Kiko Amat: Vuelo 514 a Tenerife
Ha llegado, ese escritor santboiano (lejanoooo), ha llegado, a la tierra más soleada (quemadaaaaa).
Esto era mi versión del “Operación sol” de Los De La Torre, que llevo berreando en la ducha desde el día en que fui invitado a firmar libros a Santa Cruz de Tenerife. Como lo oyen: su escritor de proximidad predilecto, jugándose el físico por sus lectores hasta el fin del mundo y más allá.
Kiko Amat estará firmando en chocantes shorts, luciendo cuadríceps de imposible palidez, el día 13 de junio en la Librería El Paso (Calle San Clemente, 10, Santa Cruz de Tenerife) de 12-14h y de 19-21h. También, si antes no le han corrido a sombrillazos de la isla, estará dando una charla sobre Él, Él y Él (y todos sus escritores favoritos) en La Mutua de Accidentes de Canarias (MAC, Calle Robayna, 2, Santa Cruz de Tenerife) de 17-18:30h.
No esperamos que se acerquen al Trópico de Cáncer a escucharle hablar. Sería demasiado pedir, incluso a fans tan fieles como ustedes. Pero si han tenido de la suerte de nacer en el archipiélago Canario, vengan. Al pequeño majara le hará ilusión.
Miqui Otero: Jo, qué noche
Como en aquel álbum de Elvis, Miles de lectores del Rockdelux no pueden estar equivocados. Escogido Libro del Año 2012 de esta revista, La Cápsula del tiempo (Blackie Books) es una poliédrica narración de sucedió-una-noche plasmada en estilo Escoge Tu Propia Aventura, con decenas de desenlaces, personajes e historias. Es como su disco experimental, pero experimental del bueno, lúdico, con pasión y comicidad y emoción y mucha hipocondría y terror al futuro y citas de cosas. Es puro Miqui Otero, y escribirlo casi acaba con su salud mental.
Al contrario que el coronel Hannibal Smith de El Equipo A, me encanta que los planes salgan mal. Los planes que tengo yo para con la faena de otra gente, se entiende. El escritor barcelonés Miqui Otero me ha jorobado uno de esos planes –el que yo tramaba, como un villano perverso, para su obra- y, tras pasar unas cuantas semanas gestionando la idea, regurgitándola varias veces, me doy cuenta ahora de que ha sido para bien. Otero, en efecto, me ha entregado el típico trabajo chocante; el disco raro de tu músico pop favorito, el maxi house que no contemplabas para aquel grupo indie. Y (post-digestión) te das cuenta de que no había otra forma, que tenía que ser así, y que (de hecho) si llega a entregarte el libro que tú querías, le habrías llamado Gran Gallinita Mojada.
Otero debutó hace cuatro años con Hilo Musical (Alpha Decay, 2009), una novela semi- vivencial, emocional, llena de melancolía y mentores, plagada de aventuras urbanas y perdedores magníficos en un parque de atracciones. Un libro, además, formal y figurativo, sin trampa ni cartón. Algunos vimos madera allí. Pues bien: Otero agarró esa madera y, en lugar de ensamblar los tablones pulidos y rectilíneos y (sobre todo) cortos en la cómoda estilo Fante que le habíamos encargado para su segunda obra, nos montó un demencial laberinto de setenta metros de altura, con helipuerto y lago artificial, 500 puertas y 43 bidés, discoteca ye-yé y bodega con ping-pong. Y luego lo pintó de op-art violeta y lo llamó La cápsula del tiempo (Blackie Books, 2012) y lo descubrimos una mañana allí, en nuestro patio, y algo en nuestros calzoncillos hizo plof.
Mi reacción primigenia fue la de cualquier vecino a quien le joroban las vistas al mar: quita este mamotreto de mi jardín antes de que le meta fuego. Pero luego, con los días, lo fui mirando y leyendo, comprobando la solidez de las puertas, entrando y saliendo de las estancias, y no sé cuánto más puedo sostener esta metáfora arquitectónica. No importa. Lo que importa es que Otero ha triturado expectativas de uno y de otro lado y nos ha entregado un Escoge Tu Propia Aventura para adultos, una locura de libro lleno de historias, leyendas e impulsos, donde todo debe decidirse a lo largo de una noche de reyes y, peor aún, quien lo decide eres tú. Yo. Everybody. O sea: el lector. Gracias, majo. ¿Quién necesitaba esa responsabilidad?
Entra Otero por la puerta del bar. Gabardina azul con chapa de The Chords atravesada impunemente en la pechera. Curras victorianas y resfriado de tobillos. Cara de despiste, como si se hubiese metido por error en una pollería. Otero tiene nueve años menos que yo. Habla con metáforas y hace alarde de la mezcla de inseguridad-autoconfianza más alterada que he visto nunca. Tiene una bella faccia, bucea en bolsilibros y tararea bugalú, lleva gafas de pasta y no es un tipo enfadable. Se sienta y pedimos pacharán. Siempre cuenta sus planes, siempre lo cuenta todo, así que sonsacarle cosas se intuye chupado. Veremos.
La cápsula del tiempo nació como un encargo de Blackie Books. ¿Hasta qué punto eso te asustó, o dudaste en aceptar?
Todo depende de la vanidad que uno tenga. Debuté con una novela que era todo lo que quería decir entonces, y que aún me parece válida. Si yo hubiese considerado que mi obra sería recopilada de aquí cincuenta años con lomos dorados mediría mucho mi “segundo disco”. Pero la idea nació como una apuesta que hice mía; si la hubiese tomado como un encargo nunca la habría publicado. Me pareció que continuaba la idea de Hilo Musical, que de hecho empezaba con una mención a Escoge tu propia Aventura, y en cierto modo era un libro que podía continuar en este: un personaje perdido (como el protagonista de Hilo Musical) que tiene que resolver una aventura en una sola noche. Cuando me lo propusieron pensé de inmediato que el protagonista tendría mi edad, los miedos que tienen mis amigos, y que finalmente lo sentiría muy mío: hace reír, tiene personajes muy atractivos e ideas que me gustan mucho. Me da igual si la posteridad no lo considera “La segunda novela de”. No me tomo tan en serio.
¿Qué ha cambiado del Hilo Musical a La Cápsula del tiempo?
Dejando de lado algunos fragmentos de la cápsula, donde el estilo adoptado es paródico o pomposo porque lo requiere el narrador, los dos libros se parecen en lo básico: muchas imágenes (para mí soltar imágenes es como un problema de pérdida de orina) que intentan ser cómicas pero con desenlaces tristes, cosas así. He aprendido a precipitar acciones, a provocar que pasen cosas. Hilo musical era muy estática, no pasaba casi nada hasta la revuelta final, y si algo he aprendido en La Cápsula… es que avancen las historias de manera natural. En el futuro explicaré cosas muy parecidas pero me parecerá más fácil desarrollar tramas y lo pasaré mejor. Con La cápsula… sufrí mucho porque en ocasiones se me pasaba por la cabeza que estaba tejiendo miles de lazos para algo que en el fondo no valía la pena. Así que tuve que leer cada pedazo independiente, cogí los personajes y los analicé uno a uno (el rumano, los amigos que no consumen, la Chica de Anoche…) para ver si serían secundarios dignos de una novela lineal, si decían cosas interesantes.
Tienes razón en lo de la compulsión de imágenes. A veces parece que no tengas peaje cerebro-boca-dedos.
(Risas) ¿Qué prefieres, no tener nada de pelo o tener muchísimo? Prefiero tener este arsenal e irlo destilando, y sin renunciar a momentos chisporroteantes creo que en el futuro escribiré más reposado, menos explosivo. Pero prefiero tener a mano todo esto a que me suceda todo lo contrario. A veces lees a alguien y la excusa es que ha tenido al editor de Carver, cuando en realidad es que algunos escritores carecen de imaginación para crear cualquier tipo de metáfora que te rompa el cerebro. Es mejor tener la habilidad y aprender a controlarla, como en la escuela de La Patrulla X.
¿Te asusta que se considere a este segundo libro como un paso a una mayor complejidad argumental y estilística? Yo lo veo enrevesado pero lúdico, nada pomposo.
