Entradas con la etiqueta ‘Patrick DeWitt’

Fante e Hijo, S.A.

Novela Se publica en España por vez primera Chump change, el debut del hijo de John Fante, Dan Fante. Aprovechamos para buscarle al escritor maldito de Los Ángeles unos cuantos hijos literarios más.

La primera norma del club de la lucha (literaria): Si tu padre es escritor, no le imites. Hacerlo sería una decisión profesional asaz desaconsejable que sólo puede terminar en lágrimas, decepción, críticas-con-motosierra y una magnífica cirrosis. En este sentido es lícito preguntarse si tras la voluntad de rellenar las profundas huellas literarias del progenitor no se ocultará un masoquismo incurable. Pues, históricamente, el porcentaje de hijos que alcanzaron el nivel narrativo de sus padres es ínfima: están los Waugh, los Amis y los Dumas; y pocos más. Por ello, el consejo que uno le daría a cualquier Hijo De Novelista es: haz lo que se te antoje, majo; pero, por lo que más quieras, no escribas. Las carcajadas van a escucharse desde Djabouti, y tu única recompensa va a ser una habitación acolchada en la clínica Betty Ford.

Por todo lo descrito nos sorprendimos agarrando el debut literario de Dan Fante con dos dedos, como si fuera un topo semiputrefacto incrustado en nuestro guardabarros. Y tamaña desconfianza no hizo más que subrayar la fiera belleza que resultó encerrar Chump change, y su facultad de convencer por sí misma, sin comparaciones con su padre, el novelista John Fante. Pero, ¿Cómo ha logrado Dan Fante salirse con la suya cuando tantos otros se dieron el costalazo? (oigo que me preguntan en timorato coro los fallidos aspirantes). Bien, la primera respuesta es: viviendo. Capeando una existencia trágica, terrible, itinerante, autodestructiva en grado sumo e infinitamente raconteurizable. Y luego transformando esa existencia en una literatura elástica y honesta, llena de vida y verdad, arrancada con violencia de la realidad más próxima.

Así, en lugar de quedarse en Los Ángeles y anclarse a la estela de su padre, Fante Jr. se declaró “poeta fallido” y encaminó sus pasos hacia un futuro repletito de castrante vergüenza y fracaso existencial. Fue taxista, limpiador de ventanas, vendedor puerta a puerta y telefónico, amargo adicto a la cocaína y el mam. A los 46 le llevaron maniatado a una reunión de Alcohólicos Anónimos, y su posterior sobriedad le permitió escribir este crudo debut. Una primera novela que originalmente rechazaron cuarenta editores norteamericanos y sólo se salvó de la ignominia gracias a su rápida publicación en Francia.

Chump change es el primer intento de confesión de Dan Fante, y la primera entrega de una trilogía que protagoniza su alter ego, Bruno Dante (el de John Fante era Arturo Bandini). Aquí, Dan relata su regreso a L.A. con ocasión del fallecimiento de su padre, y la espiral de degradación, pésimos empleos, prostitutas tartamudas, perros enfermos y vino dulce en la que se verá atrapado. John Fante, por cierto, emerge de la novela retratado como un egoísta, un borde inveterado y un padre espantoso; la novela, si así lo desean, puede leerse con la óptica morbosa que uno aplicó al Dream Catcher (de la hija de J.D. Salinger) o el You can’t catch death (de la hija de Richard Brautigan).

Pero esa mirada es, en realidad, periférica. Chump change exuda una salvaje sinceridad, un chocante esto-que-veis-aquí-es-lo-que-soy que sólo puede llegar a buen puerto haciendo uso de un talento sólido. En este sentido, Dan Fante se asemeja a Harry Crews o Hubert Selby Jr. (o a su propio progenitor) en cuanto a carecer por completo de miedo narrativo. El Bruno Dante que vamos a conocer es un tipo patético, egoísta, algo repulsivo e incapaz, pero al menos no es un pusilánime, un fariseo o un lameculos. Es un hombre relatando sus onerosas andanzas con las manos desnudas y el corazón sobre ellas. No hay triquiñuelas de prestidigitador en Chump change: Bruno Dante es lo que es, y muy poca gente se atreve a mirarse así a los ojos. Como cuando relata un arrebato de escritura que le sobreviene en plena curda: “El resultado fue un palabrerío lleno de pretensión y egolatría. Tenía poco de poesía, era peor que la peor bazofia de Ferlinghetti: afectada, pomposa, delirante… las bobadas y necedades de un colgado. Aquello me confirmó que yo era un farsante, un patético impostor, y desde luego no un poeta”.

