido por las más peregrinas razones. Habrá humor negro y algo de pesar. Se trazarán mapas bélicos y se revelarán momentos horribles, cómicos, patéticos y delirantes. Será, en el fondo, un ameno speech sobre violencia adolescente en todo su colorido espectro cromático, recitado desde el más espantoso de los Yoes y con multitud de detalles increíbles. Literalmente (o sea, que no van a creer).

Espero verles allí. Habrá canciones de guerra on the terraces y cervezas marxistas. Lo pasaremos de aúpa riéndonos con/de ese pobre diablo.

Neofolk marcial: ¿neofascismo o posmodernismo? Una duda legítima

Existe una diferencia fundamental entre ser ingenuo y ser malvado, aunque ambos conceptos puedan confundirse en la práctica. Juguetear con la atrocidad totalitarista es una necedad irresponsable, pero no es un acto nazi per se. Hay que saber distinguir entre el stormtrooper y el artista con veleidades decadentes: uno milita, el otro fantasea; uno agrede, el otro “coquetea” con el look; para uno el neofascismo es una vía extraparlamentaria válida, para el otro un juego con el que epatar a los pobres de espíritu; la meta del primero es la toma de poder, la del segundo aparecer en revistas de tendencias. En efecto, un nazi y un posmoderno son dos cosas distintas, como ha demostrado la reciente polémica alrededor del grupo Reserva Espiritual de Occidente. REO son una banda de “martial neo-folk” que utiliza estéticas y discursos de connotaciones fascistas (camisas azules, himnos de la División azul), pero no son un grupo neofascista. Pese a ello, su último concierto previsto en la sala Wurlitzer de Madrid fue cancelado después de que varias entidades antifascistas (kaosenlared, lahaine.org o Klinamen Editorial) llamaran a su boicot. Una sobrerreacción, sin duda, ante lo que se intuye una boutade insensata; y asimismo, ¿podría alguien negar que el vaciado de significado ideológico como práctica común en las artes entraña un peligro, aunque no se trate del de la auténtica ultraderecha?

Por supuesto, hemos visto lo del flirteo con imaginería fascista en el pasado, y entonces tampoco tenía gracia. Bowie y su saludo romano al llegar a la estación de Victoria, en 1976. Clapton, empapuzado de brandy también en 1976, afirmando que estaba de acuerdo con Enoch Powell y berreando “¡Echemos de aquí a los negratas!”. Gabinete Caligari y su “Olor a carne quemada” y lo de “somos fascistas”. El bigotito Adolf de Iñaki Glutamato. Las inquietantes rojigualdas de Decibelios y aquella camiseta de Adolf Hitler European Tour del Fray. Todas las esvásticas del Curso del 77, Siouxsie, Sid y London SS. Y, más relevante aún, la perpetua fascinación de los grupos de música industrial por el tema, y la posterior evolución de algunos de esos grupos y sub-escenas hacia posturas inequívocamente neofascistas.

Como siempre, la militancia de los grupos marca la línea. Para comprender la alarma ante el concierto de REO es crucial examinar la táctica de los movimientos neofascistas desde 1987 y la inauguración de la “Tercera Posición” en Europa. Como demuestran la creación de la Casa Pound en Italia y el Casal Tramontana en Barcelona, la ultraderecha actual niega su visión autoritaria en la superficie (extendiendo la imagen de un conservadurismo “intelectual”, abogando por el “identitarismo” europeo), mientras desde la base fomenta el nacimiento de comunidades y corrientes de opinión conductivas a elementos del fascismo: la lucha contra la inmigración, contra el “separatismo”, etc. La escena neofolk marcial es una de dichas subculturas criptofascistas, o cuanto menos una comunidad infectada por el fascismo desde su raíz.