Es lúdico y es natural. Entre mis amigos lo de dudar de cada paso es algo innato, el hablar de si pueden decidir su futuro o ya es imposible, la coartada de no salir del sofá para no consumir… En aquel momento hacer un libro basado en decisiones en apariencia chorras pero que te llevaran a lugares muy distintos me parecía interesante para contar cosas. En él coexisten muchos géneros (picaresco, detectivesco, futurista, superheroico, de sitcom, cómico). Me he divertido siendo un poco como Animal Man, el superhéroe ese que tiene un poder u otro según a qué animal se arrime. En este caso, conservando un estilo que siempre quiero que sea chispeante, tirando con unos códigos o otros. Puedo intentar explicar, como he hecho, mis miedos, hipocondrías y alegrías, pero jamás quiero perder el enfoque lúdico que aquí he llevado hasta las últimas consecuencias. Y lo he hecho sin pensar en el qué dirán, o en si dirán que es posmoderno, lo he hecho en mi habitación, desquiciándome y divirtiéndome, sin pensar en qué esperaba allá fuera.
Algunas historias, como la del gallego que se larga del pueblo y sin querer termina en New York, me las habías contado como parte de una novela futura. ¿No te asusta haberla usado en La capsula del tiempo y que pase desapercibida entre todas las demás?
Bueno, yo veo esto como un mapa. No creo que las haya desperdiciado. Esto es mío, y si de aquí quiero agarrar una historia y hacerla grande, puedo hacerlo. Por añadidura, no creo que yo sea el tipo de escritor que hace una novela que va sobre ese gallego de los años treinta en Nueva York, porque no tiene nada que ver conmigo. Yo lo utilizo como un secundario más que arroja luz sobre el protagonista, que sí es un tipo parecido a mí. Será como el Capitán Nemo de las novelas: ahora entra, ahora sale, ahora aparece en otra. Siempre pondré a la figura de un mentor que explica historias y a mí se me ponen los ojos como platos, es algo que quiero escuchar siempre, son las historias luminosas que tú no has vivido y las nostalgias que no has grabado. Son las más atractivas, porque no las puedes contrastar.
Sí, pero en una novela lineal se parte de que el lector leerá todo lo que escribes. En La cápsula del tiempo es lo contrario. El lector que lo lea todo será una rareza, porque la forma del libro exige que escojas unos desenlaces por encima de otros.
Si, es algo que hace sufrir, yo al principio deseaba tener todos los números de teléfono de todos los lectores para fiscalizar su lectura y que llenaran una ficha, para poder guiar lo que leían. Pero eso también puede tomarse al revés: es un libro que puedes retomar, volver a abrir cada cierto tiempo y encontrar algo que no esperabas. En una época como la nuestra en que todo tiene que enseñarse y todo ha de tener feedback, esta es una apuesta de paciencia y de intimidad con el lector, y de no ponérselo todo muy fácil. Eso me parece muy especial. El misterio de encontrar o no un desenlace. Tiene un punto lúdico del que no quiero prescindir: la gente juega con el libro, se pelea con él, se siente tan perdida como el protagonista, se siente frustrada y premiada y divertida. Y hay una serie de elementos que no podría permitirme en ninguna otra novela: saltos del tiempo, cosas así, que no saturan porque se leen de manera fraccionada y un lector leerá algo que no leerá el siguiente, de modo que no termina en pastiche. Hay muchas novelas en una. Los problemas de unidad temporal acaban jugando a tu favor, porque puedes llegar al mismo desenlace siendo dos personas completamente distintas.
5 Inspiraciones (por Miqui Otero, de su puño y letra)
1) Las historias pizpiretas, sin raccord, coheteras, inverosímiles pero reales, y con una moral propia, de antihéroes dandis como Rocambole y Arsene Lupin. El folletín y el pulp, la escritura desacomplejada y no resabiada.
2) Las animaladas a pie de calle de Chester Himes y los detectives arruinados del Babilonia de Brautigan o El misterio de la cripta embrujada, de Mendoza. Incluso el Jonathan Ames de Bored to Death.
3) Los viajes al pasado y al futuro de Un yanqui en la corte del Rey Arturo, de Mark Twain, pero también la distopía de El talón de hierro de Jack London. Y la canción “Los marcianos llegaron ya”, de la Orquesta Aragón (nos invaden para enseñarnos a bailar el chachachá).
4) La obra de teatro de los falsos policías (Las fuerzas del desorden) está inspirada en El hombre que fue jueves, de Chesterton. Y todo sucede en una noche, como en Luces de bohemia pero también como en Jo, qué noche.
5) El libro negro de los 13 instantes estrellados de la humanidad es un elogio de la conspiranoia y las versiones no oficiales, pero también una especie de spoof o parodia del Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig. Todos, incluso los personajes célebres de nuestra historia oficial, cometemos pifias similares. Es un consuelo como saber que nos vamos a morir, pero que al menos no seremos los únicos.
Algunos Extras de la entrevista, exclusiva de Bendito Atraso:
En cuanto a las decisiones a tomar en el libro: yo intenté ser sincero (es decir: actuar exactamente como actuaría en la vida real) y terminé pésimo. En la primera lectura, a los cinco minutos ya me habían echado del libro. La segunda duré una poco más, pero no mucho. Hacia la novena decidí hacer ver que era un fulano aventurero y farrero a matar. Entonces empezaron a salirle bien las cosas a mi super-Yo.
(Risas) Pero al leer novela normal también sucede así. Es ser lo que quieres ser. No quiero ser realista. Lo que nos envuelve es tan feo que quiero potenciar las cosas mágicas y fantasiosas de la realidad. En el libro, cuando el personaje me cae mejor es cuando es aventurero y Rocambole y termina robando un anillo millonario y conduciendo una carroza de reyes por las curvas del Garraf. En ese momento es mi mejor amigo, pero no porque yo sea así, sino porque así me gustaría que terminaran las cosas. Es un libro muy inocente y muy naïf. Incluso en los finales sin gran premio hay pequeñas consolaciones. Si has terminado con la Chica de Anoche al menos sabes que has obrado bien, aunque sea una ceniza, y hay un pequeño brindis final y así es la vida; tampoco te dan putas medallas por cada buena acción. Tampoco es un libro de autoayuda. Es un libro de relatos cruzados que pasan en una ciudad, no es un libro escrito por un japonés new age, “Conózcase a usted mismo”. Es un Yo camuflado con miedos que yo tengo y que hace cosas que me gustaría hacer a mí y no hago. Lo que no hay es moralina.
Bueno, moralina tal vez no, pero al lector le das leña. Lo digo por experiencia, que fui abroncado varias veces. Me sentí muy viejo y cansado. Todo el rato quería irme a casa.
Pilla el aburrido, pero también pilla el malo. No sé, ¡es la noche de reyes y has hecho una promesa! Te estoy dando mil opciones para tomar las riendas de tu vida. No puedes dejarlas pasar así como así.
Siempre cuentas tus proyectos para autoconvencerte de que los puedes terminar, como un boxeador hablando consigo mismo. Cuéntame la próxima.
Eso lo hacía sobre todo antes, que tenía que escribir como en una partida de ajedrez con temporizador, de diez minutos en diez minutos y a ganarle al IBM. Ahora puedo escribir con más calma. Pero puedo decirte que…
(Otero me cuenta todo el argumento de su siguiente novela, con enorme detalle y casi con índice y dedicatorias. Pedimos otra consumición).
(Artículo publicado originalmente en la revista Rockdelux #317 de mayo del 2013. Las preguntas extra son una gentileza de Bendito Atraso. La foto principal del artículo nos encanta por los cuellarros Amaya que maneja nuestro socio. Otero estará firmando en la Feria del Libro de Madrid el fin de semana del 7-9 de junio; busquen sus horarios aquí)
¡Pelea! On the road: el show se acerca a usted
Después del éxito apabullante y flamígero de la charla/stand up de Kiko Amat ¡Pelea! Espectador de los puñetazos; viñetas de violencia 1985-2013 en el Ateneu Roig de Gràcia el pasado 30 de mayo, hemos decidido lanzar al show a surcar los siete mares. Sí, nos proponemos llevar esta histérica y tronchante selección de batallas adolescentes a ver mundo. Y cuando decimos mundo estamos incluyendo allí el extrarradio de Barcelona, aunque a veces parezca el Hades, allá donde moran los muertos.
