Entradas con la etiqueta ‘Miqui Puig’

Disco del mes (octubre/noviembre 2011): BB SIN SED Casa doce

BB SIN SED

Casa doce

DiscMedi-Blau, 1991

En los ochenta me perdí algunas cosas y presté extrema atención a otras. Prestar extrema atención es, de hecho, lo que realicé más a menudo durante aquellos años: obcecarme en algo mientras nuevos cortinajes de telarañas se reproducían frondosamente en la zona testicular. Por desgracia, mientras perseguía como un lobo enloquecido a esas cosas magníficas, ya dije, también dejé escapar muchas otras. La lista es demasiado larga para incluirla aquí, pero por mencionar solo algunas, de los catorce a los veinticinco me perdí cualquier disco que atufara a siniestralidad (ver Disco del Mes de septiembre, donde me redimo y disculpo por este desliz), me perdí majestuosamente a The Smiths (engañado por su aparente pusilanimidad), me perdí cualquier tipo de música de baile post-1968 (hasta el día en que escuché el debut de Run DMC, hacia 1991) y pre-1963 (todo el rock’n’roll, vamos) y también dejé de lado a una buena cantidad de grupos pop españoles por las razones más adolescentes posibles. No me gustaba su peinado, o le encantaban a aquel imbécil de 3ºB, o su bajista llevaba camperas o vaya usted a saber.

BB Sin Sed es uno de los grupos que se me escaparon. A decir verdad no fue del todo así, porque la estupenda “Saltos del tiempo” (que sí me gustaba, y mucho) de su primer EP o la brillante “Luz de sol” (lo mismo) de su Sed de Sed (Iguana/tres Cipreses/DRO 1989) sonaban a menudo en los pafetos rock’n’roll del Baix Llobregat, e incluso llegué a ver al grupo en directo en una ocasión, hacia 1988, en Sant Pere de Ribes (o quizás Vilanova). Me duele admitir que aquella noche no presté la menor atención a su concierto, por razones que desearía no recordar. De acuerdo: debo confesar de cara al grupo que ¿Aquel contingente de gilipuertas en parka y flequillo que se pasó todo el concierto berreando “¡PSYCHO!”, “¡PSYCHO!” –al parecer la versionaban en directo ocasionalmente- y tratando de agarrarle la pierna al cantante? Bueno, uno de aquellos imbéciles era yo, y Dios sabe que lo lamento. Es difícil aceptar la propia estupidez de adolescente, pese a los frecuentes ejemplos de su alcance que se plantan ante uno.

En todo caso, a toda perdición le llega su redención. Esta no llegó hasta el día en que Miqui Puig incluyó su magnífica “Fenomenal” en el Homenaje a Barcelona EP de hace unos años. Allí renació el interés, allí se avivó la fogata. Di la lata de manera persistente durante varias semanas hasta que el mismísimo Puig tuvo que conseguirme el álbum entero de donde se extrajo la canción, y para colmo en dos formatos distintos (para el coche y para el hogar). La escucha (o debería decir escuchas: pues fueron decenas, y consecutivas) de aquel LP causaría varias escenas de pasmo y emoción en quien esto escribe, y Casa doce lleva acompañándonos un par de meses en todos los contextos: así suena mientras cortamos cebolla que lo hace cuando esperamos en un semáforo o nos afeitamos el bigote (esto era el plural royal; no insinuaba estar viviendo con un bigotudo). Me alegra añadir, además, que tal repetición no parece afectar en lo más mínimo a este espléndido álbum. Su riqueza y sustancia parecen inmunes al abuso auditivo, y sus canciones poseen tanta enjundia, están tan bien construidas, que pueden escucharse cientos y cientos de veces, como los mejores éxitos del pop atemporal.

