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Biscuit: permaneciendo (una entrevista exclusiva con Xavi y Armand Cardona)
Empecemos hablando de amor. Amor a los discos. Me gustaría que me hablarais de vuestras primeras iluminaciones, las primeras cosas que os atrajeron del rock’n’roll, la canción que os cambió la vida a los quince años.
XAVI: Por alguna razón, recuerdo que el rock’n’roll siempre me había atraído, desde muy pequeño. Pero la iluminación vino -poco original que es uno- con los Beatles. Primero, una amiga de la familia un poco mayor que yo me dejó una cinta con varios Ep’s españoles de los Beatles grabados. Poco después, otro amigo, ante mi insistencia (aún recuerdo su cara de “Tú estás colgao, tío”), me dejó otra cinta del 20 éxitos de oro, una recopilación que acababa de salir y que se habían pillado sus padres. Al poco, me lo regalaron, en vinilo (que aún conservo) y me pasé todo séptimo y octavo de EGB machacando aquel pobre disco. Y eso fue todo, se había liado la cosa por los restos.
ARMAND: Soy el hermano menor o sea que imagínatelo. Creo que Xavi se deja el visionado de The Kids are alright de los Who como una de las primeras y fundamentales iluminaciones… Esas canciones y esa actitud cafre nos marcaron para siempre.
Y prosigamos con la mierda que os gustaba antes de que llegaran esos discos catárticos. No hace falta ni que sea placer, mientras sea culpable.
X: Antes de los Beatles mi obsesión era la Segunda Guerra Mundial. Estaba tan obsesionado con aquella época que los primeros discos que pedí (entonces no tenía ni dinero ni capacidad para comprármelos yo) fueron dos recopilatorios de la orquesta de Glenn Miller, que también conservo. Aunque, a decir verdad, no me siento nada culpable de ello. La música que escuchaban mis amigos de la escuela era Pink Floyd, Alan Parsons, Supertramp y cosas por el estilo. Debo decir, y aquí si que hay culpabilidad, que lo único que me gustaba de todo aquello era el Breakfast in America. Ah, sí, y los Bee Gees, y no los del First, precisamente. Cuando empecé a meterme en el rock’n’roll estaba más solo que la una, en casa jamás hubo un disco de rock’n’roll y, como he dicho, mis amigos no estaban mucho por la labor. Por todo ello, en mi búsqueda hice alguna cagada que otra como pillarme (y aprenderme de memoria, lo juro) un disco de Sleepy La Beef, o el single de la versión de “Be My Baby” de… ¡Leif Garrett! Yo qué coño sabía quién era el rubiales, a mí me gustaba la canción, que, obviamente, tardé años en saber de dónde salía.
A: Tú lo has querido: el Sinchronicity de Police, el Born in the USA de Springsteen y… el Sssshhhh de Ten Years After (¡este aún me gusta, qué pasa!).
Creo que la Segunda Guerra Mundial y la ciencia ficción (y la contracultura) eran los sellos del freak 70’s y 80’s. Greg Shaw fue simultáneamente fan del sci-fi y del rock’n’roll. ¿Habrá algún tipo de conexión subliminal entre saberse todos los detalles de la campaña de las Ardenas y luego comprarse discos de The Creation?
X: Pues debe haberla, porque me consta que no soy un caso único. No lo sé, en mi caso quizás un fenómeno y otro se deban a la misma necesidad de huir de un tiempo y un lugar en el que no te sientes a gusto. Y también el gusto por la historia, por los hechos que conformaron esa realidad con la que tan poco te identificas. Bueno, y el ser un poco nerd también ayuda, para qué engañarnos.
Billy Childish afirma que lo que más te gusta a los diecisiete es lo que más te gustará el resto de tu vida. ¿Es vuestro caso?
X: Absolutamente. En esa época yo estaba inmerso en la música de los sesenta cual niño en una tienda de caramelos, descubriendo el R&B británico, el pop, el rollo West Coast, el garaje americano, el freakbeat… La música que, a pesar de la notable apertura de miras acontecida en estos veintitantos años, sigue siendo mi preferida sin duda.