Consideremos, sin ir más lejos, el caso de Death in June. Para ellos nunca se trató solo de lucir la Totenkopf de las SS y hablar del “olor a carne quemada”. Ya en 1985, Doug Saunders declaraba para Sounds que su grupo estaba fascinado por la rama “strasserita” del nazismo. La yenka de Saunders, que en años venideros daría el acostumbrado pasito-adelante-pasito-atrás respecto a sus ideas totalitaristas (camuflándolas de “fetichismo” cuando le convenía), quedaría en evidencia con las actividades del otro DIJ, Tony Wakeford. Wakeford fue expulsado de la banda en 1984 por haberse afiliado al National Front (se le echó por obvio, no por amoral), y fundó Above The Ruins, un grupo de rock nazi que distribuía la red Blood & Honour. Above The Ruins (homenaje al neofascista italiano Julius Evola) daría paso a Sol Invictus, banda neofolk que contaba en sus filas con los notorios nazis Ian Read (neopaganista y fundador de Current 93) y Gary Smith (ex-miembro de No Remorse y los paramilitares Combat 18), y que estuvo vinculada a la extrema derecha inglesa. Otro viejo compañero de viaje de Wakeford y Saunders es Boyd Rice (NON), miembro del neonazi American Front Organization. Las investigaciones de la publicación antinazi Searchlight, Stewart Home o la web whomakesthenazis.com no dejan lugar a dudas sobre la estrecha relación entre Sol Invictus y think-tanks de darwinismo social como Iona/Scorpion o Heritage & Destiny. Aunque indudablemente un vasto número de los fans de la escena neofolk están allí únicamente por la música, solo alguien muy naïf podría no percibir dichas conexiones.

Habiendo considerado estos antecedentes, el reciente pánico en Madrid no parece tan gratuito. Vivimos en una de esas épocas que históricamente presencian auges dramáticos de la ultraderecha, y el ascenso de PxC en nuestro país o la English Defence League en el Reino Unido así lo prueban. Aunque los vínculos de REO con el neofascismo sean de postal (el grupo se desmarcó abiertamente de ello en un comunicado posterior), el uso de estéticas y coreografías fascistas es, por su propia naturaleza, repugnante. Es irrelevante si se sitúan en una instalación o en música pop: es un acto moralmente gris, ofensivo y banal. Los músicos de la banda se equivocan cuando atribuyen la controversia a la mojigatería general. La gente protestó porque se sitúa al nazismo en una posición de reciclaje posmoderno (¡Todo vale!) y erotización de su violencia política que solo beneficia a los que creen en él. Si vas vestido de fascista y cantas himnos fascistas y celebras iconos franquistas en tu web, ¿tan chocante es que la gente te tome por fascista? Al contrario de lo que aducen REO, las ideologías y sus manifestaciones iconográficas no son entidades vacías que poder cortapegar alocadamente en tu trabajo, como fragmentos de arte povera, mientras aduces que intentas “explorar el miedo”. Los símbolos tienen significado, y ese significado define lo que eres y haces. No vale escudarse en la ironía, como si habláramos de pop art: Franco no es Mickey Mouse, ni la Falange sopa Campbell’s. REO parecen carecer de perspectiva histórica, a la vez que de contacto con la realidad nacional. En plena oleada de expulsiones a inmigrantes y política neocon, en un país que presenció un genocidio no hace tanto, un grupo no puede esgrimir conceptos fascistas y luego agazaparse, ofendidísimo, tras el concepto de “arte”. Hay que ser consecuente con lo que se dice: las palabras tienen valor, y el que siembra vientos recoge tempestades. El boicot de Madrid fue apresurado, es cierto, y no hay excusa para las amenazas físicas, pero se han visto demasiados incendios allí como para no brincar cada vez que huele a quemado. La libertad de expresión es crucial, estamos de acuerdo, pero si manipulas conceptos e ideas que hablan precisamente de su eliminación (o sea, el neofascismo), luego no te hagas el sorprendido si la sociedad te exige respuestas convincentes. Kiko Amat

(Este artículo apareció originalmente como Manifesto! en la revista Rockdelux #316 de abril del 2013)

Aquella nueva ola balear

El disco recopilatorio Mallorca Nochentas; reinventando los 80’s alinea a grupos baleares de hoy (Beach Beach, Antònia Font, Astrolabio…) y los pone a versionar antepasados (La Granja, Los Valendas, Ex-Crocodiles…) con resultados óptimos

Siempre he envidiado a los mallorquines. La primera vez que pisé la isla en 1996, acompañando al contingente de Los Fresones Rebeldes, me pareció que todo iba al ralentí, como si de repente nos hubiesen lanzado a una piscina de jalea. Rodeado por aquel zen isleño, un tipo sobreacelerado como yo parecía el Diablo de Tasmania en una sesión de tai chi. Incluso los coches circulaban a menor velocidad (lo juro). Nadie iba con prisas y comimos a las 16:30h, con un ruido de tripas que sonaba al despertar del Kraken. Paz interior, que diría el Maestro Shifu.

