Entradas con la etiqueta ‘The Claim’
Lista del mes (mayo 2013): 10 nuevas entradas
Simplemente: los últimos diez discos que han entrado en mi casa.
1) PJ Proby Enigma (Liberty 1967): No lo compré por los estándares de soul que revisita, que en el fondo no dejan de ser la vieja canción de siempre (si escucho “Reach out I’ll be there” una sola vez más le muerdo el ojo a alguien), sino por su tremendísima versión del “I can’t make it alone” de Goffin/King. Una canción tan profunda, tan deep soul, que le llega a uno al hueso. A mí esta canción me deja espiritualmente en pelota picada: hervido, sin dermis, al descubierto, sin escudos. Es una gran petición de ayuda para los que siempre hemos sido incapaces de pedirla. Y está llena de parones dramáticos, cargados de significado y sentimiento, que aún le suman más pathos al asunto. Proby, además (como tal vez sepan), es el protagonista oculto del I’m still the greatest says Johnny Angelo de Nik Cohn, uno de los libros emblemáticos de esta bendita casa.
2) Marcos Valle Marcos Valle (Odeon 1970, Light In The Attic 2013): Me gusta toda la carrera de Marcos Valle, desde sus primerísimas canciones de bossa convencional a sus discos extraños de mediados de los setenta (un favorito personal: Previsao do tempo, de 1973). Este es uno de los pocos que me faltaban, recién reeditado por los chicos de Light In The Attic (responsables de muchas otras reediciones de calado, como las de Judee Sill). Un álbum epicúreo y lúdico, lleno de guitarras con fuzz, 60’s pop americano, ritmos relajados y letras entrañables como la de “Quarentao simpatico” (Cuarentón amigable, que no sé muy bien si merezco suscribir). Oh: y revisita su super-clásico “Os grilos” (también conocida como “Crickets sing for Ana Maria”) practicándole una operación de bossa (extirpándole la bossa, vamos). La portada me chifla, sépanlo.
3) The Tweeds Music for car radios (Eat Records 1981): El HIT del mes de Bendito Atraso es “We ran ourselves”. Buscábamos el sensacional “I need that record”, que es su cripto-hit clásico de powerpop-mod-Who americano (pueden encontrarlo, por cierto, en la reciente recopilación de Numero Group Buttons) y creíamos que esto iba a ser un decepcionante segundo plato. Ah, amigo. Nos esperaba una de esas sorpresas que solo acontecen una vez cada década. “We ran ourselves” es una mezcla del “Play the breaks” de Plimsouls, el “Neverland” de DB’s y el “Just a touch” de R.E.M. Es ese tipo de canción. Un himno juvenil para dar brincos y sentirse adolescente otra vez. Para hacer novillos y recordar los flechazos de BUP y el alud de batallitas. No la busquen en internet, porque no está* (chincha y rabia, downloaders). La única forma de escucharla es venir a mi casa. O apalancarse en el rellano, pues al volumen que la pongo se escucha desde el entresuelo, se lo garantizo.
4) Los Canguros Un salto adelante (1986-1990) (BCore 2013): Vayan a Disco del Mes, me hacen el favor.
5) The Softies The softies (Slumberland, 1996): Ya está. Ya tengo toda la discografía de las Softies. El duo Jennifer Sbragia y Rose Melberg compiten por ser la banda que MÁS MELANCÓLICO me pone del mundo entero. A lo largo de los noventa puse sus dos álbumes, It’s love y Winter pageant, sin descanso en mi tocadiscos, con preferencia por los días grises y tristes y lluviosos del mes. Las Softies me ponen tan autoconmiserativo y flagelante que su escucha casi se podría calificar de placer culpable (si no fuera porque también existe un factor curativo en sus composiciones); o directamente de masoquismo. Cuando las escucho pienso en dos cosas: domingos mojados ingleses y el periplo nocturno a la fábrica de la SEAT, 1996. Duele pero duele bueno, que diría Susan Cadogan. Esto es un 10”, el formato más irritante y estúpido que existe, pero qué le vamos a hacer.