A: Está claro, todo el rollo garaje 80’s nos marcó mucho: Cynics, Fuzztones, Miracle Workers y Chesterfield Kings y su evolución posterior nos llevó a otros sitios que fueron fundamentales para nosotros: el rollo Detroit, el West Coast, el rollo hippie pre-hard rock… Todo eso sigue siendo algo a lo que vuelves siempre y creo que se nota en lo que hacemos. Posteriormente hemos escuchado mucha música pero no creó que nada nos haya influenciado tanto como eso.
Para Xavi: tu primera relación estable fue con el rollo 60’s filomod, y el tema garaje 80’s. Llegaste a tener un grupo, Canley Crematorium, luego Dr. No. ¿Qué recuerdas de aquellos años?
X: En el instituto, ¡por fin!, encontré a otros pardillos obsesionados con los Beatles y los artistas que versionaban, con lo que pronto acabé pasando las tardes de sábado en casa de alguno de ellos, jugando al fútbol con chapas de coca-cola y escuchando a los Beatles, Chuck Berry o Carl Perkins. Pronto, cuatro de nosotros decidimos que éramos los Beatles (sí, yo era John, el tocapelotas) y, cuando decidimos pillar unos instrumentos y lanzarnos… Resultó que Ringo no era capaz de tocar un cuatro por cuatro a la batería ni que le apuntaras con una pistola cargada. Pobre Ringo. Santa inocencia. Todo era la hostia: la primera guitarra eléctrica, los ensayos el sábado por la tarde a los que acudíamos de punta en blanco –mods de pueblo- para salir hechos una mierda, chuzos perdidos y sordos como tapias, el primer bolo en Barcelona (en el Communiqué, en un Mod Meeting co-organizado por ti, si no recuerdo mal. Cuando nos fuimos nos despediste como si fuéramos los Sonics: “Adiós, Gerry, adiós, Larry, adiós, Andy…), el primer local “propio”, un antro en el barrio de pescadores con pulgas incluidas… Fueron unos tres años divertidísimos. Éramos malos como la tuberculosis, pero, como te decía, todo era la hostia.
Blue Bus fue tu siguiente banda, donde empezó a militar tu hermano. Asumimos que le habías convertido a la causa. Él no llegó a llevar Chelsea boots y camisas de paramecios, sin embargo.
X: Bueno, no fue exactamente así. De hecho, Blue Bus eran la continuación de The Finitivos, el grupo de mi hermano al que me uní en el 88 o 89, cuando mis compañeros en Dr. No decidieron que querían convertirse en gerentes de inmobiliaria o altos cargos de la Generalitat (no bromeo), y me dejaron con el culo al aire. Mi hermano y yo siempre hemos estado muy unidos y él enseguida se apuntó a lo del rock’n’roll hasta el punto de que éramos una especie de “ente único”. Si uno de los dos decía que algo era la hostia o una mierda, se daba por sentado que hablaba por los dos. Sigue siendo así, en gran medida.
Habladnos de Blue Bus: logros y pifias, camisas tie-dye, amor por Screaming Trees y Doors, y qué pensáis ahora de vuestro único álbum, All Way.
A: Lo recuerdo con cariño por lo malos que éramos y lo tontos que llegamos a ser. All way da un poco de pereza escucharlo pero tiene su gracia y recuerdo lo divertido que fue grabarlo con Enrique Lindo, el productor del Picnic Caleidoscópico con el que contactamos gracias a la gente del Ansia de Color. Aunque lo bueno de Blue Bus fue la primera maqueta: esa no da pereza escucharla, tiene la frescura del grupo que acaba de empezar y no tiene ningún prejuicio en hacer lo que le sale, gracia de la buena.
X- Éramos muy jóvenes (cuando entramos a grabar la maqueta había alguno que apenas era mayor de edad) y la verdad es que podríamos haber hecho las cosas mejor en muchos sentidos. Aún así, a día de hoy yo sigo defendiendo All Way mucho más que, por ejemplo, el nefasto primer disco de Biscuit.
¿Por qué nefasto? Y una pregunta imbécil: ¿Por qué Biscuit? La verdad es que el nombre suena más a grupo indie-pop español de 1995 (Glamour, Zapato, Batidora, Viruela…) que a grupazo de garaje-ROCK.