Pero no todo eran paseos y siestas, en el mini-archipiélago. De forma harto irritante también gozaban de una audaz escena pop. Algunas músicas nacen de la tensión y otras de la quietud: el entorno social-geográfico marca el sonido de una zona y a qué rapidez viaja. El tecno solo podría haber salido de Detroit, y la bossa es un resultado directo de la forma de vida brasileña. La escena mallorquina, así, no fue particularmente fecunda en cuanto a thrash metal, y su juventud danzó pop. Pero la consigna no fue la homogeneidad: si por algo se caracterizan sus bandas de 1981 ençà es por la variedad caleidoscópica: unos tropicaleaban, otros le daban al power pop, unos miraban a los sesenta (sin nostalgia), otros triscaban al ritmo del funk blanco mediterraneizado. Muchos géneros, muchos grupos, muchas canciones hermosas emergiendo de ese lindo lugar rodeado por el mar. La mayoría de ellas, sin embargo, pasaron al olvido. ¿Quién recuerda hoy a Los Valendas? ¿Y a los Ex-Crocodiles? ¿Y Los Malditos? ¿Y qué pasó con La Granja, antaño habituales de Los 40 y buque insignia del power pop español, hoy pie de página en webs nostálgicas? ¿Quién recuerda todo eso?

La respuesta adecuada aquí es: yo. Yo y un centenar de majaras.

Pero no se angustien. Mallorca Nochentas es un proyecto que pretende recuperar a todos esos grupos de 1981-1994 a base de conciertos, un blog y –ahora- un cedé recopilatorio. El disco de tributo a “la movida mallorquina de los nochentas” ha llamado a filas a una serie de grupos mallorquines contemporáneos y los ha puesto a faenar con canciones de sus ancestros. Los resultados, como no cabía esperar (pues la mayoría de discos de tributo suelen ser grimosos que no veas), son ante todo celebrables. Mallorca Nochentas contiene hits. Les subrayo unos favoritos.

Hablé ya de Ex-Crocodiles: eran como Los Negativos con producción R.E.M., 60’s repensados y power pop a la moderna; unos The Three O’Clock o The DB’s isleños, camisas de topos y Rickenbackers naranjas y gafas de sol. De haber nacido en otra parte hubiesen grabado en IRS o Frontier. Su espléndido “Christine” aparece aquí bien tocado por los Goodfellows. Urtain, por su parte, suavizan “Atrapado en la ciudad” de Los Malditos, originalmente un cohete de powerpop con trompetas estilo Plimsouls, y la transforman en una trotante maravilla de pop con armónica que recuerda, curiosamente, a La Granja. De los últimos, Sr. Nadie se atreve con “La mala traición”. El flashback melódico se agudiza al observar la portada del Azul eléctrica emoción de 1989, tercer álbum de La Granja, incluido en la hoja interior. Esa foto, que recuerda a Glenn Medeiros escapando del set de El lago azul. Esa foto, que aún me persigue hoy. Un disco tan hermoso, una portada tan terrible. Los ochenta eran así.

Llegan los saltarines: Beach Beach y The Last Dandies ranga-ranguean nuevaoleros con canciones de Paris La Nuit y Furnish Time, respectivamente. Viva 1984: sintetizadores de latón y guitarras agudas y hastiada entonación Coppini, baile fracturado, botines con hebillas.

Tres últimas maravillas: Antònia Font retocando “Leyenda negra” de Tots Sants con esa voz de Pau Debon (paz interior, paz interior), y Poal rindiendo justo homenaje a los Big Star de Palma, Los Valendas, ralentizando su “Purple Friend” al paso de Yo La Tengo. Astrolabio manosean el “Sin razón” de El Primer Tercio y lo convierten en un superéxito estilo Los Planetas (vía Superchunk). Qué gran ruido.