6) Natural Four Natural four (Curtom/Buddah 1974): Uno de mis conjuntos favoritos de 70’s soul, en el sello de Curtis Mayfield y luciendo unos trajezuquis elásticos de quitar el hipo (por el susto). Trajes que, por cierto, el bueno de Edwyn Collins cortapegaría en su maxi The magic piper, sustituyendo las caras del cuarteto por la suya en un alarde de sofisticación pre-Photoshop. Este es su primer álbum, y está lleno de grandes canciones de soul elegante y violinesco, la mayoría obra de ese otro gran hombre, Leroy Hutson. Produce el álbum un tal R. Tufo, detalle que pongo en su conocimiento únicamente porque me divierte su apellido. Soy así de simplón, ya lo saben.
7) The Claim Boomy tella (Esurient 1988): Les he hablado mucho ya de The Claim, uno de mis grupos favoritos de los ochenta, sección filomod inglesa. Sin ir más lejos en la reseña de su excepcional recopilación para Rev-Ola, Black Path. En breve publicaremos una kilométrica entrevista en exclusiva con David Arnold, su guitarra, pero mientras tanto déjenme anunciar que al fin me hice con una copia de este, su segundo álbum. Tiene lo mejor de la primera Creation, The Jasmine Minks (primos hermanos), modismo latente, pasión por el pop clásico inglés escuela Jam-Kinks-Who, letras kitchen sink y un montón de melancolía morriseyana. Todo lo que nos gusta, en resumen, concentrado en un solo grupo. Y no se lo van a creer: este no me lo compré, sino que me lo dio un amigo a quien no le gustaba. Cosa que lamento y celebro a la vez, por razones asquerosamente obvias. Incluye un par de mis favoritas del grupo: “Christopher” y “Not so simple Sharon says” (titulazo).
8) El Último de la Fila A veces se enciende (PDI 1988): Un capricho, a decir verdad, pues ya tenía las dos canciones en el álbum Como la cabeza al sombrero y no necesitaba para nada la atroz versión de 6 minutos que aparece aquí. Pero soy un sentimental, además de –no haría falta decirlo- un repugnante collector (y me gusta la portada, qué narices le voy a hacer).”A veces se enciende”, al igual que “Ya no danzo al son de los tambores” (titulazo), me transportan de un puntapié a mis dieciocho años de nuevo, en un muelle de Cartagena, enamoraíto de la vida a pesar de las cornás. La producción superproducida 80’s es como para salir huyendo y nunca parar (hacen que Steely Dan parezca un grupo de squatters grabando en un orinal), pero “El Último” siempre serán una terrible debilidad contra la que me quedo sin defensas. Me da igual que me chillen.
9) Chris Stamey It’s alright (A&M 1987): Otro crimen de producción, o cómo los 80’s a veces defecaron en la boca del pop lindo. A Stamey ya le conocen: era el lado más pop y melódico de The DB’s, un hecho que puede probarse sobradamente escuchando los discos que sacaron una vez el amigo se largó (el inmundito The sound of music, sin ir más lejos, con aquella portada terrible y sonido rockero). It’s alright, sin embargo, está lleno de proto-hits destrozados por estudios glaciales y productores chiflados. “Incredible happiness”, uno de los obvios puntos álgidos del álbum, lleva una batería trituradora que escandalizaría a los mismísimos INXS y hubiesen rechazado Roxette entre muecas de desagrado (por excesiva). En resumen: este es un disco bonito grabado merdosamente, y su disfrute exige un extenuante esfuerzo de generosidad. No sé si podré escucharlo mucho más, porque esa batería me tiene frito, se lo juro.
10) Bill Withers Making music (Columbia 1975): No es su mejor álbum, pero da lo mismo. Withers me gustaría incluso con una gralla incrustada en el culo y soplando por el trasero los grandes éxitos de The Cranberries. En Making music hay demasiado funk y un par de baladas sacarinosas, pero ¿saben qué? Me aguanto. “I wish you well” es un temazo, por ejemplo. Y nadie escribe mejores cantos al optimismo y a ser mejor persona y gracias a la vida que me ha dado tanto que mi ídolo Bill: “The best you can” es algo majestuoso y le-silbo-a-la-mañana-y-bendigo-mi-suerte a la altura del “Lovely day” (y eso es decir mucho; himno de Bendito Atraso). Y, por supuesto, está su voz. Esa voz curativa, tan humana y terapéutica. Gracias a Dios que existe Bill Withers. Gracias a Dios que existen todos estos discos.
(*) Aparentemente, sí lo está. Varios lectores lo han puesto en nuestro conocimiento con el único propósito de Humillar al Ludita.