La ironía de todo esto es que, por muy gusano que fuera Dan en alguna de sus previas encarnaciones, la vida le otorgó suficiente genio como para dejar de serlo. Y por ello sus palabras bravas, limpias, honestas y terribles saltan del texto a pecho descubierto, llenas de pasión y lástima y gozo por estar vivo (a pesar de las perrerías del destino). Y se tornan, en su desnudez, conmovedoras e inolvidables. Chump change es un auténtico triunfo de la verdad, la valentía, la emoción y la pureza de intención sobre la afectación y la pomposidad; y por todo ello merece que la lean.

Chump change

Dan Fante

Sajalín editores

231 págs.

Fante Nuestro: 4 hijos de Bandini

Charles Bukowski: El Heredero. Para él, “Fante era Dios”. Le añadió mucho más morapio a la ecuación, pero en general siempre fue Fanteano. Un gran hombre, aunque también culpable (a su pesar) de mucha de la narrativa y poesía malditista sub-Bukowskiana que nos hemos tenido que tragar desde los 90’s.

Guillermo Fadanelli: El Fante mexicano. Siempre ha mentado a Fante como luz y guía, y su relación con el DF es similar a la que aquel tuvo con L.A. Todas sus novelas y relatos cortos son altamente Fanteístas, especialmente La otra cara de Rock Hudson (Anagrama, 1997). Su trabajo más reciente, Hotel DF (Random House Mondadori, 2011), trasciende en ambición las cercas de Fante, pero su lenguaje continúa siendo Bandini-esco, el personaje principal (Frank Henestrosa) es un alter ego de Fadanelli, y el DF borbotea en cada página. Todo puro Fante.

Billy Childish: El artista más honesto del mundo y faro espiritual punk-rocker es también un conocido Fante-lover. Su My fault está tan lleno de bravatas, rabia y empatía como los libros del angelino. Childish afirmó: “Leyéndole, una gran oleada de humanidad brotó de mí, llenándome el pecho (…) Creo que lo que hace grande a un escritor es su bravura y, finalmente, la falta de amargura que expresa. El poder de su amor e integridad llenan los libros de Fante y elevarán el corazón de cualquier pobre chico que deambule por el mundo creyendo que está solo”.

Patrick deWitt: Más Bukowski que Fante, pero áun así. Su genial Abluciones (Libros del Silencio, 2010) comparte con Fante la confesionalidad, la férrea candidez, la desesperación, el humor amargo y una voz transparente, dura y dulce a la vez. Muy recomendable.

Kiko Amat

(Artículo publicado previamente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 23 de marzo del 2011)


Libro del mes (marzo 2011): PATRICK DEWITT Abluciones

Abluciones

Patrick DeWitt

Libros del Silencio

Traducción de Javier Calvo

211 págs.

Los últimos meses han descargado encima de Bendito Atraso un diluvio de libros sobre borrachos solitarios y lamentables. Leímos Chump change de Dan Fante (nuestro artículo correspondiente aparecerá en breve en el Cultura/S de La Vanguardia), leímos este Abluciones de Patrick DeWitt, y tuvimos que releer Knockemstiff del gran Donald Ray Pollock (donde no sólo aparecen borrachos, sino muchas otras especies de desvarío lumpen, pero aún así). Oh, oh, el infortunio y la inquietud. En consecuencia, nadie podría culparnos si estamos un poco bajos de moral. Tratamos de mantenernos alejados de discos de Jimmy Webb o Sun Kil Moon, cambiamos de acera si vemos algún cartel de Pa negre, no vamos a revisionar ni en pintura documentales como Dark Days o aquella cosa terrible sobre Da Nang, y no estamos cogiéndole el teléfono a ningún amigo pesimista: no podemos permitírnoslo. Ahora solo queremos ponis de color crema y strudels de manzana crujiente, y timbres de puerta, cascabeles de trineo y filete con fideos; sólo buscamos cosas hermosas y favoritas, porque estamos hechos de cristal barato y por menos que esto vamos a irnos de cabeza por la ventana al tragaluz del supermercado.

