Entradas con la etiqueta ‘Jordi Llansamà’

Harto de todo: Hardcore Barcelona

Jordi Llansamà, fundador del pionero sello BCore, recoge en Harto de Todo: una historia oral del punk en la ciudad de Barcelona 1979-1987 todo lo que merece la pena saber sobre el inicio del punk y el hardcore en la Ciudad Condal. Su libro (contrastado, veraz, exhaustivo) marca un antes y un después en la investigación subcultural de los cultos juveniles post-franquistas en España.

La escena punk barcelonesa nunca ha sabido vender bien sus gestas subculturales, sus héroes y batallas. Siempre ha existido un miedo a parecer presuntuoso, una moral no escrita basada en la humildad y el quitarle hierro a todo, como si aquello (el inicio del punk y el DIY, la construcción de una subcultura no-dependiente del comercio y las corporaciones) fuese solo una feina que sus protagonistas realizaron sin intenciones fraudulentas ni ambiciones carreristas. No hay más que comparar la cantidad de celebridades y star system que generaron el punk madrileño y el barcelonés para ver que no se trata de dos versiones distintas de una misma subcultura, sino dos concepciones radicalmente opuestas desde su gestación.

Hasta hoy, la historia de esta nueva cultura se conservaba sólo de forma oral. Al margen de los fanzines y discos del momento, no existían documentos escritos que registraran su trayectoria; y cuando estos aparecían, se trataba de obras en extremo amateurs y poco elevadas, indudablemente punks pero caóticas y sin ambición historiadora. Harto de todo, de Jordi Llansamà, viene a cambiar todo esto, y encima lo hace de manera gigante. Su trabajo es una monumental faena de investigación completamente inaudita en nuestro país, y el resultado un libro excepcional que no canjea pasión por erudición, sino que exhibe ambas, y encima usando las voces de los implicados.

Esta ciudad se merecía su Hardcore California, su Por favor mátame, su England’s dreaming o su Banned in DC en versión local, y finalmente ha llegado. Harto de todo: no sólo el mejor libro sobre el punk escrito en España, sino el mejor documento sobre una subcultura jamás publicado en nuestro país.

Escena y actitud

La moralidad dentro del punk era intocable. Los punks tenían una falsa moral, no podías enseñar una teta o provocar porque te tachaban de cualquier cosa. Silvia Resorte

Algo que influyó al punk fue que estábamos en España. La tradición del alcohol y la cultura de fumar. La gamberrada tiene un toque humorístico, lisérgico, surrealista, tamizado por un uso importante del hachís. Aquí se producía una combinación bastante curiosa que surgía de la chispa del surrealismo andaluz (…) metida en la mente de unos jóvenes con un espíritu y unos ideales de hacer cosas de otro mundo. Cirera (Frenopaticss)

La relación entre los punks de esa época era muy dura. Éramos colegas, pero no te podías fiar de nadie porque había mucha mezcla de lo que era punk y lo que era delincuencia juvenil. Y todo asociado al consumo de drogas. No había nada establecido sobre lo que era punk. El que más punk era igual era el que más bestia era, el que pegaba más palos o el que era capaz de hacer más el gilipollas. Panko (Último Resorte, Attak)

Los principios del punk fueron muy garrulos, porque para uno que había con ideas había diez que eran destroyers. No es como ahora, que el movimiento se ha hecho más inteligente. Se venía del franquismo y de la represión, el punk auténtico era cholo. Cuando pensabas en punk no pensabas en una cresta y tachuelas. Eso sólo lo podían tener los privilegiados que se podían permitir el lujo de viajar a Londres. Dimony (Attak)

Madrid-Barcelona

En aquellos momentos teníamos buena relación con Alaska, Ana Curra, etc. Pero todo se fue al garete por unas declaraciones que hice en una revista que decían: “Mis muñequeras son para pegar y las de Alaska son de adorno”. Silvia Resorte

Con la gente de Madrid (Alaska, Parálisis Permanente…) existía una relación amor-odio. A veces se dejaban caer por Barcelona o nosotros visitábamos Madrid, pero no les gustaba demasiado nuestro rollo callejero y de movernos por El Chino. Cirera (Frenopaticss).

