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Lista del mes (diciembre 2011): 7 Grupos pop españoles que el mundo olvidó

1) Los Canguros: Les he hablado cientos de veces de Los Canguros, uno de mis grupos favoritos cuando tenía la desfachatez de haber vivido solo diecisiete años, y me dispongo a repetirlo ahora. Su líder era Felipe (luego alma de Los Fresones Rebeldes y Cola-Jet Set), mod avanzado que tanto se bailaba un “At the discotheque” en parka y corbata como empezaba a cantar las bellezas de Everything But The Girl o Weekend. Los Canguros, espejo de la mente de su creador, sonaban a una mezcla de Los Brincos (y pop español de los sesenta), Makin’ Time, mod-con-trompetas, pop inglés avanzado de los ochenta, post-punk y sonido Farfisa, todo ello aderezado con ocasionales tonos surf barracudistas y versiones inauditas para un grupo mod de los 80’s, como el “Grinding halt” de The Cure y “La música de la ciudad” (adaptación del “Street Waves”, de Pere Ubu). Me volvían majareta, se lo juro, y apena lo suyo que no dejaran otro legado vinílico que tres canciones en el recopilatorio Barcelona Húmeda y varias maquetas en obsoletísimo casete. Por fortuna, el dedicado amigo Jordi Palotes, conocido fan y agitador cultural, recopiló toda su obra en dos descargas que ustedes pueden bajarse ahora mismo desde sus casas. Ésta y esta otra. Hits que aún me conmueven y agitan: “El hombre de piedra”, “MCPR”, “El día que vuelvas” y “El eco de las olas”. Una maravilla. Que alguien lo reedite, corcho. Trivia pop-restauradora: una segunda encarnación del grupo incluyó al futuro cocinero-star Sergi Arola, que incluso llegó a firmar algún tardo-hit.

2) Los Más Turbados: No se bautizaron con el nombre más atrayente del mundo. De hecho, es una tarjeta de presentación harto desafortunada. Pero su disco Electroshock (Waco, 1993) me sigue sumiendo en un rotundo delirio de fuzz (esto era un intento de escribir a lo crítico rock). Suena a JAMC, Eugenius, Superchunk y Screaming Trees, aunque no tengo claro que esto fuera lo que escuchaban. Las letras estaban muy por encima de la media (a pesar de su ocasional punto Mandeloqué: “neurosis en el embrión”, “disecciones en materia viva” y otras frases de libre asociación), y cantaban en español, sin los guachi-guachis-filismei-makei de contemporáneos como Australian Blonde. Una de sus canciones se llama “Los años del frescor”, para aquellos de ustedes a los que les gusta atar cabos. LMT eran de Oviedo, y es posible que aún continúen en activo. Con el mismo nombre.

3) Korroskada: No suele hablarse mucho del perfil pop de muchos grupos del llamado Rock Radical Vasco, y cuando se hace suele ser peyorativamente. Pero grupos como Korroskada sonaban claramente pop, y así lo demuestra la sensacional “Torero”, con esa elevadora trompeta y ritmo 80’s ska que tanto suena a Akrylikz, Skin-Deep y The Beat como a Ejecutivos Agresivos o Kamenbert (pese a las botas y tirantes). Korroskada eran grandes y entusiastas y bailongos, y encima fueron los desencadenantes de la Gran Epopeya de los Heavy-Nazis de Manresa, que ustedes sin duda habrán leído ya en el primer capítulo de nuestra serie En las Batallas. En realidad, la gran mayoría del Rock Radical Vasco es mucho más honesto, auténtico, reivindicable y puro -pese al ocasional panfletarismo de algunas letras- que casi todo lo que triunfa en el indie exitoso de hoy.