La causa #1 de esta desazón y angustia primordial sobre la condición humana y el bienestar (o falta extrema de él) que disfrutan todos y cada uno de los habitantes del planeta nos ha llegado por vía del brutal Abluciones, de Patrick DeWitt. Ya les digo que este artefacto lleno de letras es uno de los mejores libros que leerán en el 2011, y una novela imposible de olvidar. Por mucho que verse sobre alcohólicos, sería un mal comienzo ponerlo en la órbita Bukowskiana; para empezar, porque aquí, en esta santa casa, nunca nos han deprimido los libros del viejo Chinaski. En esto coincidimos una vez más con el maestro Casavella, quien siempre dijo que la obra del borrachín angelino sólo le despertaba envidia: estamos hablando de un señor que se pasa el día folgando con muchachas de busto generoso, bebiendo tintorro, pagando alquileres ridículos y escribiendo cuentos, amigos míos. ¿Qué hay de atormentado en todo esto? En Bendito Atraso firmaríamos ahora mismo para vivir eternamente en la “perdición” del gran y admirado Bukowski, un pájaro que –en el fondo- se pegó la vida padre. Y encima en Los Ángeles (me gustaría haberle visto en el Cornellá en 1978, a ver qué opinaba).

Otro error igualmente grave sería afiliar al autor a la corriente de literatura oscura que alardea de gran yonkitud, tifus, gangrena, homelessidad y pederastía, y que encabezan Dennis Cooper (fan de DeWitt, asimismo) o Tony O’Neill (también fan de DeWitt, maldita sea). Las frases laudatorias que vertieron sobre Abluciones ambos novelistas casi nos encañonan para que le comparemos a ellos, pero permitan que nos resistamos. Sería demasiado fácil y, por añadidura, ¿Somos los únicos que nos olemos el inconfundible aroma del shock fraudulento en la literatura de dichos autores?

Coloquémosle donde merece: Abluciones es un libro estupendo, sincero y corazón-en-la-mano que sigue la estela de la literatura compasiva, dura, honesta y vivencial de algunos de nuestros ídolos. Harry Crews, Nelson Algren, Hubert Selby Jr. y John/Dan Fante, sin ir más lejos, y sin que la obra de DeWitt esté en absoluto en un nivel inferior a los nombrados. No, el autor canadiense juega en la liga principal. Ha vivido, ha andado entre hombres, ha sufrido problemas dentales y diarreas, abandonos de mujeres y le han empleado en unos cuantos lugares insalubres y deprimentes: Abluciones es el resultado de su periplo o, más concretamente, del periodo que el autor pasó ejerciendo de camarero en un bar de Hollywood. Cuenta la historia de dicho camarero anónimo en los meses que van desde que empieza su historia hasta que ser lanza a perseguir su redención. Sin aspavientos ni terribles plagas: sólo día-a-día, en toda su sedienta rutina e  inescapable pesadumbre cuando se acerca el ocaso. Esa tristeza atroz de las borracheras con angustia y extravío que tan bien conocen todos los que hayan pasado las suficientes horas muertas en un bar, en un periodo paralítico, estancado y desesperante de su existencia.

