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Lista del Mes (Septiembre): 8 Pantalones que llevé

1) Tejanos de pana violeta: La niñita de mis ojos en 1988. Me chiflaban, pues marcaba uno un paquete semi-aceptable sin entrar en el terreno Ariete Genital rocker, y hacían irritar bastante al sector agüela-Paz de los mods puristas (y sus parejas aspiraciones estéticas anabaptisto-funerarias). No es que los eche de menos ahora (su colorido fulgor haría que me encerraran), y aunque así fuera mi madre los debió tirar a la basura en alguna de sus anuales Noches de los Jeans Demasiado Cortos. Y Dios la bendiga por ello.

2) Tejanos blancos: Inicialmente de cualquier marca (¿Recuerdan los Marlboro de la calle Tallers, con aquella vendedora que siempre entraba al probador cuando estabas con el pito al aire?), poco después de la marca americana de los caballos tirantes en el logo. Aún hoy son los pantalones más bellos inventados por el hombre, aunque también los menos prácticos (solo aguantan un día de no-guarricie, y tres horas nocturnas de semi pulcritud; al poco rato siempre pareces un vagabundo recién orinado) y por si fuese poco ahora los fabrican con cintura Buster Keaton, a abrochar a la altura de los pezones. Un obstáculo insalvable para los que empezamos a llevar los pantalones caidillos a partir de 1991.

3) País de Gales: Hechos a medida, de la ilustre y desaparecida sastrería R. Ferran, en la calle Hospital. Hay una clara fecha de caducidad en los pantalones a cuadros (sea Pata de gallo, Gales o, Dios no lo quiera, Tartan -que algún mod barcelonés llevó en los mid-late 80’s, no se rían), un “No Llevar Después de los 25” que hay que seguir a rajatabla. De otro modo, uno acaba saliendo a la calle con esa pinta que mezcla predicador victoriano, Phineas Fogg, payaso catalán, funambulista y persona fenomenalmente excéntrica en general. O, si los llevan cortos de tobillo, simplemente Loco del Manicomio.

4) Tejanos negros: El epítome punk rocker y 80’s teen mod de batalla que más combates y refriegas aguantó en sus casi transparentes rodillas y entrepierna. Por razones de pocos posibles era tradicional reteñirlos una o dos veces según iban perdiendo negro original. El dramático resultado era parecido a lejiar unos jeans azules (ergo, unos tejanos con consistencia Papel de Cebolla, y que se desmoronaban al primer “¡Qué Vo-o-o-y!” eufórico-danzante) pero estos encima desteñían y le dejaban a uno la cacha gris. Una horripilante visión que congelaba en sus desvistientes pasos a las contadas féminas que consintieron yacer con nosotros durante los largos y solitarios 80’s.

5) Pantalones militares: Vergonzosa admisión, que sólo puede trasegarse con la excusa de que, cuando uno consume MDMA, se le agrandan mágicamente los calzones. O le brota un deseo incontenible de llevar ropa para las piernas lo más aireada posible, con sabe quién qué oscura intención (crear corrientes eólicas testículo-refrescatorias o esconder estupefacientes poderosísimos en sus amplias alforjas laterales, es difícil asegurarlo). Un pasajero vahído sartorial que aún nos hace levantar sudando en agitadas noches de invierno.

6) Tejanos de pana marrón: Con Kickers de Bota. Dicho así suena a roadie de Sopa de Cabra, o a alguno de esos losers inquietantes que venden panfletos estalinistas en las puertas de las universidades, pero hay que considerar compañías más adecuadas para esa peligrosa parte inferior de la anatomía. Combinadas con Snorkel (aquí “coreana”) con capucha, cisne y chapas ya entraba uno de lleno en el 80’s janglo-indie semi-modernista, que es perfectamente plausible y loable y un lógico apeadero estético para los de nuestra particular persuasión.

7) Negros, de traje: De nuevo, hechos a medida en R. Ferran hacia 1987. Eran una monada, pero aquí al menda se le fue la mano con la estrechura, y al cabo de dos chuchos de crema ya parecían mallas de soldado medieval, o unos Spandex metaleros, y no sé yo decirles qué es peor (lo segundo, claramente). Una de las prendas de ropa de menor vida de mi vida: ni dos meses. A partir del segundo mes ya me configuraban patas posteriores de cucharacha, un look nada deseable para ninguna meta bípeda o humana, especialmente la conquista amatoria.

8) Pantalones de Cuero: Es broma, obviamente. Los leather pants sólo se disculpan en Julian Cope, Jordi Valls (y todo Psychic TV), Jesus & Mary Chain y Bobbie Gillespie. Y Mick Farren. Quitando a estos prohombres, no le quedan bien a nadie, y huelen a sillón de abogado 70’s de los que le dejan a uno la próstata calcinada. Y el sudor… No queremos ni imaginar el estado en que deben quedar esas ingles ardientes en primavera.

Kiko Amat

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