A: Lunch music, nuestro primer y “escondido” disco es un truño, señores. Pero de todo se aprende en la vida y está claro que grabar un disco con autocritica = 0 y sin ningún objetivo claro de cómo debía sonar consiguió que nuestros discos posteriores fueran mejores… Y conocer a Santi García, claro!
X: Y lo del nombre proviene de una broma demasiado estúpida y soez como para reproducirla a estas alturas. Desde luego, yo hoy en día me negaría a ponérselo al grupo, pero es que la primera mitad de los noventa fueron tiempos raros para nosotros.
Hasta qué punto opináis que Biscuit fue una continuación de Blue Bus, o por el contrario lo veis como punto y aparte. Quiero decir que vuestras aspiraciones debían ser parecidas, y los miembros son (casi) los mismos. ¿Se trató de un “cambiemos de nombre y hagamos ver que somos otro grupo para poder echar al cantante”?
A: La verdad es que el cambio de nombre fue en gran medida porque estábamos hasta los huevos de las comparaciones con los Doors y porque queríamos hacer algo más “actual”, con menos influencias 60’s pero sin obviarlas… Me da la risa de pensarlo, siempre hemos estado muy fuera de onda. Ah, y los Doors nos siguen gustando.
X: Hombre, y el hecho de que las relaciones con el cantante ya fuesen tirando a tensas cuando yo entré en el grupo también tuvo su peso en la decisión, digámoslo todo. En todo caso, para mí está claro que se puede trazar una línea que une la primera maqueta de Blue Bus con Memorabilia. Parafraseando a Ali Rasheed Muhammad, de A Tribe Called Quest (¡toma eclecticismo!), la energía que tiraba de aquel carro viene a ser la misma que tira de este.
Me lo invento, pero ¿influyeron Redd Kross en vuestra intención de cambio? En desear ser un grupo menos psicodélico y más bailongo, más ruidoso, más feliz, más MC5, más powerpop, con más griterío, coros y riffaje.
X: No te equivocas, Redd Kross fueron uno de los grupos que nos marcaron el camino y nos enseñaron que sí, que se podía hacer música melódica con guitarras a tutiplén, energía a porrillo y un ojo y medio mirando hacia el pasado y ser el copón divino, junto con muchos otros como Posies, Teenage Fanclub, Buffalo Tom, Gigolo Aunts, etc. Aunque el verdadero punto de inflexión en este sentido tuvo lugar a finales del 97, poco después de sacar el primer disco (convertirnos en el grupo que somos fue un proceso mucho más lento y tortuoso de lo que hubiera sido recomendable). Tuvimos la oportunidad de telonear a los Young Fresh Fellows y, la verdad, ver a esos tipos más bien tirando a mayorzotes hacer lo que hicieron sobre el escenario de la sala La Imagen fue toda una lección que nos hizo entrar en razón definitivamente.
¿Cómo ha cambiado Biscuit desde que empezasteis? Vuestros cimientos siguen siendo la armonía, los riffs y el groove, como vosotros mismos afirmáis.
Nuestros cimientos siguen siendo esos, creo que el concepto sigue siendo el mismo del principio: guitarrazos y melodías pop. Hemos simplificado las canciones, cada vez tienen menos cambios y menos acordes, nos hemos dado cuenta haciendo versiones que las buenas canciones siempre tienen pocos acordes, las mejores tres, comprobado científicamente.
Me importa un huevo si lo habéis contado antes cien veces: quiero que digáis cuáles son los grupos y géneros que sujetan vuestro canon personal, y a los que de un modo u otro queréis pareceros. Porque hay grupos que son fans/nerds de discos y grupos que no lo son, y vosotros sí lo sois.
X: Sí, sí lo somos, y a mucha honra. Por alguna razón, yo siempre he tenido debilidad y me identifico plenamente con ciertos grupos australianos que manejan fórmulas muy similares a la que estamos tratando de encontrar nosotros desde hace años: Hoodoo Gurus, Johnny Casino and the Secrets, The Monarchs y, sobre todo, You Am I. Hay muchos más, la verdad, como Bevis Frond, todos los grupos de Graham Day, los Screaming Trees, los Raconteurs… Y si nos remontamos al pasado más remoto, ya no te digo. Pero lo de Australia siempre me ha llamado la atención.