Es decir: que ¡Pelea! estará disponible para ser representado en su pueblo o ciudad, si usted así lo desea. Haga el favor de contactar con Bendito Atraso y, por el precio de un chusco-pan y un trayecto en tractor (we’re not in this for the money), vea como el show llega a su bar o ateneo favorito en un decir ¡pelea!
Esperamos sus propuestas, invitaciones y (quizás) amenazas (¡No traigas tus locuras a nuestra tranquila comunidad pesquera, hijo de hiena!)
Disciplina (psicodélica) inglesa: una entrevista con Robyn Hitchcock
Entrevisté a Robyn Hitchcock por primera vez hace la friolera de nueve años, para GoMag, cuando recién lanzaba su Spooked (Liliput, 2004). Me inspiró hablar con él. Hitchcock no solo es un espectacular compositor de música pop (con The Soft Boys, The Egyptians o solo), sino un gran teórico de su disciplina y un perfecto conversador. Su mente, siempre en formato metáfora/comparación, nunca deja de lanzar paladeables conceptos que invitan a la reflexión, y a pensar en pop (y su historia) desde otro ángulo. Este mismo año, Robyn Hitchcock presenta nuevo disco, Love from England (Yep Roc/ Popstock! 2012), y en breve –el 19 de junio- estará en Barcelona tocándolo junto a los Venus 3, con Peter Buck (R.E.M.) de insospechado telonero. Esas dos excusazas nos van de perillas aquí, en Bendito Atraso, para volver a llamar por teléfono Chez Hitchcock y mantener una agradable y, de nuevo, inspiradora, plática sobre los sixties, Jimi Hendrix tocando la gaita, el punk, Julian Cope, las canciones con nombres propios y las definiciones de psicodelia. Como es costumbre en esta casa, hablamos de todo menos de su último trabajo. Nuestras entrevistas son así, qué rayos quieren que les diga.
Kevin Rowland acostumbraba a hacer canciones con títulos como “The teams that meet in caffs” o “Until I believe in my soul”; ahora titula sus canciones “Lost” y “Me”. Edwyn Collins cantaba sobre “Salmon fishing in New York” o “Three cheers for our side” y ahora confiesa estar “Bored”. Y no hace falta que te recuerde qué títulos ponías tú en The Soft Boys o en solitario, mientras que en tu último disco cantas, prosaicamente, “I love you”.
Si lo que quieres decir es que la gente se hace más aburrida cuando se hace mayor, tienes toda la razón. El motivo, creo yo, es que el tiempo viaja a una mayor distancia pero la gente se va haciendo más y más estrecha. Tu visión del mundo, a la vez, se vuelve más angosta, porque existe una brecha menor entre el mundo y el individuo. Qué le vamos hacer, tampoco me importa mucho; creo que me estoy preparando para formar parte de la misma “sopa de pescado” (en español en el original). Uau: realmente ya no pongo títulos interesantes, ¡es verdad!. Bueno, creo que a Dylan también le pasó, a partir de un punto incluso le dio pereza poner buenos títulos a sus composiciones. Es un poco deprimente. Somos una pandilla de artistas muermo. Lennon, Barrett y George Harrison también fueron calmándose con los años, según iban adquiriendo una mayor comprensión de lo que es la vida.
¿No estás hasta el moño de que te llamen “psicodélico”? Así como a Luke Haines siempre le incrustan la palabra “misántropo” en las críticas, a ti te toca siempre ser el “psicodélico”. Debe resultar un poco cansino.
La verdad es que no me importa. Mi voz ya no se parece tanto a la de Syd Barrett como antes. De hecho, si escucho de fondo algún disco mío soy incapaz de reconocerme. El otro día mi mujer estaba viendo un video en la TV, en otra habitación, y yo le grité desde mi despacho: “¡Eh, conozco a este grupo! ¡Suenan como los Beatles!”. Ella me contestó: “¡Pero si eres tú!”. Resultó que era un vídeo mío, imagina el chasco. Veamos: tu Yo de quince años decide cómo será tu Yo de sesenta: tu destino, tu futuro, tu salud… Todo ello se pone en las manos de una versión mucho mayor de ti mismo. Tu vida es como un avión, pero quien lo está pilotando es el modelo teenager de ti. Lo que más me apasionaba de adolescente era la música psicodélica, aunque el tipo de psych que me gusta de veras no es particularmente psicodélico; no expande mentes. Es música pop.
Billy Childish dice que lo que te gusta a los diecisiete es lo que te gustará siempre, una teoría que me chifla repetir. Pareces compartir su opinión.
Sin duda. Está en lo cierto. Por ejemplo, ¿qué te gustaba a ti?
Dexys, Jam, Specials, The Beat y 2-Tone, grupos mod del 65-66, Who, Byrds, The Undertones, garaje rock, ska y reggae, punk, northern soul… Lo mismo que ahora, en efecto; con algunos añadidos.
Los Jam me gustan mucho. Eran mods de segunda generación. Es curioso, porque en aquella época la perspectiva del tiempo era distinta. A los Jam les gustaban grupos del 65, pero parecía como si estuviesen escuchando música de otro siglo. Who y Jam casi pertenecían a una misma generación, pero el lapso de diez años parecía insalvable, como si los mods de los sesenta perteneciesen a otra era. El universo se ha ralentizado, y nadie ha encontrado aún sus bordes. A mí siempre me ha encantado Brian Ferry, aunque por supuesto no me parezco en nada a él. Él siempre va mucho más arreglado que yo. Yo soy el típico inglés: desaliñado y dejado. Brian siempre va impecable, parece italiano, tiene el mismo sentido del estilo que ellos. Cuando yo combino camisas bonitas con pantalones bonitos lo único que consigo es que mágicamente ambos parezcan cochambrosos de repente. Debe ser porque los combino únicamente por su color, porque me gustan los colores, como a un niño pequeño.
Ya que estamos en esa tesitura, define “psicodélico”, por favor. A mí me encanta una definición que usó Julian Cope en su famoso artículo “Tales from the drug attic” para un NME de 1983: la primera vez que oyes hablar de pene y vagina, esa es la primera experiencia psicodélica.
Es un poco todo lo que decía Julian Cope en aquel artículo, olvida la Paz y el Amor, etc. Prefiero lo psicodélico a lo hippy. Lo psicodélico está basado en claridad, definición, concisión. En los 70’s todo el mundo llevaba el pelo muy largo (incluyéndome a mí), y la cosa empezó a volverse vaga, desenfocada, la música perdió disciplina. La gente suele confundirlos, pero la verdadera psicodelia original está basada en la disciplina, ninguna de las canciones del Nuggets superaba los tres minutos. La parte inicial de la filosofía también estaba bien: mayor tolerancia, rechazo de la apatía, derechos civiles, aceptación de la homosexualidad y el feminismo…
De todo el meollo de proto-hippies y freaks, los que más me inspiran son Mick Farren, los Deviants, las comunas ácratas y fornicadoras de Notting Hill…
Toda esa pasión regresó años más tarde, con el punk. Esa es la escena que me formó, y eso se ha filtrado en mis canciones. Dicho esto, rehúso ser el embajador de todo aquello. Los sixties son la ropa que llevo, pero no son necesariamente Yo; no me definen como persona. Mis canciones llevan a la gente al vórtice temporal en que la música pop se transformó en rock. Mi reloj se paró allí.
En un Mojo de no hace mucho declarabas que Jimi Hendrix era un músico de gran talento, pero que había resultado pernicioso para la música; algo con lo que concurro.