¿Qué tiene Abluciones que otros alki-losers abatidos en pleno arrebato de confesionalidad no tengan? oigo que me preguntan. Bien, para empezar, está magníficamente escrito, usando un estilo inusual pero cercano y elástico (segunda persona: la voz narrativa se dirige al protagonista cuando habla de él “Ahora tiras de la cadena y…”), y por añadidura empleando unos poderes de observación y una perspicacia a la hora de analizar humanos que son simplemente apabullantes. DeWitt puede ser divertido en un párrafo –como cuando habla del coche “mágico” con el que nunca consigue estamparse ni que le pare la policía, por muy torta que vaya (esto trae a nuestra mente definiciones de la revista Viz como “beer bus”, el autobús imaginario que te lleva a casa por arte de birlibirloque sin que a la mañana siguiente consigas recordar un sólo paso de tu borrachuzo retorno). Pero también puede ser devastador en el siguiente –“te dedicas a escuchar tus propios gemidos y gruñidos, y se trata del ruido más triste y solitario que has oído en tu vida, y una tristeza que parece un telón lastrado con pesas de plomo desciende y te cubre y ahora, sin alcohol ni narcóticos que camuflen la emoción largo tiempo escondida, se adueña de tu cuerpo”. Y asimismo, DeWitt no necesita ser tan extremo para estropearnos el día; son, de hecho, sus apuntes casuales, en apariencia despreocupados, de pequeños detalles de la vida del bebedor-sin-gozo los que se hincan de forma más ardiente en nuestro tejido muscular. Post-its poco aparatosos que el autor incrusta aquí y allá, y que sin embargo acarrean el peso terrible de la verdad más conmovedora: “ahora sabe a ciencia cierta algo que lleva años sospechando, que es que tienes una veta de odio en el corazón y que es una veta profunda y ancha” o “los clientes habituales se tratan con calidez, pero por lo general van y vienen solos, y que tú sepas nunca se visitan en sus casas. Esto hace que te sientas solo y te da la impresión que el mundo en el fondo está lleno de frialdad y de mezquindad”. O qué me dicen del espantoso: “la idea de que seas una inspiración en la existencia de esa chica es una tragedia con todas las de la ley”.

La razón final por la que Abluciones se ha hecho con una plaza de párking de por vida en nuestro corazón es por su intención redentora, que tan pocos novelistas parecen considerar importante. En Abluciones, según va avanzando la trama, crece en el protagonista un deseo imparable de ser feliz, de estar mejor, que se convierte en el motor de su vida: “sientes asco de ti mismo por permitir que tu infelicidad se haya prolongado tanto tiempo y te prometes (…) que vas a intentar ser feliz (…) por muy tonto o infantil que haya sonado”. Y es ese anhelo de escapar de la desdicha y la culpa por haberlo hecho todo al revés, es esa cruzada Plan B que busca brincar del pozo de tormento en que te habías autosepultado, lo que eleva a Abluciones a un nuevo plano de magnificencia. Su inmensa belleza poética, su terrorífica aflicción, su desarmante honestidad, su humor ennegrecido por el sarcasmo, su lenguaje de escalpelo, certero y minucioso, su cándida voluntad de mejorar (mediante la narrativa) la suerte que a algunos les ha tocado, son todo factores que confirman a Patrick DeWitt como uno de los descubrimientos literarios más importantes –en cuanto a literatura vivida y palpitante- de los últimos dos años. Desde El hombre del brazo de oro no leíamos algo tan bello, terrible, trágico, verdadero e importante. Un auténtico triunfo de la honestidad y la pureza en el lenguaje narrativo. Inolvidable, de veras.

Kiko Amat

Archivos

10 NUEVAS ENTRADAS

1) PJ PROBY Enigma

2) MARCOS VALLE Marcos Valle

3) THE TWEEDS Music for Car Radios

4) LOS CANGUROS Un salto adelante (1986-1990)

5) THE SOFTIES The Softies

6) NATURAL FOUR Natural Four

7) THE CLAIM Boomy Tella

8) EL ÚLTIMO DE LA FILA A veces se enciende

9) CHRIS STAMEY It's Alright

10) BILL WITHERS Making music

Leer más

RICHARD PRICE

The Wanderers

Roja y Negra/RHM

LOS CANGUROS

Un salto adelante (1986-1990)

BCore, 2013