A: Importantes para mí son los Who como concepto, Screaming Trees siempre, el 5th Dimension de los Byrds como referencia ineludible, los MC5 y los Stooges como “así es como tiene que sonar un grupo de R’n’R de blanquitos”, el soul Stax como “así tiene que sonar un grupo… de verdad”, los Small Faces y sus ramificaciones y los dos primeros de Led Zeppelin.
Sois defensores del grunge bien entendido (no mucha gente lo es, o se atreve a afirmarlo). Indudablemente, como todo fenómeno, tuvo cimas y simas. ¿Qué os parece más relevante de la escena/sonido de Seattle?
A: Nos gustaron y nos siguen gustando Nirvana, eran buenos en lo de guitarrazos y melodías pop. Además fueron muy importantes para descubrir a otros grupos de los 90 de los que somos muy fans y que grabaron discos que aun nos flipan ahora como Superchunk, Sugar, Posies, Buffalo Tom, Love Battery o Pond. A los Screaming Trees y Mudhoney los conocíamos antes de que inventaran esto del grunge y además fue el último “movimiento musical” que viví en primera persona, los anteriores (más interesantes, sí) no los pude vivir porque o no había nacido o era demasiado pequeño y los posteriores me la sudaron por razones de diferente índole.
X- Sí, yo sentí lo mismo. Nuestro acercamiento a lo que luego se llamó “grunge” se produjo de un modo natural: nosotros veníamos del garaje-punk de los 80 y queríamos hacer música atronadora con mucha melodía, mientras que ellos venían del hardcore de los 80 (cuando conocimos a los Screaming Trees aún publicaban los discos en SST) y, como se ha dicho de un modo un tanto estereotipado, mezclaban a los Beatles con Black Sabbath. No era lo mismo, pero se parecía lo suficiente.
¿Influye mucho ser de pueblo en vuestra percepción del mundo y en vuestra forma de organizaros? Mi apreciación es que las mejores cosas se consiguen en el aislamiento, y Biscuit son una nueva prueba de ello.
X: Claro que influye, no nos enteramos de nada y no queremos enterarnos. Somos lo peor en cuanto a saber relacionarse en el mundillo, cosa que las generaciones más jóvenes si han sabido hacer, ejemplo: Faraday… y así nos ha ido, pero también tiene sus cosas buenas, nuestra carrera y discurso, si se le puede decir así, es nuestro y solo nuestro, no es original, lo sabemos pero es muy nuestro, no crees?
Aunque uno tenga que vacunarse contra el infame “vinagre” vilanovino, por supuesto.
X: Por supuestísimo, hemos tenido suerte de que nunca hemos tenido éxito, lo llegamos a petar y nos despedazan… Aunque bien parados no salimos, fijo, aquí el vinagre corre a lo Usain Bolt.
Por otra parte, habrá otros grupos del país con los que ocasionalmente hayáis sentido algún tipo de conexión. Además, existe una red de rock’n’roll y garaje en España que seguro os debe haber cobijado todos estos años. ¿O es que os sucede lo típico: “Demasiado 60’s para los punks, demasiado brutos y rockandrolleros para los mods, demasiado indie para los puristas sixties, etc”?
A: Con los que siempre hemos sentido una especial conexión musical y personal es con los Meows, con los que hemos compartido conciertos y noches de desbarre vario. También con Sex Museum y Los Negativos como grupos bandera que abrieron caminos que otros pudimos seguir. Personalmente no me he sentido apoyado nunca por ninguna escena, siempre hay algún elemento que hace que no encajemos, demasiado cafres para los poperos, demasiado melódicos para los rockeros, demasiado indies para los 60’s, demasiado 60’s para los indies, demasiados solos de guitarra para los punks, demasiado punk para los hippies… ¿Sigo?