Sí, es posible que en general hubiésemos estado mejor sin su influencia, lamento decir. Jimi Hendrix tocaba maravillosamente, pero era un tipo que intentó sacudirse de encima la disciplina. Hubo un momento de los 60’s (a finales de la década) en que la disciplina se convirtió en algo uncool. Por supuesto, si eras alguien brillante antes de tomar drogas cabía la posibilidad de que conservaras algo de esa brillantez tocando bajo la influencia de las drogas, como le sucedía a Hendrix. La gente entendió completamente al revés este concepto, y empezaron a tomar drogas para ser más brillantes a la hora de tocar música, lo que es un sinsentido por definición. Para poder liberar tu mente primero tienes que asegurarte de que posees una mente. Así que la cosa terminó en música que sacudía mentes, pero las mentes sacudidas estaban vacías. Por añadidura, Hendrix y Clapton fueron de los dos primeros guitarristas que empezaron a ser considerados semidioses. Ellos estaban bien, pero de repente empezaron a brotar cientos de imitadores, y todos se admiraban entre ellos y buscaban superar al otro en destreza y técnica. El punk también tenía grandes guitarristas, por cierto, aunque ahora se recuerde a los grupos solo por su ineptitud: Captain Sensible y Mick Jones eran estupendos guitarras solistas, y nuestro Kimberley Rew lo era también. La verdad es que no entiendo esa fijación con la guitarra eléctrica; la mía está bien guardada en el armario, y trato de sacarla de allí lo menos posible. ¿Por qué nuestra generación se obsesionó con la guitarra eléctrica, y no con las gaitas, por ejemplo? Si Hendrix hubiese tocado la gaita al estilo Hendrix hubiésemos disfrutado de maravillosa música drone. El saxo de Coltrane tenía un cierto aire de instrumento icónico, pero ¿la guitarra eléctrica? Ahora tengo sesenta años, y de veras que no entiendo qué tiene de especial la guitarra eléctrica. ¿Por qué tengo varias? El sonido es deslumbrante, pero emocionalmente es muy limitada. Es un instrumento para quinceañeros.
Sin querer ofender, ¿no crees que lo de Hendrix podría aplicarse también a uno de tus héroes, Bob Dylan? En su caso por la “intelectualización” que trajo al pop. El fin del baile. Se acabaron The Ronettes, entra la Alta Cultura y el rock “serio”.
Bueno, ¿cuántos años puedes aguantar en el Jardín del Edén? Adán era sabio y vio que no podía seguir viviendo allí, y por ello mordió la manzana. Dylan es la serpiente que ofreció la manzana a los Beatles. Su signo astrológico es, de hecho, la serpiente. Él inoculó el conocimiento a la década, le ofreció un cerebro. En la época de las Ronettes la vida media de un músico pop eran cinco años, diez como mucho. Sinatra era el único que llevaba cincuenta años en el negocio. Dylan, de repente, extendió ese plazo: podías hacer de la música una carrera longeva. Desde luego, el problema con Dylan fue que resultó ser demasiado influyente: todo el mundo quería sonar como él y decir lo que él decía. Él era la inteligencia de los sixties, pero los trascendió. Hoy en día se ofende si lo relacionan a los sesenta. Dicho todo esto, he de afirmar que sí creo que fue una buena influencia, a fin de cuentas. Sin él, los sesenta serían todo cuerpo pero sin una cabeza encima. A mí me ha tocado ser el que limpia tras los Beatles y Dylan. En el futuro seré solo una nota al pie de sus biografías, alguien que sonaba como ellos. Soy el último huevo incubado en los 60’s. La gente del futuro tomará el Revolver, el Highway 61 y un disco de los Soft Boys y dirán: esto es exactamente lo mismo. Somos como las novelas negras de un estante, agrupados en el mismo sector.
Tu modestia es admirable, Robyn.
No tanto. Algunas de mis canciones son mejores que algunas canciones de los Beatles, no tengo ningún reparo en decirlo. Pero, a la vez, cuando estaban en su mejor momento eran mucho mejores de lo que yo seré nunca.
Me hace gracia el on/off que se aplica a la hora de reivindicarte a ti, y por extensión a los sixties. Has estado de moda y también pasadísimo de moda cuatro o cinco veces en los últimos cuarenta años.
Solo te contestaré una cosa: en Inglaterra decimos que incluso un reloj parado acierta a dar la hora exacta un par de veces al día. Yo soy ese reloj parado. Las modas vienen y van; a veces coinciden conmigo, a veces no. Yo sigo haciendo lo mismo.
La doctrina del Año Cero del punk fue muy injusta con los sixties. Injusta y además deshonesta, si consideramos que Pistols, Clash, Buzzcocks y Damned eran fans de los Who, Small Faces y Pretty Things.
Estoy un poco resentido con todo eso. Era una explicación demasiado simple; a la gente le encantan las cosas simples, las ecuaciones simplistas. De los sesenta todos estos grupos pretendieron tomar exclusivamente a Stooges, Velvet Underground, MC5 y algún otro grupo maldito más. Es una postura absurda y, como dices, falsa.
Pese a ese amor a los 60’s, siempre los has reinventado, nunca te has conformado con ser un mero revival. Creo que eso es parte de tu encanto, y también del de Julian Cope.
Cope es más moderno que yo. Él es más 13th Floor Elevators, menos Dylan y Beatles. Viene de otra escuela: lo suyo es el garaje con cantante mesiánico, a lo Jim Morrison. Un frontman-chamán, como lo serían Rotten, Iggy Pop, incluso los de U2 y Psychedelic Furs. Yo me metí en esto exclusivamente para poder tocar la guitarra. En ese sentido la mía es una escuela distinta.
Te enseño el mío si me enseñas el tuyo: mi canción favorita de The Soft Boys es “Only the Stones Remain”. La idea de que toda la crueldad y sufrimiento se van, y solo quedarán las piedras.
La idea se me ocurrió viendo un prospecto de Stonehenge, y traté de imaginarme viviendo en la fotografía. Es exactamente lo que dices, traté de contagiarme de las vibraciones que habían quedado pegadas a las piedras: pude visualizar cómo hubo gente decapitada aquí, como se enterró a otro en vida… Y sin embargo la vida continuó, llegaron los móviles y los tweets, y ahora estamos en el futuro. Pero seguimos sintiendo el mismo tipo de sensaciones que experimentaban aquellos Homo Sapiens: miedo, afecto, ira… Vivimos en casas construidas por gente muerta. Los que construyeron el escenario donde actuamos ya se han largado. Y cuando el calentamiento global acabe con la civilización, Stonehenge seguirá en pie. Todas esas construcciones megalíticas, todas las diosas de la fertilidad talladas en piedra del neolítico, se construyeron antes de que existiesen civilizaciones en cualquier forma, y sin embargo siguen en pie. Da que pensar.
Les tengo mucho cariño a las canciones pop con nombre propio, en general, y tú tienes unas cuantas. Dedicadas a Ralph, Brenda, Reg, Julia, Harry… Y a Sandra le estaban extirpando el cerebro, por supuesto.
Eso es algo que hago sin pensar demasiado en ello. Nos ponen nombres. Alguna gente se bautiza a sí misma, pero a la mayoría de nosotros nos imponen un nombre sin consultarnos, y con el tiempo nos hacemos a él, y aquella palabra nos define. Los nombres propios en títulos buscan conseguir que la canción parezca más específica, más definida. Más íntima.
Una pregunta que no puedo evitar hacer a escritores y músicos de quien soy fan es la de la primera persona. ¿Cuánto de tus canciones es vivencial?
Muchas de mis canciones obedecen a una voz en mi cabeza, aunque suene a locura. Cuando canto “tú”, lo que realmente quiero decir es “yo”. Estoy hablando conmigo mismo. Digamos que soy un barco, y que la voz de esas canciones es el vigía, mirando al horizonte y luego pegando gritos de “¡Tierra a la vista!” a la tripulación. Tanto vigía como barco son la misma persona: yo. Estoy dividido en dos. Uno tiene una percepción de algo, y ese uno le está dando instrucciones al otro (al que está en la bodega pelando las patatas, por ejemplo), consejos para seguir viviendo. Es algo así.
(Esta es una entrevista exclusiva de Kiko Amat para Bendito Atraso)
El Vermut de Kiko Amat en Gent Normal: #1 El petit de Cal Eril
Hemos empezado una serie de colaboraciones mensuales con los amigos de Gent Normal. Se trata de un vermutazo que nos marcaremos, mes a mes, con artistas que nos conmueven y nos inspiran. El espíritu de estos vermuts-charla se explica en esta pequeña introducción que también publicamos en su página:
“Se trata de charlas de aproximadamente 45 minutos que el autor sostendrá –mientras toma un refrigerio- con autores y músicos de quien es fan. Estas charlas no se centrarán forzosamente en el último trabajo del artista en cuestión, sino que se fomentará la teorización, la pasión, la digresión, la discusión sobre otros artistas admirados y el debate inspirador alrededor de cualquier disciplina y tema que surja a lo largo de la charla. Es posible que también se hurgue en asuntos familiares y personales y de primera persona del entrevistado. Los aspectos técnicos y mecánicos de su obra serán invariablemente obviados en favor de las cosas que sí excitan al entrevistador (y a muchos de ustedes): el impulso, el contexto, la idea pura, el arrebato, el entusiasmo, los héroes comunes y el gozo no negociable. Las charlas serán en castellano o catalán dependiendo del protagonista de cada una de ellas”.