Ahora solo queda preguntar: ¿Qué hemos aprendido de todo ello? Hemos aprendido que:

1) Los ochenta fueron un gran periodo para la música pop, digan lo que digan los rockeros. 2) La movida no solo estaba en Madrid o Barcelona. Málaga, Galicia o Mallorca tenían escenas inquietas que nutrieron a buenos grupos. 3) Los Valendas, Ex-Crocodiles, Los Malditos o La Granja eran geniales. Mejores, sin duda, que muchos churros Movideros que nos tragamos en Aplauso. 4) Deben hacerme caso siempre (excepto si me ven emergiendo de un bar a las cuatro de la mañana). Kiko Amat

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 8 de mayo del 2013)

Última charla sobre pop y literatura en Sevilla

Lo de última no es porque estemos postrados y agonizando en el lecho de muerte. Es porque es el tipo de conferencia que en más ocasiones hemos realizado a lo largo de estos últimos diez años.

Así, vamos a celebrar estos diez años de relacionar pop y literatura de una forma peculiar: des-relacionándolos. Arreando el zapatazo Kruschev encima de la mesa y hablando durante 50 minutos de cómo la música pop es música pop, bella y rápida y sexy y boba a veces y llena de pasión y arrebato, y no necesita legitimación ni permiso de nadie para existir (mucho menos de los literatos). Va a ser una charla-diatriba contra los “poetas” canonizados del rock, contra los intentos de intelectualización de una disciplina que jamás requirió serlo. Contra la teoría, tan Babelia, de que la música pop no adquiere trascendencia hasta que puede compararse a la literatura clásica, hasta que puede analizarse usando conceptos y teorías de la Alta Cultura.

Esto va a ser una defensa de “My boy lollipop”, “Shout”, “Poison Ivy”, “Baby let’s twist”, “Yakety-yak”, “The tears of a clown” y “Double barrel”. Esto va por Goffin-King, Clancy Eccles, skinhead reggae, mod revival, Dion y The Dictators, Cliff Bennett y los Undertones. Esto va por Nik Cohn y todas las pandillas.

Fuck Dylan, let’s dance.

Será el jueves 16 de mayo a las 18.30 en la sede del CICUS (C/Madre de Dios, Sevilla). Esperamos verles allí.

¡Por el impulso! (un mensaje de agradecimiento)

Desde este Primera Persona 2013 y de mano de Marcos Ordóñez, nuestro brindis guerrero hasta la muerte: ¡Por el impulso!

Admiren el alcance de nuestra profunda gratitud en este mensaje de oh-gracias a todos, colaboradores, invitados, asistentes y participantes.

Y ahora, a por el 2014.

La guerra de los cockneys

Cockney Rejects La historia del cuarteto londinense, narrada en East End Babylon (Richard England, 2012), con sus peleas, juicios por agresión, boxeo, hooliganismo, nazis y punk, otorga un nuevo significado a la palabra “azarosa”.

1. Hasta hoy, cuando se hablaba de trifulcas en conciertos, mucha gente mencionaba aquella escaramuza de The Jesus and Mary Chain en la North London Poly, en 1985, donde unos cuantos estudiantes tiraron vallas y dijeron palabrotas. Pero el grupo punk inglés Cockney Rejects había batido el récord cinco años antes: su concierto de 1980 en el Cedar Club de Birmingham culminó en tremenda batalla campal donde banda y entourage se enfrentaron a un centenar de neonazis. Fue un brutal zafarrancho que acabó con la sala demolida, la mitad del público en el hospital, el cantante entre rejas y el guitarra con fractura craneal. Es, según múltiples testigos, la pelea más bestia de la historia del rock’n’roll. Y los Cockney Rejects la ganaron, joroba.

2. Un dicho del siglo XIX: “Nunca entres en el East End solo o sin pistola”. El barrio del este de Londres tiene mala reputación, y los hermanos fundadores de Cockney Rejects (Mickey Geggus y Jeff “Stinky” Turner) son dignos hijos de la zona. Papá Geggus era el típico producto East End: estibador, portero de fútbol y notorio marrullero local. Como guardameta no era gran cosa, aparentemente, pero a matón no le ganaba nadie. Sus hijos acabaron tomando la vía musical tras hacer pinitos en el ring durante un par de años.