X- En todos estos años hemos conocido a mucha gente con la que hemos congeniado mucho en lo personal y lo musical. Los Meows son el caso más obvio y yo añadiría a los desgraciadamente desaparecidos Fortune Tellers, por ejemplo, pero nunca hemos formado parte de ninguna escena, lo cual no debería ser malo, pero me temo que en este país nos ha perjudicado más que otra cosa.
En vuestro backstage lo máximo que he visto consumir han sido carajillos y porros (en letal combinación). ¿Es posible llevar una vida de amor al rock’n’roll sin grupis, drogas ni adulación perpetua?
X: Hace años propuse adoptar como lema “So uncool even our drug of choice is legal”, pero no prosperó. A estas alturas creo firmemente que no solo es posible, sino necesario. Claro que eso puede ser por el perfecto desconocimiento que tengo de cómo debe ser la cosa CON grupis, drogas o adulación perpetua.
¿Y, más aún, es posible ser un rock’n’roller normal? ¿Tener hijos, hacer barbacoas, soplar velas en los cumpleaños, conservar un empleo?
X: Sí, desde luego si en algo se nos puede considerar arquetípicos es en eso. Somos la demostración viviente de ello. Para mí, a día de hoy, mi vida es un triángulo con tres vértices: la familia, el curro y el grupo. Evidentemente, hay ocasiones en que alguna de las facetas se da de hostias con otra, pero nadie dijo que la vida fuera fácil, ¿o sí?
Por cierto: ¿Qué piensan vuestros hijos de lo vuestro? ¿Les interesa o les parece una cosa de carrozas tripones? Mis hijos están ahora con el “Ai se eu te pego”. Vosotros que tenéis hijos mayores: ¿debería obligarles a escuchar discos dignos, o eso no haría más que crear nuevos recelos?
X: Hombre, mi hijo mayor cumple los siete el mes que viene, así que todavía me queda un respiro hasta que empiecen a odiar todo lo que hago o me gusta a mí. De momento, a pesar de que las influencias externas, por lo que dices y por desgracia, son las mismas que las de los tuyos, les hace bastante gracia lo del “grup del papa i el tiet”. En cuanto al consejo que pides, sí, me temo que cuanto más les eches tráquea abajo, más te lo vomitarán en los zapatos. Mi táctica es no forzar la cosa, pero tampoco esconder que la música (y cierto tipo de música en concreto) es parte fundamental de mi vida. A partir de ahí, ellos decidirán. De momento, debo admitir que gozo cual perra al verles corear a los tres al unísono el “Ready, Steady, Go” de Generation X, una de sus canciones preferidas.
Vida en la carretera. Inefable parte de la mitología r’n’r. En qué punto del camino de la vitta uno se dice a sí mismo: “Vale, estoy hasta los cojones. No vuelvo a ir a tocar al Beat de Tomelloso. Vended la furgoneta”.
X: ¡No hemos tocado nunca en el Beat de Tomelloso! A ver si hay suerte y eso cambia. En nuestro caso, tengo la impresión de que el hecho de que nos conozcamos desde hace más de un cuarto de siglo y nos hayamos soportado todo este tiempo nos ayuda a llevarlo mejor. Qué coño, seguimos pasándolo de muerte haciendo el mongo por estas carreteras de dios, así que la respuesta a la pregunta es: aún no lo sé.
A: Pregúntamelo un jueves a las 4 de la mañana descargando la furgo después de tocar en el Sidecar, pensando en que dentro de 4 horas tengo que llevar los niños a la escuela y trabajar en esa misma escuela… Y lo hablamos. Coñas aparte, para mí a día de hoy sigue valiendo la pena.
No me pudo creer lo del Beat de Tomelloso. ¡Es vuestro hogar natural! Por allí paran todos los grupos que os chiflan. De gira por Europa, Los Dictators hacen (no es broma) Madrid, Barcelona, TOMELLOSO, París, Londres…
A: Me remito a la anterior pregunta, pensarán que somos demasiado indies o que sabemos tocar demasiado, ¡vete tú a saber! No sé, pero me gustaría mucho tocar allí, todo el mundo habla maravillas de ese sitio.