La primera entrevista de la serie es con El Petit de Cal Eril, y pueden leerla entera aquí. En este caso es en catalán.
La siguiente entrega será la escritora Laura Fernández, que acaba de sacar La chica zombie en Seix Barral.
Irme a Madrid
Mañana, desoyendo las súplicas de los cientos de fans que acampan en su rellano desde el 2003, Kiko Amat abandona Barcelona por un día y se va a Madrid, a la feria del libro. El pobre diablo está convencido que va allí a “firmar”, así que hagan el maldito favor de no despertarle de su ensueño.
Estará, apunten, en estas dos casetas del Parque del Retiro:
La Central (caseta 52) de 12 a 14h de la mañana/mediodía.
Machado (caseta 300) de 19 a 21h vespertinas.
Como es tradición, se ruega a sus lectores y seguidores que le traigan las acostumbradas ofrendas. Ya saben: lata de Mahou. Es un tipo sencillo, nacido a la orilla del Llobregat, que no le pide nada más a la vida.
A cambio, el piernas les firmará cariñosamente su cuarta novela, Eres el mejor, Cienfuegos, o la reciente edición en bolsillo de Rompepistas o, qué rayos, cualquier rectángulo con apariencia libresca que pongan debajo de sus narices.
Esperamos verles allí.
Ensalada de links: Marcos Ordóñez, video Primera Persona y Capotiana
Tres enlaces para pasar la mañana en una incesante orgía de absentismo laboral.
1) La segunda crónica del bienamado Marcos Ordóñez, contando su experiencia extracorpórea en el Primera persona 2013. Marcos Ordóñez haría divertida e interesante hasta una transcripción del listín telefónico de L’Hospitalet, así que imaginen de lo que es capaz con algo como lo nuestro.
2) El macanudo videoclip de Primera Persona 2013, prueba irrefutable de que sucedió, que no fue una visión de peyote ni hostias. Todo -grabación, producción, acarreamiento de maquinaria pesada, incorporación de músicas- es obra de nuestra cámara oficial, Ariadna Cebrián, Renaisance Woman extraordinaria.
3) Un cuestionario “Capotiano” que le han hecho a Kiko Amat los amables chicos del blog Alma en las Palabras. Siguen dos páginas de insensatez, burricie y las habituales desnudeces espirituales que ya han aprendido a esperar de su autor predilecto.
Losers corner: una entrevista exclusiva con The Claim, Pt.2
Continúa aquí la sensacional entrevista a David Arnold, de nuestros admirados The Claim, el mejor pop de 1985-89. Bendito Atraso, fiel desenterrador de gemas olvidadas, a su servicio. En esta apasionante segunda parte, el guitarra de la banda habla de The Jasmine Minks y The Dentists en profundidad, de modismo, de mod revival también, de posibles caminos evolutivos, de shows a lo Dexys/TSC y de su inédita versión de un clásico house de Kym Sims. Todo aquí, solo en Bendito Atraso.
Como decíamos, erais similares a The Jasmine Minks, The Dentists, Hurrah!, The June Brides o The Wolfhounds. Especialmente los dos primeros. Háblanos de tu relación con estas dos grandes bandas.
The Dentists eran la banda con la que probablemente teníamos más en común. Eran un fenómeno creciente en Medway hacia 1985 y, probablemente, la mejor banda a partir de 1986. Su primer single y álbum vendieron increíblemente bien, fletaban regularmente un montón de autobuses de fans a Londres y llenaban los clubs más importantes. Nos llevábamos bien y nos encantaba su música, así que tenía sentido acosarlos un poco para que nos llevaran de paseo en sus giras. Nuestro primer concierto en Londres fue teloneando a The Dentists en el Clarendon de Hammersmith, a finales de 1985. Nuestro debut largo Armstrong’s revenge estaba a punto de salir y Andy Kershaw de Radio One, que era fan de los Dentists, mostró interés en nosotros y pinchó nuestro “Mary Stavin” en su programa del jueves por la noche. A principios de 1986 empezó nuestra etapa de borrachera y rock and roll. Hicimos un montón de shows con los Dentists, nos poníamos muy pedo y nos reíamos un montón juntos. Hicimos algunos shows extraños de veras. Uno de ellos fue una fiesta de Navidad para adultos con dificultades de aprendizaje. En otra ocasión, en la Universidad de Guildford, lanzamos el rumor de que Jimmy Page había muerto. Tras unos meses caímos en la cuenta de que nos estábamos convirtiendo en un grupo cómico, y que nuestra música se resentía por ello. Después nos volvimos mucho mejores, pero durante el resto de nuestra carrera continuamos tocando de vez en cuando con The Dentists. Unos chicos encantadores.
Con The Jasmine Minks sucedía una cosa similar: buscamos ser teloneros de una banda cercana. En aquel momento yo estaba totalmente inmerso en lo de Creation. Los Jasmines fueron siempre para mí los mejores de aquella escena; en parte, creo, porque aunque tenían su propio sonido se les notaban evidentes influencias The Jam. Cuando nos conocimos, Adam acababa de irse y Walter Duncan entraba a tocar la guitarra. Hicimos un concierto juntos en el Bay 63 de Ladbroke Grove organizado por Jeff Barret. Hurrah! fueron cabeza de cartel, Jasmines siguientes, entonces nosotros. Por desgracia nuestra camioneta se descuajaringó y llegamos tarde para tocar. Algo después conseguí (a base de labia) un concierto para ambos grupos en el 100 Club de Oxford Street que -a pesar de la poca asistencia- nos proporcionó una de nuestras primeras buenas críticas en Sounds. Terminé tocando la guitarra para The Jasmine Minks durante unos seis meses, después de que Walter se marchase de vuelta a Escocia. Fue muy divertido, pero no podía comprometerme con ellos porque mi corazón y mi alma estaban firmemente sujetas a The Claim. Abandoné los Jasmines en la víspera de su gira con Primal Scream, después de completar la grabación de su Another age. Otro gran problema fue que yo todavía trabajaba a jornada completa. Había utilizado todas mis vacaciones y tuve que simular que estaba enfermo para grabar Boomy Tella. No había manera de mantener mi trabajo y encima cogerme otras dos semanas para ir de gira. Tenía que seguir empleado para pagar las sesiones de grabación del disco.
Creo que (sin contaros a vosotros) el descenso hacia el olvido pop de The Jasmine Minks es la mayor injusticia de los años 80. Tenían fabulosas canciones, artesanía, intensidad, creencia, Bob Stanley los adoraba… ¿Tal vez no llevaban los cortes de pelo adecuados?
Es verdad. Comparto ese sentimiento de injusticia. Según parece hay que tener el aspecto adecuado, así como el sonido adecuado, y ser escuchado por las personas adecuadas en el momento adecuado. Para mí, los Jasmines llegaron a su punto más alto en su mini álbum de debut y con los primeros singles. Empezaban a sonar en la radio, y grabaron un par de Peel Sesions. Pero no era el momento adecuado. La máquina del negocio pop sólo puede alojar uno o dos grandes grupos revolucionarios y, en aquel momento prefirieron el lado sensacionalista de The Jesus and Mary Chain por encima del ordinario pop soul con guitarras de clase obrera escocesa que representaban The Jasmine Minks. Hay que admitir que, si nos fijamos en las fotografías de esas giras de Creation, cuando TJMC eran teloneros y la parte superior la ocupaban los Jasmines, los que sí poseen “el look” son los Mary Chain. Pura mercancía popstar en bruto, estilo 1980’s. Los Jasmines, por el contrario, solo parecen tíos inquietos de barrio. Era parte de su encanto.
¿Sentías que pertenecías del todo a la sensibilidad (y la estética) de la primera Creation, o la absorbiste desde una distancia cautelosa?
Yo quería firmar por Creation, antes de caer bajo el hechizo de Kevin Pearce. En aquel momento parecía probable, era a mediados del 87 y Creation se encontraba en una fase de transición. Hablamos con Alan McGee un par de veces, cuando yo tocaba la guitarra para The Jasmine Minks y The Claim eran los teloneros. Vino a vernos y parecía interesado. Terry Lane nos confesó años más tarde que Alan hablaba de ficharnos. Supongo que si en aquel momento hubiese habido dinero sobre la mesa para hacer un disco decente habríamos ido a por ello.