El periplo de los cuatro cockneys (se les había unido un skin tísico y otro hincha gamberro) es un fulminante camino al estrellato con variaciones bizarras. Según Turner, un cockney debe tener “jeta, una cierta bravura y ojo para saber a quién no ofender” (aunque ellos ofendieron a todo el mundo). Esa jeta se aplicó a conseguir un contrato para un grupo que no existía: sin haber tocado un solo concierto, los Rejects graban maqueta para Jimmy Pursey, de Sham 69, y el periodista Gary Bushell entra como mánager. Stinky Turner tiene solo 15 años por aquel entonces, y su primer concierto lo da en pijama. Cuando al fin les ficha Polydor por 17.000 libras, Turner se gasta su parte en “marcianitos, petardos y un nuevo par de botas”. En efecto, el suyo es otro tipo de punk. Bushell lo bautiza Oi!: obrero, pro-pub, pro-fútbol, faltoso, coñón y 100% no-universitario. Junto a ellos están Angelic Upstarts, The Business, Peter & The Test Tube Babies… Las revistas musicales lo odian a muerte, pero de nada sirven sus invectivas: el grupo escala las listas en un santiamén. Su single “The greatest cockney rip-off” les lleva triunfalmente al Top Of The Pops (equivalente del Aplauso), de donde el grupo regresa… ¡en metro!

Por algún lado tenía que torcerse la cosa. Cuando el West Ham llega a la final de liga, los Rejects tienen la feliz idea de grabar el himno del club (“I’m forever blowing bubbles”), que resulta en hit y les lleva de nuevo al Top Of The Pops. Solo que esta vez, los cuatro Rejects actuan absolutamente curdas y luciendo los colores del equipo. En un país como Inglaterra, con sus problemas de hooliganismo bélico, ese gesto equivale a un suicidio público. Desde ese programa (de donde son vetados de por vida), en cada concierto de Cockney Rejects estalla una pelea con hinchas rivales. Sus giras culminan en el mencionado asalto de Birmingham: record mundial de hostias. Es la guerra de los cockneys. La guerra perpetua, que diría Sillitoe.

Las cosas no podían ir peor. ¿O sí? El BNP y el NF (los dos partidos de extrema derecha ingleses) habían empezado en 1978 una campaña de infiltración en el punk. La aparición del Oi! parece beneficiosa para sus fines; hasta que topan con Cockney Rejects, por supuesto. Los cuatro cockneys hacen exactamente lo contrario que Sham 69 (cuyo líder abandonó llorando un concierto arruinado por neonazis): les dan candela. Les dan tanta candela a los del BNP, que tras tres encuentros con los Rejects y sus seguidores (miembros de la ICF, hinchada del West Ham) no vuelven a aparecer.

Pero el mal ya está hecho. Una encerrona en TV les acusa de relacionarse con la extrema derecha, y los disturbios raciales de Southall en 1981 (cuando el NF fagocita un concierto Oi! y la comunidad asiática le pega fuego al bar) solo empeoran las cosas. Nuestros cockneys, comprensiblemente hasta el moño, deciden escapar del ambiente de una forma harto eficaz: mutan en grupo heavy durante unos años. Ni siquiera los nazis pueden soportar aquello, y acaban olvidándose de la banda. Hoy en día los renacidos Rejects gozan de merecida fama internacional, y se ha limpiado su nombre. Artistas insospechados como Morrissey, Primal Scream, Joe Strummer y Shane McGowan han afirmado ser admiradores del punk rock de los cockneys. Solo falta usted. Kiko Amat

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 1 de mayo del 2013)

El hartazgo de R.I.P.

Las influencias confesas pueden devenir maldición. The Jam, sin ir más lejos, pasaron una extenuante parte de su carrera sufriendo preguntas bobas sobre The Who. Y aún así, admitir deudas es un gesto honorable. El autor inglés Jonathan Coe nunca ha dudado en señalar a David Nobbs como gran influencia en su escritura (Caída y auge de Reginald Perrin y La espantosa intimidad de Maxwell Sim exhiben no pocas similitudes), y gracias a ello los lectores de gusto anglófilo podemos añadir un nuevo Astro del Humor al retablo. Pues la tercera novela de David Nobbs, escrita en 1975, quizás sea una de las mejores tragicomedias de la historia.