4) Los Buenos: No confundir con el grupo de freakbeat-blues sixties donde militaba el hermano de John Mayall (Rod). Los Buenos de Albacete eran un grupo mod moderno de 1988-90 que escuchaba discos de Creation, Buzzcocks, Kinks y Eyes y lo transformaba en algo vivo, bonito y perdurable, nada nostálgico. YouTube está plagado de videos de actuaciones suyas, así como clips de voz (con el inevitable op-art parpadeante e inductor de jaquecas en la parte visual), lo que demuestra que pese a su casi inexistente legado físico (de nuevo, solo maquetas en K7 y un par de apariciones en recopilatorios del tipo “V Festival Castellano Manchego Por –sic- Rock”) muchos fans se resisten a olvidarlos. Sus letras eran mejores que las de Los Flechazos (menos alud referencial, más vivencias, parecida ansia himnal), y solo la mala suerte y el cansancio –así como, sin duda, la localización geográfica- cortaron abruptamente el camino hacia la memoria colectiva y la inmortalidad. El factor Viaje en el Tiempo tampoco es desdeñable, lo confieso: escuchando de nuevo cosas como: “Tomo por mi cuenta las decisiones / Que algunos consideran grandes errores / no me importa caer una y mil veces / Me gusta ver como palideces ante mí” revivo aquella familiar sensación: la de recordar exactamente cómo era yo a los diecisiete, congelado en el tiempo, justo antes que interviniera la fatalidad, la pérdida de inocencia, los meandros de la desilusión, los errores y las traiciones. Un tiempo, 1988, en que todo debió parecerme perfecto y emocionante, early, como aquel recopilatorio de A Certain Ratio. Trivia indie rock por partida doble: en el grupo militaba Joaquín Pascual, luego líder de Mercromina. Su líder Juan Carlos Rodríguez se unió a los Chucho de Fernando Alfaro. ¿Hits? “Algo en mí ha hecho click”, “Las agujas de mi reloj”, “Tres Razones Imposibles Para Intentar Soñar”, “La ciudad que nos vio nacer” y “Albacete pop-art”. Y las que me callo.

5) Los Eskizos: Muchos barceloneses se tomaban a este grupo gallego en broma, por las letras mod revival de su primera maqueta y la entrañable inocencia de su sonido primigenio. Por mi parte, nunca he olvidado su encarnación inicial, y dejaron de interesarme en el momento en que se volvieron proficientes y renacieron como (indudablemente poderosa) máquina de rock’n’roll a lo God, Radio Birdman o Scientists. No es que lo que hicieron posteriormente fuese malo, no me entiendan mal; es simplemente que la pureza casi infantil de sus inicios rebozados de parkas y polka-dot era una cosa tan inmaculada, tan joven y sin mancha, que me fue imposible reengancharme a su rotunda y celebrada ascensión rockera. En Galicia, muchos echan de menos a los Eskizos huracán de 1992. En mi casa, lo que nos conmueve aún son Los Eskizos bebés de 1988: cuando cantaban a “Mi última Lambretta” y fabricaban entrañables himnos patrum-patrum de aburrimiento, pasión y esperanza extrarradial. Qué quieren, nosotros somos así.

6) Los Selenitas. Un caso similar al anterior. Sin duda, los barceloneses Selenitas se convirtieron en mejores músicos y performers según iban pasando los años, pero en este fatigado y atribulado corazón siempre quedó el grupo de la primera maqueta (incluía “Hacia el valle”, himno personal a lo largo de 1995), del primer single en Subterfuge (Lo mejor del sol), y, cómo no, los autores de una de las mejores canciones del pop español de todos los tiempos, “Los años que nunca volverán” (de su LP Nuevo artefacto sonoro). Pocas veces se han escrito en nuestro idioma lamentos por el paso del tiempo tan acertados, sobrios, maduros y emocionantes como esta increíble canción de tono The Style Council y sentimientos despellejados y herviditos. La grabaron cuando tenían veinte años, cosa que aún deja perplejos a los miembros del grupo (“¿Qué sabíamos nosotros entonces de los años que nunca volverán?”, nos confesaba recientemente su ex-cantante Carlos Cros, viejo amigo de Bendito Atraso). Uno de nuestros grupos más amados, de los que nos traen mejores recuerdos, y una de las más hermosas canciones que hemos escuchado jamás. Y no decimos esto a la ligera, como ya saben. Pueden ustedes escucharla en el link anterior, y en cuanto a “Hacia el valle”, se incluyó en un LP recopilatorio del fanzine Ansia de Color, remezclada en falso directo con incordiantes gritos a lo A hard day’s night. Aún así, la mar de bonita.

7) Thy Surfin’ Eyes: Un hombre solo. Miguel López, ex-Síndrome Tóxico y futuro Fresón Rebelde y M.A.L., fundó desde su habitación Thy Surfin’ Eyes (pronunciar Surfineyes, en español), epítome del solista DIY y el acorde punk autodidacta. Sus canciones, espaciosos océanos instrumentales de eco donde reverberaban un par de acordes Plink-Plonk y se mecía un espartano aunque memorable estribillo (generalmente un par de palabras), recordaban tanto a Santo y Johnny o Joe Meek como a TVP’s. Tocó muchas veces, siempre para la perplejidad de la mayoría de la audiencia y el estupor gozoso de unos pocos. Sus hits, “Capitán positivo” y “Surpreyes”, no serán olvidados tan facilmente.

Kiko Amat

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