Había algo mod en vosotros y The Jasmine Minks, suficientemente explicado por Kevin Pearce y Bob Stanley en pasquines y artículos. En cierto modo vuestra perspectiva mod sonaba en los ochenta más mod que la aceptada por el canon. Lo vuestro era más moderno, aventurero y diverso en cuanto a sonido e imagen. ¿Pensaste mucho en esa sensibilidad mod?
Martin y yo éramos mods. Teníamos scooters. Vestíamos de mods e íbamos a noches de northern soul. Eso estuvo en la esencia de The Claim hasta el final. Creo que Martin todavía va en scooter. Sin embargo, como dices, nunca nos quedamos quietos. Siempre absorbíamos otras cosas. Lo que hacía interesantes a The Claim era la mezcla de cosas, y esa mezcla se producía en parte porque David Read no era mod. Siempre fue idiosincrásico y anti-moda, aunque muy elegante. En muchos sentidos era un líder de estilo, tomaba diferentes looks y cortes de pelo y experimentaba con ellos. Al principio llevaba una chaqueta del ejército alemán con el símbolo pacifista del CND pintado en la espalda. Otro día lucía un tupé a lo Morrisey. El siguiente venía de skinhead, con patillas enormes y un traje a medida. Musicalmente también era único. Basta con escuchar su guitarra y voz en “Waiting for Jesus”. Cuando Martin y Adrian Hatcher, nuestro primer bajista, estaban en una banda sin David hacia 1983, era todo mucho más mod / new wave. Cuando David se nos unió en el 84 trajo folk 60s/70s, Frank Sinatra, John Lennon, Stranglers y The Smiths. Además, David era un alma sensible, podía dibujar, pintar y escribir unas letras conmovedoras.
Dicho esto, me encantan Makin’ Time, The Prisoners, The Chords, Purple Hearts y, francamente, el resto de grupos del mod revival. ¿Qué opinabas de ellos?
Me encantaban. Martin, Adrian y yo fuimos a ver a The Chords en la primera época, a finales de 1979, aunque empecé a ser consciente de sus limitaciones y falta de originalidad alrededor de 1981. Y, como he dicho antes, íbamos a ver a The Prisoners continuamente. La primera vez que los vi fue en 1982, en la alldayer 60’s de un club llamado Bogart, en Strood. Probablemente fueran el grupo de esa época que más me gustaba, en el sentido de una gran noche de fiesta y un concierto lleno de energía contagiosa. Recuerdo que me echaron del Hammersmith Palais a raíz de una invasión de escenario de-un-solo-hombre (yo solo, vamos), durante su gira con los Ramones. También vi su último concierto en el 100 Club, en septiembre de 1986. Muy triste.
Vuestros espectáculos con actores y poetas (como aquel “A night of Action” en el Covent Garden) me hacen pensar en la clase de espectáculo de variedades que Dexys acostumbraban a organizar. Muy no-rock, en todos los sentidos.
Los espectáculos de Dexys fueron una influencia, sin duda. Pero un montón de otros grupos decentes de no-rock nos influenciaron en ese sentido. The Style Council hacían algo así, con una obra de teatro y un cómico, al igual que The Dentists, curiosamente, y The Stranglers. La clave para mí era que no lo hacíamos solo para parecer diferentes. Hicimos shows en diferentes salas de tradición ajena al circuito rock, con una obra de Vic Templar y Billy Childish recitando su poesía, porque queríamos liar un evento divertido y ameno. La idea de tocar en la trastienda de un pub, o hacerlo en uno de los muchos clubs de rock sin alma bebiendo en vasos de plástico, era deprimente. Queríamos crear algo que fuese único y especial.
Cuando trato de imaginar vuestra posible evolución -si hubierais permanecido juntos- os veo yendo en una dirección de pop nada clásico. Pienso en Vic Godard, que terminó experimentando con el dub y el hip hop, o The Style Council, cuando se volvieron house en los últimos dos álbumes. En aquel momento dijiste que un posible próximo disco de The Claim sería una mezcla del Face to Face de The Kinks con el Adventures of a Pop Group de TSC.
Éramos muy creativos, incluso hacia el final. Podríamos haber hecho cosas interesantes. La música de baile, o al menos la sensibilidad de garage house en aquel momento, podría haber formado parte de lo que hacíamos. Recuerdo haber ido a clubes y raves y el ambiente, la energía y la música eran un contraste total con lo que estaba sucediendo en la música de guitarras. Empezamos a experimentar con algunas versiones. Queríamos usar la música de baile de la misma forma en que los Who utilizaron Motown. Hicimos la canción de Kym Sims “Too Blind to See it”, y pintaba muy bien en nuestros últimos ensayos. Yo creo que hubiéramos desarrollado esa faceta. Nos encantaban Massive Attack. Por supuesto, en aquel momento las bandas de Manchester estaban empezando a aparecer, y no queríamos que pareciese que nos apuntábamos a la moda. Supongo que esa sensación nos desalentó.
¿Crees que si os hubierais mantenido juntos hasta 1993 vuestra suerte habría sido distinta? No parecíais muy interesados en el juego de la fama. Mencionas en las notas de Black Path que conocisteis a Manic Street Preachers y os asombró lo enterados que estaban de quiénes eran los periodistas influyentes, qué imagen y ángulo adoptar para satisfacerles…
Queríamos tener éxito desesperadamente, pero lo queríamos a nuestra manera, sin humillarnos. La idea de hacer algo con lo que no hubiésemos estado cómodos era aberrante. Creo que si hubiéramos tenido el manager adecuado las cosas podrían haber funcionado. David Read era una estrella natural. Cualquiera que viese a la banda podía darse cuenta de eso.
(Esto ha sido una entrevista exclusiva de Kiko Amat con David Arnold de The Claim para Bendito Atraso. El autor lleva una semana bailando Kym Sims por su culpa)
Singles que olvidé que tenia #3: THE REVS Do the Right Thing
Singles que olvidé que tenía #3:
THE REVS
Do the Right Thing / Stay In Touch / Anna
(Detour, 1993)
He mentido: sí recordaba (remotamente) haber tenido este single. Pero, a decir verdad, estaba convencido de que lo había perdido o regalado o lanzado por la ventana años atrás. Lo que está claro es que no lo escucho desde hace una década, como mínimo. Y no sé por qué (sí lo sé: porque tengo varios miles de ellos colocados de cualquier manera y cubiertos de ponzoña). The Revs eran un trío del Oeste de Londres formado hacia 1988. Sacaron este single el año 1993 en Detour, el sello con el peor control de calidad de la tierra (exceptuando las recopilaciones de Small Hours, Long Tall Shorty, etc. Y un par de singles de los Clique) y esa es la razón por la que uno puede encontrarlos aún en websites mod. Lo cierto es que The Revs no eran muy mods: vestían como teloneros despistados de Elastica (o una segunda encarnación de Ash: chaquetas de cuero con cuellarros, Farahs acampanados, camisetas pop) y escuchaban Dinosaur Jr. por un tubo, dos cosas que son encomiables pero no particularmente modernistas. Y no crean que eso nos importa tres pitos.
Donde sí encajan como un guante nuestros amigos es en la escena pop-punk-HC inglesa de mediados-finales de los 80’s: de MegaCity Four a Senseless Things, pasando por China Drum y deteniéndonos en Snuff, con quienes -pese a las desmesuradas prisas hardcore de los segundos por terminar todos los temas al minuto y poco- compartían interés por la parte nuevaolera (y también scooterizada) de la modidad. ¿Y saben a quién me recuerdan también? A The Dayfriends, de Granada: filo-moddys enamorados de Superchunk y Jawbreaker. En el fondo, lo plausible es que The Revs fuesen ex-mods o scooteristas de barrio, simplemente, y Detour se agarrara al hecho como a un clavo ardiendo. The Revs, no hace falta que se lo diga, fueron ignorados de forma supina por los mods más estirados. Y por los no estirados también. Y por el resto de la raza humana.