Casa doce suena como algunas de las mejores cosas de la historia: con un pie en los 60’s, pero armado de modernidad y búsqueda de lo contemporáneo, como The DB’s, Jam, The Chills, etc. No hay lugar en el disco para el pastiche o el revival, y todos los estilos que tocan –y tocan varios- se resisten a caer en el mero ejercicio de estilo. Su producción es puro 80’s, en el sentido menos peyorativo posible: limpio, alto, moderno, espacioso. Las guitarras suenan como las de Los Burros, y las melodías como las de La Granja, vamos. Pero es en el cancionero del grupo donde BB sin Sed se desmarcaban de la mayoría de sus contemporáneos: sus composiciones son algo excelente, muy recordables y profundas, perfiladas con letras cargadas de pathos y armadas con estribillos, títulos épicos, violines y órganos.

Como decía, la versatilidad de los autores se demuestra ampliamente en el extenso catálogo de sonidos que incluye Casa doce: “La soga del recuerdo” es canción española con aire de rumba y son, pero sin rozar la afiliación fraudulenta a la canción rumbera; sigue siendo pop del bueno. “Fenomenal” es el tema de vocero power-pop: rápido, descarado, fuerte pero también sentimental y autodespreciativo, con un poso de amargura y mirada al pasado; “Piedra de águilas” no le teme al folk-rock, presentándose como una gigante y sentida balada a lo Chris Wilson, los Long Ryders más emotivos o Roger McGuinn (a mí me recuerda, de hecho, a una cara A de The Backdoor Men, “Going her own way”); “Tesoro de palabras” con su grandilocuente nombre, podría haber estado en el Soñando en tres colores de los mencionados La Granja (“Infinito”, ya directamente, es prima hermana del “Por quién doblan las campanas” de los mallorquines; me pregunto si BB Sin Sed eran conscientes de las patentes similitudes entre ambos grupos); “Amor-pasión” es el cruce entre (párenme si han escuchado esto antes) Los Negativos del segundo álbum, el Murmur y The Church; “Pies de barro”, por otro lado, es la declaración de intenciones canalla del LP, una cosa bailonga con wah-wah y tremendo crescendo que anuncia: “Déjame madre / Que duerma hasta la envidia / Será lo mejor / Que solo bebo para morir de risa / No es de desesperación”. No hay canciones mediocres en Casa doce, solo un corte maravilloso tras otro que encantarán a cualquier humano con terminales nerviosas.

¿Fallos? Periféricos, nada trágicos ni imperdonables, cosas de la época: la portada (aquel estilo totalmente 90’s que escupían los primeros programas de diseño por ordenador), el solazo de guitarra-rock en “Lluvia sin fin”, un levísimo trote de funk-fusión en algún deje de “Pies de barro”. Delitos menores, y que no se inmiscuyen en el completo disfrute del elepé.

Les pongo un ejemplo fiable, un canario en la mina, de lo abarcable y compartible de Casa doce: a mi santa esposa -una mujer ya curada de espantos y con una notable aversión a cualquier extravagante disco nuevo que instalo bajo sus napias- le chifló. En lugar de escupir su acostumbrado “quita esta brasa”, la descubrí cabeceando y mirando al infinito, como si le hubiese dado un aire. Pero no era un aire: era el encanto de Casa doce, un sólido y hermoso producto del pop 80’s español que he tenido la fortuna de conocer íntimamente cuando aún me hierve la sangre. Se lo recomiendo con firmeza.

Kiko Amat

Festa presentació Mil violines

Amics, fans, jugadors i seguidors:

El dijous 7 de juliol a “las” 21:00h a l’Heliogàbal (Ramón y Cajal, 80) presentarem el tremendíssim nou llibre de Kiko Amat, Mil violines.
Que no és una novel·la, però té força chicha.

Tocaran els Illa Carolina, fent versions que apareixen al llibre i algun dels seus súper-hits, i els seguirà un grup sorpresa que ve directament des de 1989. Bé, no serà exactament el grup, però si en serà una manifestació aproximada, plena de nostàlgia de la bona, puresa i records polits.

I després punxaran discos amb mil violins Pablo Soberano, Miqui Puig, Miqui Otero i, en primícia, DJ Naranja realitzant un mini-repertori de hits personals.

Assegurem que no hi haurà xerrades, llegides, preguntes-respostes, crítics xerraires ni cap de les coses que es pateixen habitualment a les presentacions de llibres.
We’ll just dance all night to keep the tidal blues away.

Us hi esperem.

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