Tal vez recuerden a Reginald Perrin, protagonista del asunto, por la interpretación de un enfurruñado Leonard Rossiter en aquella serie de la BBC. El Perrin escrito, asimismo, es uno de los más memorables antihéroes de ficción. El precepto de la trama es simple: Reginald Iolanthe Perrin (iniciales: R.I.P.) es un commuter, o oficinista que viaja en trenes de cercanías, a punto de perder la paciencia. Tiene 46 años, y podría definírsele como sumiso, melancólico y aburrido. Pero es más fácil afirmar que Perrin está -perdonen mi lenguaje- hasta los huevos. Después de varias demostraciones de chifladura sicótica al estilo Un día de furia (solo que en cómico), este abúlico empleado de Postres Lucisol, casado cascado y padre de dos, decide simular su suicidio y renacer con otra identidad.

Caída y auge de Reginald Perrin pertenece a una ilustre tradición de agricomedia inglesa que va del Billy Mentiroso de Keith Waterhouse hasta The Office de Ricky Gervais. Reginald Perrin es un ser esperpéntico e hilarante, existencialista y apenado, como un Basil Fawlty sin los nervios. Su airado hastío y amargura infinita por el pasado, las expectativas fallidas y la rutina (“Besó a su mujer en el pelo, que le olía a hacía veinticinco años”), inundan al lector de compasión. Es un libro que provoca sonrisas y lágrimas; mucho de ambas. Y, además, es tan inglés. Inglés de trenes que van tarde e incomodidad social, sexo triste y césped cuidado y lluvias y bebercio a mansalva y snacks reveníos y sorry y vergüenza y terror al contacto físico y desear estar muy lejos de allí. Siendo otro, si puede ser. Uno de los libros más emotivos, tristes y divertidos que he leído nunca. Kiko Amat

Caída y auge de Reginald Perrin

David Nobbs

Impedimenta

Trad. de Julia Osuna Aguilar

358 págs.

(Artículo publicado en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 24 de abril del 2013)

Sant Jordi 2013: una crónica beoda

¿Quejarse por Sant Jordi? Incomprensible, desde mi perspectiva. Cada lector significa: “No volverás a la cadena de montaje de la SEAT”. Gracias, oh Dios. Veo a otros autores quejándose y –desde luego-  no voy a poner aquí lo que pienso. Pero es gráfico y faltoso, ya lo imaginan.

Mi día empieza en Laie. Firmo un libro a las 10:50, diez minutos antes de la hora acordada, lo que para mis estándares es como si me hubieran reclamado salir para bises en el Live Aid de 1985 junto a Freddy Mercury. A mi lado hay un par de mediáticas con peinado lacoso, y también un señor indepe que no vende un maldito libro. Firmo mi segundo a las 11h. Dios del cielo. Una euforia terrible anida en mi corazón. No estoy nada contento: este porcentaje descabellado solo hará que la no-firma posterior duela más. En mi trasero.

De acuerdo: a las 11:15 he firmado cuatro libros. Freddy Mercury ha sido olvidado. Esto –para mis estándares, insisto- es como si una raza superior de alienígenas me hubiese escogido entre millones y millones de terrícolas para ser el representante del planeta en Galaxyvisión. Este Sant Jordi me pinta bien. O inmundo, aún no sé.

Antes de que me dé cuenta, empieza mi cuento de la lechera, mi geometría firmosa: si seguimos a este ritmo, a media tarde habré firmado 50 o 60 libros. ¿Qué haré si realmente firmo todo eso? Me compraré un Hovercraft. Con mi nombre a eslora. En letras luminosas a lo ELVIS 68. Y con esa figura encargaré un collar bling de diamantes Y el collar me lo tatuaré en una nalga. Nadie puede pararme, como cantó Kylie Minogue.