Excepto en Bendito Atraso. Aquí aún les recordamos, y en pasadas noches Hungry Beat solíamos pinchar este tema con orgullo y decisión. Los tres cortes son bonitos, pero el hit es sin duda “Do the right thing”, notable cara A a 33rpm. Tiene todos los ingredientes de éxito del hit punk-pop indie: batería en ráfaga, estructura lento-rápido-lento-MUY ALTO, binomio blandura + arrebato, crescendo funde-casquetes polares, estribillo con Du-ru-du-rau, Du-ru-du-rau e interludio Samiam. La receta perfecta para un espléndido caso de piel de gallina en los antebrazos. Y encima es muy larga (es decir, que sale a cuenta la inversión). En Bendito Atraso, ya lo saben, Megacity Four son DIOS, y “Do the right thing” es un tremebundo hit al estilo MC4. Lo disfrutarán también bailadores de los llenapistas españoles más obvios e ubicuos de los noventa, del “Chup chup” al “Qué puedo hacer”, con las Breeders de entremés. Ya saben de qué hablo, y no me hagan ver que no las danzaban en el New York porque no me lo voy a tragar.
Resumiendo: un gran single destinado en quedarse en mi hogar para siempre. Existen de él 1500 copias, solo 100 de las cuales son en vinilo azul; que (ya imaginan) es la edición que poseo. Seguro que lo encuentran tirado en algún badulaque virtual, en cualquier caso, así que debo recomendarles con vehemencia que se hagan con él.
Precio: En el reverso puede distinguirse una etiqueta medio mordisqueada donde aún se leen dos ceros manuscritos. Yo diría que me costó 700 o 800 pesetas de entonces (es decir, bastante; tratándose de un single nuevo).
Procedencia: El desaparecido Smart & Clean de la plaza del Mirinda. Aquel día también me agencié por 1500 pesetas el primer single (bien raro) de The Accidents, uno de mis grupos favoritos del mod revival.
Fecha de adquisición: 1993, exactamente.
Destino: You and me always and forever.
Losers corner: una entrevista exclusiva con The Claim (Pt.1)
En Bendito Atraso hemos hablado hasta la extenuación de The Claim, uno de los grupos más injustamente olvidados de los ochenta. The Claim lo tenían todo: filo-modismo, modernidad, ambición mezclada con principios firmes, tradición Kinks-Who-Jam, atención al detalle local, elegancia y empuje, alboroto pero también melancolía y pesar, espíritu y dialéctica de melodrama kitchen sink, posicionamiento político, tupés + flequillos, baladas y barullo. Podrían haber sido tan grandes como The Housemartins. Merecían haber sido mucho más grandes que Blur. Y pese a que les amaron Bob Stanley, Everett True, Kevin Pearce y otros próceres del periodismo musical inglés, las críticas entusiastas nunca se tradujeron en éxito popular. The Claim corrieron la misma suerte que The Jasmine Minks, The Go-Betweens o The June Brides: olvido con culto entre algunos cientos o miles de fanáticos.
Desde aquí –pobres de nosotros- no podemos “turn back the hands of time”, que diría Tyrone Davis, pero sí podemos reivindicarles, recomendarles, celebrar su pasión y brillo. Y una forma de hacerlo, y hacerlo bien, es entrevistando a uno de sus miembros e ideólogos. Desde aquí, y en dos partes, una charla exclusiva con David Arnold, guitarra de la banda.
Veníais de un pueblo pequeño del sureste inglés, pero -en tus propias palabras- The Claim mirabais “hacia el exterior”. Algunas de las mejores cosas surgen desde ese particular punto de vista: la insularidad mezclada con curiosidad famélica por ver mundo.
Por supuesto. Todo se basaba en la imaginación juvenil. El pueblo en el que crecimos era minúsculo. Cuando íbamos al pueblo más cercano para comprar discos, y más tarde a hacer nuestros primeros conciertos, nos parecía una gran metrópolis. Pero la cultura popular de masas permite imaginar conexiones más grandes. En Chatham o Gravesend en el invierno de 1981, escuchando el Sandinista o discos viejos de blues y soul, imaginábamos lo que debía ser vivir en Nueva York o Chicago. Siempre aspiramos a ser parte de un mundo pop más amplio. En aquel momento, y este fue el más grande de todos los legados del punk, lo hicimos todo por tratar de ser (desde nuestro punto de vista) originales; no sólo copiar y hacer lo obvio. Extrañamente, en una especie de proceso de retroalimentación inversa, después de haber imaginado el gran mundo de allí fuera terminamos sonando más rurales, celebrando lo local, el pueblo pequeño, la villa inglesa. Había algunos personajes reales y peculiaridades de la vida cotidiana que nos rodeaban, y nos pareció que tenían que enchufarse en un universo pop mayor. Darlos a conocer.
También afirmaste que erais “paletos poco articulados”, pero que la música os dio una nueva capacidad de percepción y expresión. Yo vengo también de un pueblo relativamente pequeño y puedo decir que la música pop era la única forma de acceder a belleza en la atmósfera triste, fea y aburrida de mi adolescencia.
Eso es, Kiko. La música sigue siendo mi mayor placer. Cuando está bien hecha es arte puro. Me encanta. La primera vez que lo experimentas, sobre todo cuando no hay otro tipo de arte o belleza a tu alrededor, es algo muy profundo. Por supuesto, esto sucede de distintas maneras. Sí, existe una música especial que conecta contigo emocionalmente, escrita e interpretada por personas que consideran que su música es arte. Pero también está la parte comercial del asunto. Cuando empezamos no éramos particularmente cool. Desde luego no escuchábamos nada tremendamente sofisticado. Pero lo que recibimos de la música que escuchábamos, el golpe emocional y estético de (por ejemplo) “Thick as Thieves”, “Wasteland” o “Baba O’Riley” era, y todavía creo que es, equivalente a lo que uno pueda obtener de una gran obra orquestal, una pintura o una pieza de cine clásico. En aquel momento no existían muchas otras cosas que te proporcionaran algo así, tal vez la ocasional película rara, o el paisaje a través de los pantanos.
Además, en esa situación, el pop es lo único que articula tus pensamientos más profundos, los que aún no has aprendido a ordenar con palabras. Como Irish Jack, un famoso mod original, le gritó a Pete Townshend de The Who después de verles tocar “I Can’t Explain” por primera vez: “¡Habéis articulado algo que sentíamos pero no sabíamos cómo decir!”
Qué casualidad, curiosamente acabo de leer esa cita de Irish Jack en la autobiografía de Pete Townshend, Who I Am. Su noción del manifiesto del Goldhawk Social Club, en el sentido que Townshend se erigió como portavoz de los niños para quien estaba tocando, es muy poderosa. La mejor música permite esa conexión entre artista y público; lo sabes cuando la escuchas. The Who la tuvieron durante un corto periodo. The Jam también. Desde luego, The Claim aspiramos a lograr esa conexión, pero, ya sabes, ¡jugábamos en una liga menor! La época también era diferente. La década de los ochenta, principios de los noventa, fue una época extraña. Mucha música en aquel momento buscaba ser inteligente, auto-referencial y poco dispuesta a comprometerse emocionalmente. Nuestras mejores canciones, como “Bitter Little Pieces” y “Losers Corner” creo que trascendieron todo aquello.
Kevin Pearce fue vuestro mentor. Él ayudó a desarrollar vuestras ideas “en una narrativa”, como tú lo definiste. ¿De qué manera? ¿Era vuestro Pete Meaden[1]?