Punk de escaparate. Así llamábamos sobre todo a las cosas que nos llegaban de Madrid. Aunque en Barcelona la relación entre la peña fuese más dura, el movimiento era más social, más radical, más antisistema. Panko (Último Resorte, Attak)

Violencia

La gente habla de palizas y yo recuerdo solamente empujones. A los mods no los podías apalizar porque cuando levantabas la mano ya estaban a diez metros. Quique (Skatalà)

Recuerdo un concierto de Frenopaticss donde me dieron una paliza en que casi me matan. Fue una pelea con los garrulos del bario. Todos los punks se rajaron y salieron por patas, y a mí me dieron una tunda casi mortal. Xavi Shock me tuvo que meter cuatro picos de morfina en una pensión de Portal Nou. Si hubiera nacido en Madrid sería más famoso que el coño de la Bernarda. Dimony (Attak)

Tocamos en el Rock-Ola de Madrid. Sólo pudimos tocar cuatro temas, porque al dar el primer acorde la gente nos empezó a escupir, en especial a Silvia, que parecía un árbol de navidad. Además la tiraron al suelo y le arrancaron la camiseta. Me puse de los nervios y le tiré el pie de micro a un tío a la cabeza, y a algún otro le aticé con el bajo. Al final acabamos todos en comisaría, sin cobrar y con una demanda por destrozos de parte de la sala. Juanito (Último Resorte, GRB)

Yo estaba peleado con el punk desde sus orígenes, porque viví muchas situaciones de violencia: Xavi Shock cogiendo a chavalas por la calle y cortándoles el pelo, gente que cuando necesitaba dinero iba a las Ramblas y pegaba pequeños palos y volvía con chupas robadas (…) Muchas peleas, botellas partidas en la cabeza, etc. Strong (Último Resorte, GRB)

Sonidos punk y mutaciones hardcore

La gente sonaba a punk rock, utilizaba riffs de rock’n’roll, y nosotros empezamos a hacer un punk mucho más acelerado y agresivo. No era hardcore, pero era más rápido y distorsionado: un sonido más como los Dead Kennedys o incluso Discharge. Dimony (Attak)

El hardcore tuvo un día decisivo en Barcelona y fue la actuación de los MDC. En la prueba de sonido ya estaban regalando singles (…) llevaban skateboards -no sabíamos ni qué eran- y sus seguidores se sabían las letras de pe a pa. Además, eran vegetarianos e iban todo el día comiendo verduras crudas. El primer choque cultural fueron las hamburguesas que les habían preparado en el Fantástico. Evidentemente, no cenaron. Silvia Resorte

La mayoría de bandas como Resorte o Kangrena sonaban más a Ramones, The Exploited o Plasmatics. Nosotros ya hacíamos una especie de hardcore bastante radical para la época. Hacíamos un punk disonante y muy rápido, más como Discharge o GBH. Ya pasábamos del sonido de Pistols o Ramones. Manel (Attak, Shit S.A., Anti/Dogmatikss, Skatalà)

La evolución del punk al hardcore la vivimos en nuestra propia carne: me acordaré siempre del día en que llegó el primer LP de los Dead Kennedys al Texas, el bar donde quedábamos normalmente. Nos quedamos a cuadros. Oír aquellas canciones, con aquella duración, fue una locura. Medio minuto y empieza otro tema (…) Para mí hay un antes y un después. Ángel (Frenopaticss, GRB)

Cuando vinieron los MDC las cosas cambiaron radicalmente, primero porque vimos una actitud más politizada, más radical; una estética menos llamativa que la que llevábamos hasta el momento heredada del punk pero agresiva y muy de calle, y sobre todo por el sonido. Yo, que tocaba la batería y creía que tocaba rápido, cuando vi a los MDC dije: “¡Coño, esto es impresionante!”. Boliche (Subterranean Kids, Frenopaticss, Shit S.A., Tropel Nat).