El día avanza. De forma altamente insospechada, mis firmas no cesan. No importa quién esté a mi lado: Carod Rovira, Frank de La Jungla, el cadáver exhumado de Keith Moon, alguna parienta de Bunbury. Sigo firmando. Y entonces llega mi padre. Es el momento menos rock’n’roll del día, pero de repente pienso en Paul Weller. Él también tenía a su padre de manager, y el suyo –como el mío- podía darle una bofetada a alguien, si las cosas se torcían. Llego a La Central. Están los amigos de Mongolia y Ben Brooks, pero no mi querido Miqui Otero, que se está marcando un Mick Jagger de órdago (no es cierto: seguramente se ha perdido, el muy nerd).

Viene lector más lector. Y van cuarenta. Un elevado porcentaje de firmas surgen del extrarradio: Gavà, Sant Boi, Viladecans, L’Hospi, Cornellà… Todo esto me hace sentir orgulloso, de una forma que no sabría definir: como si fuese su representante en el Congreso de los Diputados. Algunos me hablan de Rompepistas, otros de peleas, otros de rock’n’roll y subculturas, otro me habla de Don Carpenter y una chica me obliga a firmar un libro que no es mío, y que recomendé hace poco: el Boston, de Todd McEwen. Y un dato mondante: todos traen ofrendas. Mirra, incienso, los regalos de plástico del Babybel, metales preciosos. Es broma: en realidad todos me traen cerveza, en todos lo receptáculos posibles. Burps. A la hora de comer me zampo unos pies de cerdo en el Windsor junto a mi amado editor Jorge Herralde y su señora y Rafael Chirbes y el señor y la señora Feltrinelli. Hablamos de sífilis y chancros, orujo blanco contra limoncello, el manicomio de Sant Boi, tatuajes rusos, el baile del malambo y la desaparición de las criadillas. A las 18h estoy mamado como una maldita cuba y firmé cincuenta ejemplares. Soy Freddy Mercury. Encargo el Hovercraft y el tatuaje en mis posaderas. ¿Quién puede quejarse en Sant Jordi?

Kiko Amat

(Esta fue la crónica de Sant Jordi que apareció en La Vanguardia del 24 de mayo del 2013. Fue escrita (imposiblemente) a las 19h con unas copas de más, un deporte de riesgo que no practicábamos desde hacía lustros. Lo pasamos bomba. El cómputo real y final de firmas no son 50, sin embargo, sino unos 80: muchos de los lectores llevaban dos y tres libros para firmar -BUM, Rompepistas, Mil violines, el debut y Cienfuegos- Ahí queda eso; solo los losers llevamos la cuenta de estas cosas. Gracias a todos los que nos visitaron, y a los fieles de cada año. Y gracias por la cerveza)

Entrevista Kiko Amat para el Clarín argentino

Salió en su suplemento Ñ. Es ésta, y está la mar de bien.

También fuimos entrevistados en el Criatures del ARA hablando de hijos y de pasión “no negociable” con Francesc Orteu, y fuimos Contra del mismo diario ARA en una charla con Bibiana Ballbé. No existen versiones online de ellas, y no podemos colgar PDFs porque pesan más que nuestras gónadas en plena preparación del Primera Persona. O sea: un montón.

Juergaza Primera Persona y dos teasers

Tres cápsulas recién llegadas de Primera Persona HQ:

- Haremos una JUERGA de presentación el jueves 2 de mayo en el C3 bar del CCCB. Los Urogallos, Valero Sanmartí, Islandia Nunca Quema, Vàlius, Antonio Baños es un indepe salvatge y el espíritu resucitado de John Fante, entre muchas otras cosas. Admiren el cartel aquí.

- Un par de teasers para echarse al golete: el de Dani el Rojo, nuestro atracador predilecto, y el jukebox casero de Lidia Damunt.

Archivos

10 NUEVAS ENTRADAS

1) PJ PROBY Enigma

2) MARCOS VALLE Marcos Valle

3) THE TWEEDS Music for Car Radios

4) LOS CANGUROS Un salto adelante (1986-1990)

5) THE SOFTIES The Softies

6) NATURAL FOUR Natural Four

7) THE CLAIM Boomy Tella

8) EL ÚLTIMO DE LA FILA A veces se enciende

9) CHRIS STAMEY It's Alright

10) BILL WITHERS Making music

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RICHARD PRICE

The Wanderers

Roja y Negra/RHM

LOS CANGUROS

Un salto adelante (1986-1990)

BCore, 2013