Entradas con la etiqueta ‘Shalom Auslander’
Kiko Amat recitando cerdadas (de Auslander)
Pueden verle aquí mascullando obscenidades asquerosas en la puerta de un sex-shop.
El corte forma parte de los videos promocionales de este Primera persona 2013. Las guarrerías son, cómo no, obra de Shalom Auslander y su Lamentaciones de un prepucio (Blackie Books).
“Ahora tengo treinta y cinco años y SOY ASQUEROSO…”.
Lo que suena de fondo (los chicos con botas ya lo habrán olisqueado) es el “Birth control” de Lloydie & The Lowbites.
The Raincoats + Lidia Damunt, Donald Ray Pollock y Shalom Auslander en Primera Persona 2013
Todas las noticias de golpe, para que se empachen. Podemos congratularnos de haber conseguido ocho nuevos nombres para el cartel del Primera persona 2013. A saber:
Donald Ray Pollock, autor de Knockemstiff y El diablo a todas horas (Libros del Silencio), favorito de esta casa, working class hero #1 y narrador sin par, estará con nosotros los días 3 y 4 de mayo del 2013.
También lo hará Shalom Auslander, judío renegado extraordinaire, notorio expulsado-a-patadas-de-la-ortodoxia, ex-pajeador compulsivo y escritor mondante: aquí celebramos una y otra vez Lamento de un prepucio y la recientemente publicada Esperanza; una tragedia (ambas en Blackie Books).
Por último, nos llena de orgullo anunciar a voces que The Raincoats (Gina Birch y Ana Da Silva), celebradas pioneras del fem-punk, compadres espirituales de The Slits y orgullo de la Rough Trade de los ochenta, presentarán en exclusiva para Primera Persona un show de rock’n'roll, spoken word y performance que estará lleno de reflexión vivencial y óptica autosuficiente. Si nos permiten que ricemos el rizo, el colmo es que Lidia Damunt acaba de confirmarnos que se unirá a su show, de un modo aún no especificado pero que nos llena de expectativas y agitación estomacal.
Y, para terminar, otra cápsula: celebraremos los diarios, los dietarios y los cronistas en primera persona. Hemos invitado a cuatro representantes del género para que compartan sus visiones con nosotros: Manuel Jabois (Irse a Madrid, Pepitas de Calabaza), Federico Montalbán (Diario de un amargado, Morsa), Isabel Sucunza (La tienda y la vida, Blackie Books) y Patxi Irurzun (Dios nunca reza, Alberdania).
No tenemos más noticias, de momento. Quizás mejor, porque nos iba a dar un ataque cardíaco.
Tirándole de la barba a la tristeza: 5 de humor para Navidad
Si una cosa positiva tiene la literatura seria es que resulta excelente para echar siestas. Yo mismo me pegué uno de mis más memorables sueñecitos en 1997, con La gaviota de Chejov. No recuerdo quién demonios hacía de Zarechnaya o Medvedenko ni por qué aquellos fulanos miraban tanto por la ventana, como si esperaran al tipo de MRW, pero cómo olvidar aquella hora y media roncando en la sexta fila. Nada amodorra más que un poco de vieja gravedad rusa.
Por la misma regla de tres, nada tonifica y despierta más los sentidos que una buena dosis de risa desdramatizadora, preferentemente del tipo anglosajón. El humorismo es, después de todo, el gran igualador. Cuando vemos a Bertie Wooster descendiendo en pijama por un canalón, no nos reímos de él, sino con él. Tal danza de ridículo y patetismo personal es un aguijonazo humanista que aúlla: no somos gran cosa, pero estamos juntos en esto y se hace lo que se puede, ¿verdad?