Luego llegó el hardcore, que era un poco más creativo y constructivo. Nosotros no éramos demasiado panfletarios o políticos. Aunque en la maqueta hay una declaración de intenciones, hablábamos de lo que veíamos en la calle. El rollo panfletario y alternativo a veces pude ser demasiado fofo. Nunca he soportado el rollete hippie-punk. Mimo (Subterranean Kids)

Drogas punk

Nuestra droga era la anfetamina. Cada día antes de empezar un ensayo íbamos a la farmacia y pillábamos Bustaid y Maxibamatos. Evidentemente, necesitabas receta, pero entonces era fácil falsificarla. Íbamos colocadísimos, lo mínimo que nos metíamos eran diez pastillas de Bustaid al día. Silvia Resorte

Cuando entró el caballo eso sí fue un palo gordo, porque ver a la gente que formaba el movimiento punk tope espitosa, y después quedarse así, con la cabeza para abajo y medio zombies… Fue la decadencia. Dimony (Attak)

Nosotros nos metimos en el caballo a través de los RIP. Carlos, el cantante, fue el primer tío que me metió un pico de caballo por la vena (…) Yo no sabía que ellos iban de heroína (…) les veía muy tranquilos y tampoco tenía mucha idea de los efectos que producía (…) Estuvimos enganchados a la heroína entre 1983 y 1990, el año en que murió Manolo de sobredosis. Murió aquí, sobre mis piernas. Kike (Kangrena)

La concepción del caballo para alguien como yo, que venía de un barrio obrero y de una familia obrera, es que era pijo. La gente de la escena que lo consumía venía de otras clases sociales más acomodadas. Para ellos era la marca para convertirse en una leyenda: “Me meto caballo”. Mike (Último Resorte, GRB)

Punk rock changed his life: Al habla con Jordi Llansamà

Cuéntanos por qué la historia empieza en Último Resorte y no en La Banda Trapera del Río. ¿Es una decisión moral o estilística?

Porque para mi Último Resorte son la primera banda punk de Barcelona. La Trapera podría ser Proto-Punk o Rock Macarra, pero no punk. Me pasa lo mismo con Stooges o Dictators, etc. Para mi punk son los Pistols. El punk lleva chupa de cuero, tachas y los pelos de punta, aunque casi paralelamente aparecieran bandas con menos peso estético pero de similar actitud a las que también considero punk.

¿Con qué dificultades te encontraste a la hora de hablar con los implicados?

En general con pocas, ya que a muchos de ellos les conocía personalmente o teníamos algún amigo en común. El trabajo más duro de investigación fue encontrar a Kike de Kangrena, quien llevaba desaparecido décadas. Encontré una pista en internet por una baja de trabajo del Ayuntamiento de Masnou. De ahí conseguí su dirección y le envié una carta ordinaria. Con esa pista y a través de un conocido de Boliche acabé por dar con él en Masnou.

¿Hay alguien que lamentes no haber podido incluir en el texto final? ¿Desechables?

Estuve investigando para encontrar a “Chema Campeón”, que era el portero y regidor del Zeleste durante esa época y seguro que nos podía explicar cosas interesantes y desde otra óptica. Sobre todo porque los grupos trataban con él a la hora de montar los conciertos, etc. Luego se han quedado en el tintero entrevistas como la de Ernest Casals de Flor y Nata Records, el Conan de Mensakas, etc., pero tuve que decidir poner fin en algún momento o no lo hubiera acabado nunca. Lo de Desechables fue un error informático. Quedé con Tere y estuvimos conversando, pero tuve un problema con el archivo de audio y, aunque lo intenté de nuevo en diferentes ocasiones, nos fue imposible volver a quedar.

¿Por qué el fin en 1987? ¿En cuanto a implicado, qué echas de menos de aquellos años? ¿Qué crees que ha empeorado y qué ha mejorado, comparando con el punk/HC actual?

Porque a partir del 87 el punk-hardcore deja de ser un movimiento marginal o estrictamente escenero y empieza a ser absorbido por los universitarios o chavales de clase media-alta. Aparecen las primeras bandas de hardcore melódico y el sonido empieza a comercializarse. Los punks ya no son gente de la calle o de barrio, son chavales con más medios, menos compromiso y las temáticas de las letras son más banales. Personalmente creo que no tiene tanto interés. Lo que más se echa de menos es la espontaneidad, la falta de pretensión y el cabreo. Creo que ahora la gente está demasiado domesticada. Evidentemente el panorama musical actual es mucho más rico y el acceso a la música y la cultura en general es mucho más fácil. Lo difícil en esta jungla de sobreinformación es separar el grano de la paja.