X: Lo del “hogar natural” me recuerda a ciertos festivales (al menos un par de ellos hay) de los que se hacen por España en los que todo el mundo considera que deberíamos haber tocado (“Pero, ¿cómo? ¿No habéis tocado en el XXX? ¡Pero si parece hecho a medida para que toquéis vosotros!”) y, seguramente por razones ligadas a lo que apuntabais (u otras de índole más personal que ahora mismo no se me ocurren, pero vete a saber), no se ha dado el caso.
También nos hemos visto en infinidad de conciertos. Debo decir que echo de menos el modus vivendi conciertero (en cierta época veíamos tocar a dos o tres grupos por semana, mínimo), pero por otro también me alivia no tener que soportar al tonto bailón, al motora empujón, al borracho que decide hablarte justo cuando empieza “la buena”, al promotor mezquino, al ampli defectuoso, la cuerda rota y la sala inmunda, etc.
X: Me sabe terriblemente mal admitir esto pero, sí, la verdad es que llegó un punto en que me cansé de ir a conciertos. Bueno, no, cansancio quizá no sea la palabra correcta… No sé cuál es. Lo que sí sé es que, durante muchísimos años, ir a un concierto era como lo de ser un adolescente e ir a ensayar los sábados que te contaba unas preguntas más arriba. Salías descamisado, sudado, si había presupuesto con alguna camiseta o un disco, siempre con varias cervezas de más, y sintiendo una felicidad de una clase que ninguna otra actividad, por placentera que fuese, te daba. Un día, y de eso no hace mucho, aquello sencillamente dejó de ocurrir. Supongo que podríamos estar horas analizando causas y efectos, pero lo cierto es que pasó. Dicho esto, hace un par de semanas teloneamos a Eddie and the Hot Rods y me lo pasé de miedo con ellos, pero… No es lo mismo, coño, ya no es lo mismo.
¿Os tomáis de forma personal el escaso caso que os hacen los medios (a excepción de un par de revistas rockeras), o ya os va bien estar como estáis? Así, tranquilitos.
X: Antes nos lo tomábamos fatal, pero con nuestras circunstancias vitales actuales estar un tanto, o mucho, fuera de la pantalla del radar ya nos viene bien, la verdad (al menos a mí…).
A: La crítica, poca como has dicho tu, siempre nos ha tratado bien, el público menos, cuando te haces 600 km en furgoneta para tocar para 15 personas, a veces duele, aunque los 15 sean majetes y se compren el disco al acabar el concierto.
No voy a preguntaros especificaciones técnicas de Memorabilia, vuestro último álbum, porque ni me importan ni las entendería (pese a que me encanta el disco). Pero sí habladme un poco de él, como padres orgullosos (y sin menciones a amplis de válvulas, etc.).
A: Es muy sencillo. Dejando de lado lo que dices tú -Chicago, el estudio, las guitarras molonas, etc.- las canciones son las catorce mejores canciones que hemos hecho en los veinte años que llevamos juntos, sencillas, directas y con pelotas, nada más y nada menos.
X: Totalmente de acuerdo, es así. Además, viene a ser como aquellas recapitulaciones que hacen en todos los capítulos de ciertas series americanas, pero a lo bestia, en vez de empezar con: “En el último capítulo…”, empezaría con: “En los últimos nueve años…”. Fue como coger todo, o casi todo, lo que nos gustaba de los tres discos anteriores, añadirle algo de lo que siempre habíamos querido hacer pero no habíamos podido y aplicarle todo lo que hemos aprendido en estos años. El resultado es que ahora nos encontramos que lo siguiente que hagamos tiene muchas probabilidades de ser “más de lo mismo”, situación en la que jamás nos habíamos encontrado. Pero bueno, eso pertenece ya a otro capítulo.
(En Bendito Atraso siempre hemos sido fans de Biscuit. Desde antes de que existieran, de hecho: vimos a Dr. No en 1988 (y tuvimos su maqueta) y seguimos a Blue Bus durante su breve trayectoria. Hoy, Biscuit acaban de sacar uno de los mejores discos de su carrera, Memorabilia, para La Castanya, y actúan este jueves 21 en el Heliogàbal (Ramón y Cajal, 80). No falten)