1) PG Wodehouse Ómnibus Jeeves I y II (Anagrama): El mejor humorista de la historia, recopilado en dos ómnibus. Las novelas giran en torno al señorito más alelado de la aristocracia inglesa, Bertie Wooster, y su preclaro fámulo Jeeves. Las tramas suelen versar sobre malentendidos, absurdos, confusiones de identidad y objetos/cartas/prendas que hay que robar para evitar casarse/incurrir en la rabia de la tía Agatha/ser desheredado, etc. Casi siempre sucede lo mismo, pero lo que sucede es para enloquecer de risa y pegarse fuego a los propios pantalones. Nadie usó la hipérbole ni la comparación tronchante (ni la descripción de las resacas) como Wodehouse.
2) Rafael Azcona Por qué nos gustan tanto las guapas? (Pepitas de Calabaza / Fulgencio Pimentel): Dos editoriales de Logroño se unen para recuperar a su más ilustre nativo. Azcona es un olvidado del humor español de los cuarenta, contemporáneo de Jardiel Poncela, Tono o Mihura. Estuvo en La Codorniz y firmó los guiones de celebradas comedias como El pisito o Los muertos no se tocan, nene. Su estilo de humorismo posee un deje carrincló que lo delata como hijo de su época, pero aún consigue “tirarle de la barba a la severidad, a la tristeza, a la melancolía y a la estupidez”. Mi debilidad es el personaje de Don Herminio, quien siempre irrumpe en las historias arreando bastonazos y llamando ¡memo! e ¡imbécil! a todo el mundo.
3) Shalom Auslander Esperanza: una tragedia (Blackie Books): Va de un tipo (Kugel) que se encuentra a Anna Frank en el desván de su nueva casa. ¿Qué cenizo dijo que tras el Holocausto ya no se podía escribir poesía? Esta novela demuestra que al menos se puede escribir comedia. Aquellos de ustedes sin sentido del humor ya habrán abandonado la lectura de este artículo entre murmullos de desaprobación, así que me dirijo a mis fieles: me partí de risa con este libro. Y no solo me partí: me emocioné, aprendí, rompió mi corazón en un par de ocasiones y conocí al mejor personaje con el que me he topado en los últimos años (la madre de Kugel: una anciana pasivo-agresiva que cree haber sobrevivido a los campos nazis). Pasado, familia, remordimiento, pesimismo, ternura y locura; lo tiene todo.
4) Juan Pablo Villalobos Si viviéramos en un lugar normal (Anagrama): Empieza con unas mentadas de madre que escandalizarían a un rapper angelino. En solo 186 páginas, y a base de una voz hilarante (un niño de trece años que razona como un retorcido sofista), Villalobos logra bordar uno de los libros de humor-con-pathos del año. Es esta una historia de resignación patética en un lugar donde “la dignidad se consigue humillándose”. Habla del pecado natural que uno hereda por el mero hecho de nacer pobre, y por ello su tono es el único posible: la comicidad. También aparecen naves espaciales, sandías psicodélicas y vacas inseminadas. Es un festival.
5) Santiago Lorenzo Los huerfanitos (Blackie Books): Lorenzo es uno de los pocos autores españoles que acierta a conjugar comicidad con sentimiento. Campeón de los one-liners de contraportada, Lorenzo resume así la novela: “Los hermanos Susmozas odian el teatro. Se ponen a hacer teatro”. Es la historia de tres hermanos mal avenidos que heredan de su fallecido progenitor un ilustre teatro madrileño, pero muta en un tronchante canto a las cosas bien hechas y a avanzar a pesar de las catástrofes. Lorenzo posee una de las prosas más singulares de la actualidad: una mezcla del Valle-Inclán esperpéntico y el García Pavón más emocional, arcaica pero nueva, llena de casticismos añejos puestos a buen uso. Con Los huerfanitos, Lorenzo nos ha enseñado “cómo hay que hacer las cosas para que salgan bien y para que salgan bonitas”. Tomen nota. Kiko Amat
(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 12 de diciembre de 2012)
Kiko y el prepucio (de Auslander)
Esta tarde, lunes 23 de mayo a las 19h en La Central del Raval, Kiko Amat presentará al autor norteamericano Shalom Auslander, autor del hilarante y rompecorazones Lamentaciones de un prepucio (Blackie Books).