Kiko Amat

(Artículo publicado originalmente en la revista Rockdelux #294, abril del 2011. Las imágenes son, por orden descendiente: Shit SA, Zeleste 1985, Manel y Wells. Foto: Arturo Xalabarder; Kangrena: Manolo, Jhonny Sex, Quoque y Kike. Foto: Archivo Yuju; Joni Destruye, de Epidemia. Foto: Archivo Meme; Jordi Llansamà. Foto: Ivone Lesán)

Harto de todo: amanecer punk

Subcultura Jordi Llansamà documenta con mimo investigador el periodo inicial del punk en Barcelona (1979-1987) en Harto de todo, un trabajo minucioso y emotivo que plasma mediante historia oral el verdadero underground urbano de los 80’s.

A la gente se le olvida lo grises que fueron los setenta españoles. Comparados con el mundo tecnicolor (y privatizado) de la Barcelona de hoy, con esas aulas que parecen anuncios de Benetton y la rua incesante de gente cool por nuestras calles, la Ciudad Condal de entonces se antoja un lugar en perpetua penumbra, borroso con interferencias de televisor portátil; un páramo de convención, miedo, abulia e inexistente cultura juvenil. Y, sin embargo, como en los continentes inexplorados del XIX, aquello no era óbice para la existencia de múltiples focos virales de entusiasmo adolescente y furia creadora. En aquella ciudad podrida pero sin domar nació el punk barcelonés de 1979; otro mundo virgen y secreto, aún por hacer.

Harto de Todo de Jordi Llansamá narra con entusiasmo y, asimismo, gran maestría un periodo que, por urgencia, inocencia y pasión, puede compararse a los 60’s británicos: el lugar donde empezamos, que diría William Golding. De la plastilina verde-ocre del marasmo post-franquista empezaron a surgir héroes, batallas, narrativas y, especialmente, una auténtica avalancha de bravos y ruidosos grupos: Último Resorte, Attak, Shit S.A., Kangrena, Sentido Común, Frenopaticss, L’Odi Social, GRB, Subterranean Kids, HHH, Skatalà y más. Y han leído bien: antes he dicho héroes. Porque la bravura que implicaba ir por la calle vestido de punk en el periodo documentado sólo puede ser tildada de heroica. “Yo creo que hemos sido más punks aquí que en Londres”, declara en el libro Dimony, entonces batería de la banda Attak, “En Londres era una moda, estaba apoyada por una tienda y por alguna tendencia. Aquí llevando esas pintas te jugabas el físico diariamente, aparte de que ya tenías claro que acabarías un par de veces al día, como mínimo, en la comisaría”.

El propio Dimony, uno de nuestros soldados desconocidos sin monumento, expone también la gran diferencia identitaria entre la nueva ola condal y la madrileña: “En el centro de Barcelona se empezó a formar realmente un movimiento que en mi opinión fue mucho más auténtico que el de Madrid, porque allí tuvieron el apoyo político de Tierno Galván. Fíjate en la cantidad de grupos que salieron de Madrid. Pues aquí había los mismos grupos o más, pero nunca tuvimos ningún tipo de apoyo”. En la capital española, la avalancha de imperdibles tuvo un componente pop del que careció por completo el punk rock condal. O, como declara Llansamà en su emotivo prólogo: “Este libro no es un homenaje, es una afirmación. El punk existió en Barcelona, y existió totalmente al margen del negocio musical, de la prensa y la farándula. Aquí no posamos para salir en la foto. Aquí se vivió con todas sus consecuencias”. Comparar el punk condal con el madrileño es como comparar la insurrección sindical de SEAT en los setenta con la caputxinada. En Madrid, la clase artística y cultural se alineó con las aspiraciones artísticas, la movilidad social y las –sin duda espléndidas- canciones de la nueva ola filo-punk (Pegamoides, Paraíso, Radio Futura…). Barna, por el contrario, era Amanecer Zulú: los punks estaban dejados de la mano de Dios, y no hace falta decir que la mayoría de escritores, comixeros y fotógrafos de la élite contracultural presenciaron el brote punk con un rictus de asco-terror en sus caras, como si se tratara del “enemigo interior” (que diría la Thatcher). Ese patente abandono inoculó en nuestro punk un espíritu de guerrilla que lo radicalizó al máximo, subrayando aún más las diferencias con su primo madrileño: según se popizaba allí, aquí se avanzaba hacia el hardcore; según se tornaba apolítico allá, aquí gestó el inicio del movimiento squatter, las movilizaciones anti-OTAN y la militancia antifascista.