Kevin suministraba las palabras, la explicación de lo que éramos. Él articuló la historia de quiénes éramos y por qué éramos importantes. No era realmente un Pete Meaden, porque nunca nos quiso convertir en algo que no éramos o obligarnos a hacer cosas que no queríamos, incluso nos forzó a mantener nuestro nombre cuando vacilábamos. Kevin nos dio gran fuerza y aliento, y captó inmediatamente que Dave Read[2] era un artista único. Pearce acababa de publicar la primera edición de su nuevo fanzine The Same Sky cuando nos conocimos. Había escrito anteriormente Hungry Beat, que fue muy importante en los primeros días de Creation Records. De hecho, el primer número de Hungry Beat puede verse en la portada del primer álbum de Biff Bang Pow!. Nos movíamos en círculos similares. Había visto tanto a The Claim como a una brillante banda de Manchester llamada Laugh tocando con sus también favoritos Jasmine Minks, y escribió acerca de las dos bandas de una manera que sugiere que nos tomó en serio: Laugh y The Claim como posibles herederos al trono del pop brillante. Por supuesto, eso nos impresionó. Éramos un grupo minúsculo, tocábamos en lugares pequeños y éramos los habituales teloneros a primera hora de la tarde. Poco después Jim Shepherd, el frontman de Jasmine Minks, me dijo que Kevin iba a comenzar un sello, y unas semanas más tarde estábamos en él. Había algunas cosas que limar antes de nuestro debut. Kevin quería hacer un single y nosotros un álbum. A continuación, el distribuidor se cabreó, en parte por el coste de un álbum y en parte porque el primer lanzamiento de Kevin, Way Ahead de Hurrah! fue, desde el punto de vista del sello de Hurrah!, un pirata. De todos modos, al final lo conseguimos. Estuvo con nosotros hasta el single “Sporting Life”/”Sunday”, tirando de sus propios ahorros para seguir sacando lanzamientos de Esurient. Tras Boomy Tella, nuestro segundo álbum, el fabricante y distribuidor cerraron el grifo. Pese a algunas buenas críticas, y dos o tres apariciones en el programa de John Peel, el disco se vendió mal. Uno de los defectos de la forma en que se distribuían entonces los discos independientes era que las tiendas sólo aceptaban discos que estaban siendo promocionados activamente, lo que nunca podíamos pagar. El resultado fue que nuestro disco llegó a muy pocas tiendas, y no mucha gente pudo comprarlo. Kevin le hizo un corte de mangas a la distribuidora y decidió pasarse al Hazlo Tú Mismo. Nosotros cubríamos los costes de grabación, y Kevin pagaba el prensaje, y empezó a ejecutar una operación de venta por correo desde su dormitorio. Era un purista. Trabajó sin descanso para nosotros, también para Emily y los Hellfire Sermons, pero en última instancia acabó completamente desilusionado con todo el asunto. Quizá buscábamos cosas diferentes. No puedo negar que nosotros queríamos tener éxito.
Creciste con Kinks, Jam, Smiths, Who… ¿Quién más ayudó a dar forma a vuestro sonido y la estructura de vuestras canciones? O, simplemente, ¿de qué grupos eras fanático cuando empezaste con The Claim?
Muchos. Definitivamente hubo diferentes influencias en diferentes etapas de nuestra carrera. Siempre escuchaba a los Beatles, The Jam y The Who. Dave y Martin también. Pero David Bowie también fue importante para nosotros, su material pop de principios de los 70’s. Luego cosas del punk / new wave : The Clash por supuesto, los Sex Pistols, Elvis Costello. Había un montón de cosas interesantes en nuestra zona, cuando empezamos a tocar en los pueblos del Medway, alrededor de 1984: Wipeout, The Prisoners, The Milkshakes… The Dentists fueron importantes a nivel local. Al igual que nosotros empezaron a tomar cosas de la música independiente de la época, incluyendo a los grupos de Creation. Me encantaban Jasmine Minks y Biff Bang Pow! Conviene añadir que también amábamos la música de baile. Mucho soul, R & B, reggae y jazz, y hacia 1990 era imposible no escuchar cosas como Soul II Soul, Massive Attack y Gangstarr.
Mucho se ha escrito sobre la escena y el sonido Medway. Erais muy distintos de Billy Childish, Graham Day y los demás, sobre todo por vuestra sensibilidad pop moderna. Utilizabais los 60’s para construir música de 1987, cosa que ellos no hacían.

A ninguno de ellos le interesaba en absoluto el mundo moderno. Recuerdo que me enfadé bastante en una incursión musical temprana a Chatham. Me encantaban The Prisoners y bebía de cada palabra que soltaba Graham Day. Él no me conocía; yo solo era un joven fan que pululaba por allí y en los conciertos le acosaba un poco. De todos modos, una noche se presentó en un show que dábamos en el bar del sótano del Churchill, en Chatham, a ver a la banda principal (los Daggermen, creo). Después de haber tocado me acerqué y le pregunté qué pensaba de nosotros, esperando sin duda un ofrecimiento para telonearles en ese largamente codiciado concierto en la gran ciudad. El resultado fue que no le gustamos en absoluto. Fue bastante contundente y honesto. Pero lo que me molestó no fue eso, sino el comentario de que sabía que no íbamos a gustarle antes de haber tocado una nota ¡porque teníamos un kit de batería moderna, no un kit vintage de los sesenta!! Bueno, eso endurece tu determinación, la verdad, tu voluntad de hacer lo tuyo. Curiosamente David y Martin terminaron en uno de sus proyectos post-Prisoners (The Gift Horses) y David, de hecho, incluso trabajó con él en el Cuerpo de Bomberos. También es cierto que llegamos a nuestra cima poco después de que se hubiesen separado y la escena Medway ya había evolucionado. The Dentists iban en ascenso en 1986/87, igual que nosotros. También estaban los Men From Memphis, Hyacinth Girls, Three Burning Souls, Apricot Brigade, Envy, Swinging Time y The Love Family, todos ellos sonaban más contemporáneos y en fuerte contraste con las bandas Medway más orientadas hacia los sesenta. Y en 1987 había un gran promotor, Terry Lane, que organizaba conciertos con las grandes bandas independientes del momento, como Wedding Present y My Bloody Valentine.
Supongo que a Billy Childish vuestro amor por The Smiths debía sonarle como la chifladura pecaminosa total.
Es difícil describir lo emocionante que era estar en el vecindario de Billy Childish. Sé que no le gustaba lo que hacíamos musicalmente, pero siempre fue alguien accesible, alentador y preparado para atraer e inspirar a cualquier persona que se tomara el tiempo y la molestia de hablar con él, o al menos desafiarlo a un juego de ajedrez en el Grutts Café de Rochester. Había asimilado la ética punk que pregona que uno debe hacer las cosas por sí mismo, así que todo aquel que tratase de hacer algo creativo, diseñar un cartel, ponerse a tocar o sacar un disco, estaba haciendo algo que valía la pena desde su punto de vista. Era una perspectiva muy democrática. Los conciertos de los Milkshakes tenían ese espíritu, algunos de sus discos también. Había otras conexiones. Trabajé con un gran tipo, Malcolm Polo, que había sido vecino de Billy. Él me obsequiaba con historias sobre Billy haciendo explotar cosas en su jardín trasero. Malcolm había sido marino mercante y había estado con John Lennon en Liverpool y Hamburgo. Era una historia cautivadora y sé que a Billy le encantaba.
Mi único problema con el arquetípico rock’n'roll y garage punk al estilo Headcoats es la falta de melancolía. Necesito ese pop sin armadura, un poco triste y nostálgico a veces, al borde del folk (a lo “English Rose” o “A sense of Belonging”). El punk de Medway tiene toda la crudeza y energía y pasión, sí, pero no buenas baladas.
Estoy de acuerdo. Los Prisoners tenían elementos de melancolía. “Mourn my health” y “Thinking of You”, por ejemplo, y algunas de las canciones del Thewisermiserdemelza. Me hubiera gustado que desarrollaran esa faceta un poco más. La única vez que casi me metí en una pelea con Billy Childish y Mickey Hampshire, por cierto, estaba en el Nag’s Head de Rochester y el motivo fue esa falta de contrastes en su estilo. Creo que Billy hizo alguna broma acerca de mi novia, sobre su pelo o cutis, y yo le respondí que todos sus discos sonaban igual. Lo siguiente que sé es que estábamos fuera a punto de zurrarnos, aunque por fortuna al final prevaleció el sentido común. Pero lo dije en serio. The Milkshakes y los subsiguientes grupos de Billy eran siempre geniales en directo, pero sus discos eran aburridos, y todos sonaban igual.
[1] Mod face original y uno de los fundadores del asunto. Fue manager de The High Numbers, y se le atribuye la responsabilidad de convertir a The Who en el grupo favorito (junto a Small Faces) de los mods de los sesenta.
[2] Vocalista, compositor y frontman de The Claim.
(Esta ha sido la primera parte de una entrevista exclusiva de David Arnold, de The Claim, para Bendito Atraso. La semana que viene publicaremos la segunda parte. Entretanto, les recomendamos que se hagan ya con el imprescindible recopilatorio Black Path; retrospective 1985-1992, que llevamos años festejando)