Se hablará de lo elevado y lo zafio: de Dios, familia, delitos gastronómicos y pajas 80′s. Del temible Creador de la torá a Seka y Traci. De la comida kosher a las cerdadas Traif. De mutar los tzitzis y yarmulkes por el atuendo hip hop. De pecado, pánico y aceite de manos; de porros y yarmulkes, de amor paterno-filial y odio filial-paterno; de núcleos familiares y su atómica destrucción; de Oui y Juggs; de pena cataclísmica, angustia imperecedera y humor brutal, salvaje y libre, del que te hace expulsar cerveza por la nariz.
De todo esto y muchas cosas más platicaremos con Shalom Auslander, el escritor más divertido del momento y nuevo Bill Hicks judáico.
No se lo pierdan, no me sean rancios.
Infierno circuncidado
Novela El ex-judío ortodoxo neoyorquino Shalom Auslander nos relata con el mejor humor sus cuitas pasadas y presentes con el Dios barbudo y castrador de la Torah.
Los preadolescentes educados en la fé católica gozamos de una ventaja respecto a nuestros congéneres judíos: el nuestro era un Dios bondadoso, algo calzonazos y hippie, a quien importaba poco el contenido de aquella VHS de New Wave Hookers que tanto videamos en los años del despertar. No merecía la pena torturarse por lo que había sucedido en nuestra planta baja con la escena de Chasey Lain; lo hecho, hecho estaba, y el camino al reino de los cielos seguía abierto si uno se arrepentía lo suficiente. O sólo un poco. O nada, de hecho.
Los judíos, por otra parte, tenían el Dios que Ricky Gervais ha descrito alguna vez como “50’s dad”: camisa arremangada y cinturón en alto, arreglándolo todo con un “Repite eso si eres hombre” y unos cuantos zurriagazos. Un Dios Cabreado, guerrero, partidista y medio loco, una bestia parda que no había forma de contentar, siguieses o no sus arbitrarias leyes (“No comerás peces abisales pescados en jueves por un pescador tuerto”, o cualquier otra idiotez). Ese es el Dios que sufrió Shalom Auslander, pornófilo impenitente, golafre sin solución y pésimo judío adolescente. Su Lamentaciones de un prepucio es una novela biográfica confesional de corte clásico, sólo que con yarmulke encasquetado en lugar de chupa de los Sharks o gorra con orejeras Holdeniana. Para Shalom, el quid no era creer o no creer en Él, sino qué camino tomar en esa lucha fraticida con un DIOS que existía de veras. Y que estaba de una pavorosa mala hostia.
Lamentaciones de un prepucio es un libro brutalmente hilarante, e hilarantemente brutal. Piensen en David Sedaris, Jonathan Ames o Sam Lipsyte, hagan una bola de escarabajo pelotero con los tres, aféenla con unas patillas acaracoladas, pónganle un Swank bajo el brazo y láncenlo a un mundo ingrato lleno de judíos temerosos de Dios: ese es Shalom Auslander. La trama de las Lamentaciones brinca de un tiempo a otro, transportándonos del presente (“Ahora tengo treinta y cinco años, y soy asqueroso”) al pasado, un lugar peor aún, alambrado con culpa (“A los dieciséis años toqué fondo, emocional, delictiva y gastronómicamente”), tentación y castigo. Y una familia que nos hace amar de repente a la nuestra, por disfuncional y opresiva que sea: “Mi familia y yo somos como el agua y el aceite, si el aceite consiguiera que el agua se deprimera, se irritara y quisiera suicidarse”.
Aunque Auslander, como nos cuenta aquí, es hoy un hombre libre que ha cercenado los lazos semitas que le atenazaban, no pasa día que no mire hacia el cielo temiendo ver el puño gigante que finalmente le aplasta como a un gusano. Su libro será para el lector español la mayor fuente de placer carcajeatorio del año. Cómprenlo, pero que no se entere Él.
Kiko Amat
Lamentaciones de un prepucio
Shalom Auslander
Blackie Books
Traducción de Damià Alou
298 págs.
(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 2 de febrero del 2011)