Llansamà relata esta epopeya teen de la única forma en que puede hacerse: prescindiendo de sociólogos y musicólogos, y hablando en exclusiva con los protagonistas. Son ellos y sus coloridos nombres (Boski, Panko, Boliche, Dimony, Gos, Poly, Damned, Strong…) los que edifican esta historia oral, con todas sus drogas, fanzines, caídos, bares y locales de ensayo. Y su historia se lee como un poema épico de autosuficiencia, rebeldía y testarudez ante la derrota. Harto de todo, hay que decirlo, no es sólo el mejor libro sobre el punk escrito en España, sino el mejor documento sobre una subcultura jamás publicado en nuestro país. No olvidarán su lectura.

La otra novedad punk: Que pagui pujol

Uno de los entrevistados por Jordi Llansamà durante la recopilación de testimonios de su libro fue el editor del fanzine NDF, Joni Destruye. Fue aquella conversación la que inoculó en el entrevistado el ansia de contar su versión, y el inmediato resultado fue Que pagui Pujol!; una crònica punk de la Barcelona dels 80. Su libro es distinto de Harto de todo por varias razones: Que pagui pujol no pretende ser otra cosa que una visión privada, relatada con emoción y candidez, de la primigenia experiencia punk barcelonesa y su evolución. Su estilo es fragmentario, casi como un monólogo inconsciente, y el autor salpica en el texto recuerdos de infancia, familiares y de escenario en la cronología. Está lleno de ideas y reflexiones acertadas, pero no puede verse como (ni trata de ser) un intento de visión unitaria y archivista de la historia punk condal. En ese sentido, Que pagui Pujol puede tomarse como el complemento de Harto de todo, pues al margen de lo ya comentado, incide en áreas donde el libro de Llansamà no pretendía adentrarse (las manifestaciones, la okupación); a su vez, el trabajo de Joni D. ofrece mucho menos punk rock, drogas o uniformes que Harto de todo, con la meticulosa exposición de evolución sonora y metamorfosis tribal de este último. Cada uno en su casa, pues, y punk en la de todos.

Kiko Amat

Harto de Todo: una historia oral del punk en la ciudad de Barcelona 1979-1987

Jordi Llansamà

BCore Books

634 págs

Que pagui Pujol!; una crònica punk de la Barcelona dels 80

Joni D.

La Ciutat Invisible Edicions / Hace Color

188 / 191 págs

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 27 de abril del 2011. Las dos fotos que incluímos aquí son un insignificante aunque sublime ejemplo del maremoto de material gráfico -en su gran mayoría inédito- que inunda las páginas de Harto de todo. La primera muestra a Rosa y Strong, ambos de Último Resorte (foto: Nuria Delgado, archivo Strong), y la segunda está protagonizada por Panko, de Attak, en directo en El Garatge de L’Hospitalet (foto: Arturo Xalabarder). Próximanente publicaremos aquí el otro artículo escrito por Kiko Amat sobre Harto de Todo, en este caso para la revista Rockdelux, con un sinfín de fragmentos escogidos del libro, así como una mini-entrevista con su autor, Jordi Llansamà)

Archivos

10 NUEVAS ENTRADAS

1) PJ PROBY Enigma

2) MARCOS VALLE Marcos Valle

3) THE TWEEDS Music for Car Radios

4) LOS CANGUROS Un salto adelante (1986-1990)

5) THE SOFTIES The Softies

6) NATURAL FOUR Natural Four

7) THE CLAIM Boomy Tella

8) EL ÚLTIMO DE LA FILA A veces se enciende

9) CHRIS STAMEY It's Alright

10) BILL WITHERS Making music

Leer más

RICHARD PRICE

The Wanderers

Roja y Negra/RHM

LOS CANGUROS

Un salto adelante (1986-1990)

BCore, 2013